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Aquel tren de carbonilla Ahora que se están realizando negociaciones para el acondicionamiento, como Via Verde, del trazado de ferrocarril entre Móstoles y Villamanta, Rodolfo Serrano nos evoca el tren de su infancia
Todas
las tardes, casi todas las tardes, íbamos de niños a ver
pasar el "tren del Alberche". No había televisión
en Villamanta y en aquellas tardes largas y tranquilas corríamos
los muchachos a La Estación a Había allí un depósito de agua, alto redondo, con su manga de la que siempre goteaba un agua cristalina. Asombrados, veíamos como el maquinista tiraba de una cadena para situar la manga sobre la máquina. Y luego, de un tirón, hacía caer el chorro de agua, potente y fresco. Era una sueño aquel tren de carbonilla. Lento y paciente. Con sus asientos de lustrosos listones de madera. Y la pareja de la Guardia Civil, serios y circunspectos, sentados, silenciosos, en un rincón del vagón. Los
domingos el tren salía de la vieja estación de Goya, en
Madrid,donde arrancaba el paseo de Extremadura, cargado de excursionistas
que iban a pasar el día al río Alberche. La línea
iba de Madrid a Almorox, con paradas en Navalcarnero, Villamanta, Río
Alberche, El Alamín, Almorox... Familias enteras, en alegre bullicio,
compartían la tortilla y los filetes empanados y las dos horas
de viaje hasta la playa Por
la tarde, regresaban, más silenciosos, con la piel enrojecida,
somnolientos. Yo los veía pasar cada tarde de domingo desde la
estación. Llevábamos alcotanes que habíamos cogido
en las tapias de la Iglesia y a los que habíamos amaestrado para
que permaneciesen quietos en nuestro hombro. Algunos veraneantes querían El
tren luego fue de gasoil. Pero ya no era lo mismo. Es verdad que redujo
la distancia de 40 kilómetros entre Villamanta y Madrid a tan solo
una hora. Siempre supimos que era el tren más rápido del
mundo. Yo oía Un día quitaron el tren. Nadie supo por qué. Y quedó la cicatriz vieja de las vías que terminaron también arrancando. Hubo unos momentos de gloria. Fue cuando aprovecharon los railes aún instalados para rodar películas del Oeste. Fue la estación de Villamanta un pueblo mexicano, fronterizo y sucio, y los muchachos nos convertimos en manitos desharrapados y pobres. Ambas cosas ya lo éramos. Ahora, sólo queda el recuerdo. © Rodolfo Serrano (periodista, nacido en Villamanta) julio 2002
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