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Puntos cardinales / La brújula
La brújula de plataforma transparente, es muy comoda para trabajar sobre planos, aunque sea más imprecisa que otros modelos, que disponen de una alidada, a la hora de determinar rumbos.

 

La brújula es un imán suspendido por su centro de gravedad, que gira horizontalmente con la mayor libertad posible, de modo que adopta una determinada posición en función del campo magnético al que esté sometido. Así el imán, en ausencia de otros campos magnéticos, se orientará según el campo magnético terrestre y nos señalará -aproximadamente- el norte geográfico(*) .

Lo fundamental pues, es el imán (la aguja imantada) y su libertad de movimiento, a esto los diferentes modelos de brújula añaden otros complementos como la graduación del limbo (prácticamente imprescindible) y flechas de dirección u otros sistemas de referencia para determinar los rumbos.

En una brújula Silva usual podemos identificar, además de la aguja: la base (transparente, con escalas en sus bordes, y a veces con una lupa u otros aditamentos), el limbo (la caja circular en la que se aloja la aguja. Es giratorio y está graduado de 0 a 360 grados), la flecha de dirección (dibujada sobre el eje longitudinal de la base, que sirve de referencia para determinar los rumbos) y la flecha norte (dibujada en el interior del limbo, acompañada de otras paralelas norte-sur que junto a ella sirven como referencia de la aguja, las cuadrículas del plano, o en la toma y definición de rumbos).

Para que la aguja señale aproximadamente el norte geografico, cuidad de que la brújula quede horizontal y que no haya perturbaciones (la presencia de determinados metales en su proximidad es una de las más comunes).

 

(*) El desfase entre el polo magnético (sur) y el geográfico (norte) se conoce con el nombre de declinación, en España en 1994 el geográfico se encontraba a 4 grados y 6 minutos al este del magnético, con tendencia a decrecer 9 minutos por año. Esa tendencia no tiene porque haberse mantenido, pero para distancias cortas y en nuestras coordenadas geográficas, podemos obviar el problema de la declinación, o conformarnos con un cálculo aproximado de ella. El asunto sería muy distinto si se tratara de navegación marítima, aérea, o desplazamientos terrestres de gran magnitud.

© andarines octubre 2000

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