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Un maratón solidario
Con
motivo de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática
se han celebrado en la región de Tinduf (Argelia) diversos actos
conmemorativos, entre ellos un maratón al que han concurrido unos
400 corredores y corredoras de numerosos países, principalmente
de España, el Sahara y Estados Unidos, pero también de Italia, Alemania,
Irlanda, Argelia, Argentina, Portugal, etc.
La
carrera tuvo lugar el 26 de febrero, con diversas modalidades: maratón
completo, 1/2 maratón, 10 Km y 5 Km. Los participantes tuvieron
que correr contra el viento y sobre las arenas del desierto la distancia
que separa los campamentos de refugiados de Smara y El Aaiún, que
reciben estos nombres de las correspondientes ciudades saharauis.
La
importancia del evento es grande como lo demuestran el recibimiento
de que fueron objeto y que el propio presidente de la República
acudiera por la tarde a premiar a los vencedores. Pero ¿por qué
todo esto? Hagamos un poco de historia. Los refugiados del ex Sahara
occidental viven desde hace 25 en campamentos situados en Argelia,
cerca de la frontera de su país, ocupado en gran parte por Marruecos
desde finales de 1975, en un proceso iniciado con la "Marcha verde"
y que se prolongó con enfrentamientos violentos, terminando con
el exilio de muchos saharauis (actualmente son 185.000) y la ocupación
del territorio por Marruecos y Mauritania. Posteriormente este último
país abandonaría su parte en el botín.
Por
su lado, Marruecos se dedicó a construir siete muros defensivos
y a reprimir toda protesta de la población saharaui. El maratón,
pues, ha sido una carrera solidaria con el pueblo saharaui y el
Frente Polisario, que mantiene bien alta la moral y reclama una
y otra vez que, en cumplimiento de las resoluciones de las Naciones
Unida, del Tribunal Internacional de justicia y de la OUA, se celebre
un referéndum de autodeterminación, para que la población pueda
decidir democráticamente su destino.
Pero
Marruecos sigue la táctica de dar largas y poner obstáculos a la
celebración del mismo, con objeto de mantener la ocupación de hecho
de la mayor parte del territorio (salvo una zona "liberada") y proseguir
la marroquinización. El reino alahauita considera sin fundamento
que este territorio le pertenece y que los saharauis deben integrarse
en Marruecos. Por ello trata de retrasar el referéndum y de obstaculizarlo
por todos los medios, incluidos miles de recursos contra el censo
oficialmente elaborado por la misión de la ONU.
Si
no hay referéndum, en el mejor de los casos se les concederá la
autonomía dentro del Estado marroquí, una solución que constituiría
una tercera vía, rechazada totalmente por el Frente Polisario.
El
pueblo saharaui sobrevive mientras tanto en pésimas condiciones
en campamentos formados por haimas y pequeñas habitaciones de paredes
de adobe y tejados de zinc. Todo es provisional; no se construye
nada definitivo. No hay calles, ni aceras, ni carreteras, ni agua
corriente, ni alcantarillado, ni alumbrado público; sólo la luz
que procuran las placas fotovoltaicas y el agua - no apta para el
consumo humano - que se almacena en depósitos repartidos por todos
los campamentos. A pesar de todo lo cual reina el orden y están
perfectamente organizados: tienen su gobierno e instituciones, además
de escuelas, dispensarios y un hospital, aunque con muchas deficiencias.
La
visita es sobrecogedora. Asombra que se pueda vivir durante tanto
años en un territorio tan inhóspito, absolutamente desértico, con
un sol abrasador en verano (temperaturas de hasta 50º a la sombra),
frío de noche y el viento siroco que sopla con fuerza con frecuencia.
Se mantienen gracias a la ayuda humanitaria que llega a través de
Naciones Unidas y de numerosos organismos públicos y privados.
Desde
España la ayuda llega por medio de las ONG y las Comunidades Autónomas,
así como de algunos municipios. Sus representantes, así como los
de algunos partidos políticos españoles, han estado presentes en
las celebraciones. Pero falta el apoyo del gobierno, que se limita
a respaldar las resoluciones de la ONU a favor del referéndum, pero
sin presionar a Marruecos, país aliado de occidente. De este modo
se ha consumado una de las mayores injusticias actuales, sin que
la ONU ni ningún Estado miembro muevan un solo dedo para ponerle
fin. Los participantes en el maratón hemos podido comprobar todo
esto. Esperamos que nuestro esfuerzo solidario sirva al menos para
llamar la atención del mundo sobre la terrible situación de los
refugiados. Por su parte, el Frente Polisario sabe muy bien las
dificultades que afronta, pero no quiere rebajar sus pretensiones
y sigue exigiendo la autodeterminación pacíficamente, sin por ello
renuncia totalmente al posible empleo de la fuerza. El día 27 de
febrero se celebraron diversos actos conmemorativos oficiales, iniciados
con una discurso del presidente Abdelazis y un gran desfile militar,
en el que el ejército saharaui hizo ostentación de su fuerza.
Por
la tarde se realizaron desfiles escolares y, por la noche, un gran
festival de música y danza. Los que hemos asistido a estas conmemoraciones
hemos quedado fuertemente impresionados tanto por las duras condiciones
de vida del pueblo como la amabilidad y hospitalidad de las familias
que nos han acogido en sus hogares con los brazos abiertos y que
nos han dado todo lo (poco) que tienen. No importa que se hayan
tenido que superar serias dificultades, ni importa que no se hayan
obtenido buenas marcas, lo fundamental ha sido la convivencia con
los nativos y el alto grado de cordialidad y amistad que ha reinado.
Creo
el objetivo se ha cumplido.
Desde
el Sahara, de todo corazón
©
José Mª Haro Sabater marzo 2001
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Los
participantes, corren por llanura desértica
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A
la espera de su llegada en el punto de meta
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El
autor del relato posa con unos niños saharuis en
el interior de una jaima. Por cierto, que ha venido completamente
satisfecho de la funcionalidad y prestaciones del turbante.
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