Heridas y hemorragias
...Un sangrado debe ponernos siempre en alerta, aunque también es cierto que la sangre es muy escandalosa ...

José-Andrés Miralles
Médico Anestesiólogo-Reanimador

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Herida con pérdida de piel

Las heridas pueden ser incisas, penetrantes o contusas, según hayan sido producidas por un objeto cortante, uno punzante o bien una superficie rugosa o con aristas. Normalmente, en la montaña, las heridas más frecuentes son las que nos producimos al cortarnos manejando una navaja o un machete y las contusas, al caernos sobre un terreno irregular. Las heridas penetrantes son, afortunadamente, muy raras y deben ser siempre examinadas lo antes posible por un médico.

El peligro más inmediato en caso de herida es la hemorragia. Un sangrado debe ponernos siempre en alerta, aunque también es cierto que la sangre es muy escandalosa: basta un pequeño corte en la cabeza para que parezca que el herido se está desangrando irremisiblemente, lo que suele provocar un pánico infundado en la víctima y en quienes la rodean. Las grandes venas y arterias suelen discurrir profundamente y, en una herida más o menos superficial, es muy difícil que se lleguen a lesionar. Normalmente, en una herida corriente, la hemorragia se detiene por sí misma al cabo de unos minutos, sobre todo si efectuamos sobre la herida una ligera compresión con un pañuelo, una toalla, etc., y mantenemos la extremidad afectada a un nivel más alto que el resto del cuerpo, con lo cual en aquel punto la presión arterial será menor y, además, se favorecerá el retorno venoso.

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A veces hay suerte y se encuentra un médico cerca, que puede utilizar "instrumental" no diseñado específicamente para ese fin. En las imágenes (obtenidas por un grupo de finlandeses durante su travesía "Carros de Foc") un cirujano procede a realizar una sutura sirviéndose de la herramineta multiuso "Leatherman".
 

Una herida producida por un objeto cortante que deje de sangrar a los pocos minutos suele curar sin mayores consecuencias si el objeto con que nos la hemos producido estaba más o menos limpio. Para acelerar su cicatrizado podemos unir sus bordes con un pequeño adhesivo. Para ello, los secaremos primero y enseguida, antes de que queden mojados de nuevo por la sangre, los juntarenos y los mantendremos unidos mediante el adhesivo. Una herida extensa precisará de unos puntos de sutura. De todas formas, sobre todo en heridas en las manos, hay que tener en cuenta que el sangrado más o menos abundante puede ser lo menos importante de la lesión: no es infrecuente que haya quedado seccionado algún tendón de los dedos y su sutura inmediata en un centro quirúrgico es de especial importancia para la conservación de la funcionalidad de la mano. En estos casos, pues, debemos intentar flexionar y extender los dedos, viendo que podemos llevar a cabo todos los movimientos habituales.

Punto aparte son las heridas contusas o las producidas por objetos sucios o por mordeduras de animales. Aparte de que todo el mundo debe estar vacunado contra el tétanos y haber recibido las dosis oportunas de recuerdo de esta vacuna, estas heridas, aparte de lavarlas enseguida con agua y jabón, deben dejarse, en principio, sin cerrar, a fin de que queden ventiladas y no proliferen en ellas gérmenes que se desarrollan mejor en condiciones cerradas

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Torniquete

Si el sangrado no se detiene con aquellas primeras maniobras, probablemente se ha seccionado una gran vena o, peor aún, una arteria. En este caso veremos que la sangre, de un rojo vivo, sale a borbotones por el lugar de la herida. Se debe entonces actuar deprisa: si la lesión se ha producido en una extremidad, le pondremos un torniquete en la parte comprendida entre la herida y el tronco de la víctima. Para este torniquete podemos usar cualquier prenda a mano lo suficientemente larga: una bufanda, un pañuelo de cuello, una manga de camisa, que ataremos por sus dos extremos, pondremos alrededor de la extremidad en cuestión en el lugar antedicho y luego "atornillaremos" como se muestra en la foto, utilizando cualquier palo. Podremos mantener este torniquete durante más o menos una hora, tras lo cual habrá que soltarlo durante unos minutos para que la extremidad no sufra un daño irreversible por falta de sangre, haciendo durante este tiempo una fuerte compresión sobre la herida, para evitar de nuevo el sangrado.

Si la herida se ha producido en un lugar en que no es posible aplicar un torniquete, por ejemplo en la ingle o en el cuello, deberemos intentar detenerla aplicando también una enérgica compresión sobre ella mientras trasladamos a la víctima lo antes posible a un centro hospitalario, cosa que naturalmente se debe hacer siempre que se trate de una herida importante.

Puede pasar también que la hemorragia no sea visible al exterior, como sucede a veces en las fracturas de huesos como la tibia o la pelvis. En estos casos, las cortantes aristas del hueso fracturado, al moverse, pueden muy bien perforar las grandes arterias o venas que circulan en su proximidad, sin que se advierta nada más que una progresiva palidez y desfallecimiento de la víctima, cuyo pulso será rápido y débil. El traslado, en estas circunstancias, es también de extrema urgencia, sin que se pueda hacer otra cosa por la víctima que mantenerle las piernas en alto a fin de que parte de la sangre en ellas contenida pase a órganos vitales como corazón y cerebro.

© texto e imagenes Jose Miralles mayo 2003
jose.miralles@phks.fi

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