|
De
la calle Real al castillo de San José
(trazo azul en el croquis)
|
 |
|
1 Monte
de la Atalaya. 2 Castillo de Galeras, 3 Castillo de San Julián.
4 Arsenal. 5 Calle Real. 6 Plaza de los Héroes de Cavite.
7 Puerto deportivo. Nuevo Museo Naval. Submarino de Peral. 8 Muralla
del Mar. 9 Santa Lucía, puerto pesquero. 10 Plaza de toros-Anfiteatro.
Antiguo hospital naval-Universidad.11 Farola. 12 Castillo de San
José. 13 Molinete. 14 Castillo de los moros. 15 Rambla del
Benipila. 16 Algameca chica.17 Viejo Museo Naval. 18 Búnqueres
de submarinos. 19 Ciudad vieja. 20 Muelle de La Curra. 21 Puerto
mercante
|
|
Para
ver el sitio donde está Cartagena podemos seguir por
la calle Real hasta el puerto y disfrutar un rato de la luz de la
Plaza de los Héroes de Cavite, aquellos pobres, mientras
miramos la bahía, cerrada por los montes de San Julián,
a nuestra izquierda, y de Galeras y La Atalaya, a nuestra derecha,
con un castillo cañonero en su cumbre para defender el puerto,
como casi todos los montes de la costa, estos tres son del siglo
XVIII.
Mejor
dejamos las calles para otros paseos y seguimos andando el puerto,
ahora nos encontramos con el puerto deportivo y el nuevo museo naval
donde antes estaba el puerto mercante, en el fondo de la bahía.
En la entrada del nuevo museo naval acaban de poner el submarino
de Isaac Peral, cartagenero, antes estaba en otro sitio cerquita,
es el prototipo mundial de los sumergibles, el primero que navegó
y volvió a puerto, que no es poco, cuesta creer que lo hiciera,
da pinta de maqueta para un cómic, pero ahí está,
gran ingeniero debió ser este Peral. Mientras andamos vamos
al lado de la Muralla del Mar, defensa de las aguas del siglo XVIII,
antes de que la ciudad le quitara al mar todo lo que hay fuera de
la muralla durante los siglos XIX, XX y XXI, que ya ha dado tiempo
a seguir robando espacio al agua.
Llegamos
al puerto pesquero, Santa Lucía, con su apacible y apropiada
lonja, mi debilidad personal, dominándolo a ras de agua,
tenemos en frente el nuevo puerto mercante. Podemos subir desde
allí a la Muralla del Mar, dejando a nuestra derecha el viejo
hospital de la Marina, también del siglo XVIII, hoy reciclado
para la Universidad. En la Muralla podemos volver a admirar la bahía
desde la sombra de los magnolios y las palmeras del jardín.
| .. |
Con
el mar a nuestra espalda, vemos en la falda del monte de San
José las ruinas del teatro romano y lo más viejo
de la ciudad,
|
| |
.. |
Si
subimos desde la Muralla veremos una vieja farola del puerto, de
las que funcionaban con una hoguera, y seguimos hacia arriba por
el Parque Torres. Llegaremos al Castillo de San José, llamado
de los patos por los que andan por allí. Ahora, antes hubo
otros en el mismo sitio, hay un castillo medieval en la cumbre del
monte, parcialmente restaurado, podemos subir a la torre. Allí
vale la pena que miremos despacio a todos los vientos. Con el mar
a nuestra espalda, vemos en la falda del monte de San José
las ruinas del teatro romano y lo más viejo de la ciudad,
en frente hay otro monte en medio de la ciudad, el Molinete, hoy
un cerro de escombros presto para la excavación de todas
las épocas… cuando haya suficientes euros para ello. Giramos
la vista hacia nuestra derecha y vemos otro cerro, sobre el que
se plantan viejos cuarteles, otro más, sobre el que se encuentra
la plaza de toros, abandonada, construida sobre el viejo circo romano
y, algo más allá, otro cerro sobre el que se asienta
el castillo de los moros. Cinco cerros junto al mar, en cuyo regazo
nació y vive la vieja Cartagena, con el gran campo llano
al norte, por donde se pierde la vista y por donde se va extendiendo
la nueva ciudad. La apacible bahía y su puerto al sur, allí
mismo, bajo la otra falda. Gran sitio para una ciudad.
Y,
para ver lo bonito que es, podemos desandar el camino y volver a
coger el coche, calle Real arriba, cruzar de nuevo el puente sobre
la rambla del Benipila y, allí mismo, girar a la izquierda
camino de la Algameca. Antes de llegar, a la izquierda, encontraremos
la entrada a la zona industrial del Arsenal, es zona militar, pero
accesible por ser camino de los astilleros de la Bazán y
del viejo museo naval, al final de esa carretera llegamos a los
viejos búnqueres para submarinos, hoy cerrados. Desde allí
podemos ver la bahía desde el mar y, enfrente, no la ciudad,
que queda oculta por los montes, sino la Muralla del Mar, su preciosa
fachada.
©
Luis Pérez Marcos octubre 2002
|
|