Fracturas

La mayoría de las fracturas se producen por golpes o caídas, pero también pueden producirse fracturas por sobrecarga, sobre todo cuando se realizan grandes esfuerzos ...


José-Andrés Miralles
Médico Anestesiólogo-Reanimador

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Fractura de tibia.

Las fracturas de los huesos pueden variar desde una simple fisura, apenas perceptible, a una fractura completa, con herida abierta. Lo normal es que la víctima sufra fuerte dolor en la zona de la fractura y que, si ésta se ha producido en una extremidad, sea incapaz de utilizarla: si se ha fracturado la pierna no puede andar en absoluto y si se ha fracturado el brazo no puede hacer nada con el mismo, por más que quisiera. Suele producirse una fuerte hinchazón en el lugar de la fractura y a menudo se aprecia deformidad de la extremidad. Si no hay deformidad pero sospechamos que se ha roto el hueso, podemos hacer una prueba consistente en empujar, una contra otra, las dos partes del hueso que pensamos que se ha fracturado. Por ejemplo, si sospechamos una fractura de antebrazo, tomaremos el brazo herido por su muñeca y la empujaremos hacia el codo: si hay fractura, esta presión producirá dolor, y si no la hay, será soportable.

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Férula improvisada

Lo primero que hay que hacer cuando un hueso está fracturado es inmovilizarlo. De esta manera aliviaremos en gran parte el dolor y evitaremos que las aristas, a veces cortantes, del hueso quebrado, produzcan desgarros en vasos sanguíneos, nervios u otros tejidos blandos como la piel. Si se trata de una extremidad, improvisaremos una férula con unos palos, bastones o cualquier objeto alargado que encontremos. Una bufanda o un cinturón servirán para sujetarlos a ambos lados del miembro lesionado. En caso de fractura de una pierna, si no encontramos nada más con qué fijarla, podemos vendarla con la otra pierna, que servirá entonces de férula para la fracturada. Lo mismo podemos hacer en caso de fracturas de huesos de la mano o del pie: vendaremos el dedo afectado con su adyacente.

Si el hueso roto presenta una acusada deformidad, convendrá enderezarlo con cuidado. Esto, naturalmente, produce fuerte dolor, pero es necesario hacerlo para evitar que se produzcan lesiones nerviosas o circulatorias.

Cuando la arista de un hueso lesiona una vena importante o una arteria puede producirse rápidamente una grave hemorragia, que puede ser apreciada en caso de fractura abierta (con herida) o quedar desapercibida en caso de fractura cerrada (ver "HERIDAS Y HEMORRAGIAS").

La mayoría de las fracturas se producen por golpes o caídas, pero también pueden producirse fracturas por sobrecarga, sobre todo cuando se realizan grandes esfuerzos o, en las extremidades inferiores, cuando se llevan a cabo largas marchas. En este caso pueden fracturase los huesos de la planta del pie.

En los traumatismos torácicos pueden producirse fracturas de una o varias costillas. Las costillas suelen quebrarse como normalmente lo hace una rama verde, o sea que no llegan a separarse los bordes fracturados. Si así ha sido y el número de costillas rotas es pequeño y de un solo lado (1-5), la víctima presentará dolor en el pecho en la zona de fractura, pero podrá respirar mientras no haga grandes esfuerzos. Este dolor es típicamente más acusado al día siguiente del accidente. Sin embargo, si el número de costillas rotas es mayor y, sobre todo, si se han fracturado a ambos lados del tórax, puede producirse lo que se llama "respiración paradójica", en la cual el pecho, en el lugar afectado, en lugar de expanderse en la inspiración, se hunde, pasando al revés en la espiración. Se tratará entonces de una situación grave, que requerirá tratamiento médico inmediato, al igual que cuando los bordes de las costillas rotas queden separados unos de otros: existirá entonces el peligro de que estos bordes, con los movimientos respiratorios, desgarren la pleura y el pulmón, produciéndose un neumotórax, cuadro de extrema gravedad en el cual el paciente presenta grandes dificultades para respirar.

En caso de fractura de cráneo, el accidentado puede quedar consciente o inconsciente. De cualquier forma, debe ser trasladado inmediatamente a un centro sanitario (ver "Pérdida de sentido"). Requiere igualmente tratamiento hospitalario aquella persona que se haya golpeado la cabeza y sangre por la nariz o las orejas, ya que probablemente se ha producido una fractura de base de cráneo.

Siempre que se trate de un traumatismo grave, como en el caso de una caída por un barranco, cabe la posibilidad de que se haya producido una fractura-luxación en la columna vertebral. Si el accidentado está consciente, le pediremos que mueva las cuatro extremidades. Si no le es posible hacerlo, sospecharemos que se ha producido esta lesión, en cuyo caso deberemos trasladarlo procurando en todo momento que no mueva la cabeza con respecto al tronco y que el tronco se mantenga recto, como si fuera una tabla. Evitaremos así que la vértebra luxada produzca mayor lesión en la médula espinal. Para llevar a cabo esta operación se necesitarán varias personas (5 como mínimo), que deberán actuar todas a la vez y siguiendo siempre instrucciones claras y precisas de quien dirija la maniobra. Idénticas precauciones tomaremos en el caso de que el accidentado no haya recuperado la consciencia.

©Jose Miralles mayo 2003
jose.miralles@phks.fi

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