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Cualquiera
puede cometer un error, y en un momento determinado quedar perdido,
o desorientado. La situación es especialmente complicada
si hay niebla o circunstacias metereológicas adversas, en
tal caso debemos evitar las zonas que puedan revestir peligro, y,
si disponemos de telefonía movil, o cualquier otro sistema
de telecomunicación, puede ser conveniente que hagamos saber
nuestra situación e intenciones. Perderse no tiene por qué
constituir un motivo de vergüenza. La precipitación
y la obsesiva busqueda de quien fue la persona que tuvo la culpa,
no suelen ser la mejor ayuda.
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En
caso de niebla, u oscuridad, el viento aun pudiendo cambiar de dirección,
puede servirnos de referencia aunque no sea absolutamente fiable.
Por ejemplo: si estamos caminando por un altiplano y, en
un plazo razonable de tiempo, el viento que nos daba de forma constante
por un lado va pasando a darnos por el opuesto, debemos contemplar
la posibilidad de que estemos dando vueltas.
Con
alguna visibilidad, los cauces de agua también pueden ser
buenos puntos de referencia, y nos marcarán la dirección
en la que se baja de cota, pero caminar muy cerca de ellos puede
ocasionarnos algún problema, especialmente si están
cercados por paredones.
Elementos
no integrantes de la naturaleza (tendidos eléctricos, cortafuegos,
etc. ) pueden ayudarnos a mantener un rumbo. Y los senderos y veredas,
cuando se van agrupando para originar otros más consistentes
y visibles, especialmente si esto ocurre en sentido descendente,
es probable que nos lleven a lugares habitados.
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