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Primavera nórdica

Senderos sobre el agua
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José-Andrés Miralles, desde Lahti (Finlandia), 30.3.03

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Abedules en la ribera.

Cuando en España debéis estar ya casi preparando los bañadores para las vacaciones de Semana Santa, aquí en Finlandia nos maravillamos con los primeros signos de la incipiente primavera. Tras un larguísimo invierno, que sucedió, sin solución de continuidad, a otro también inusitadamente largo, caluroso y seco verano, el nuevo despertar de la Naturaleza está llamando insistentemente a nuestras puertas.

Acostumbrados a cinco meses de temperaturas por debajo de los cero grados, no nos atrevemos a creer el termómetro cuando vemos que su columna sube hasta casi los diez. Quizá el astro rey nos está abrazando ahora con su cálida luminosidad, dos semanas antes de lo que suele hacerlo cada año, para compensarnos un poco por los interminables días de penumbra y frío pasados.

Según el Servicio Meterológico finlandés, se considera climatógicamente llegada la primavera por estas latitudes cuando la temperatura media se mantiene por encima de los cero grados centígrados durante al menos 5-7 días. Gracias a esto, la nieve, que hace un par de semanas cubría aún todo el país, se está fundiendo rápidamente, y en algunos campos del sur se han podido sembrar ya las primeras patatas que, para San Juan, recién recogidas, podremos saborear en nuestros platos.

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Baliza esperando el deshielo

Sin embargo, a causa de las fuertes heladas de este invierno, la capa de hielo de los miles de lagos que salpican la geografía de este país mantiene un espesor, en general, de más de medio metro, siendo difícil pensar que vayamos a poder navegar por ellos antes de primeros de mayo. Pero como a todo hay que saber encontrar su lado bueno, ahora es la época en que más disfrutamos de esas inmensas superficies heladas. Cuando, poco a poco, vamos teniendo que abandonar la práctica del esquí de fondo a través de nuestros bosques debido a la poca nieve de los senderos (Ħaunque anteayer aún fui esquiando a trabajar!), llega ahora el momento de esquiar en los lagos, disfrutando de la libertad de dirigirnos hacia allí donde nos plazca, mientras la deslumbrante luminosidad ambiente, multiplicada por su reflejo en la inmensidad blanca, nos obliga a usar algo que casi teníamos ya olvidado: las gafas de sol. Podremos entonces encaminarnos hacia aquel punto distante que, al irnos acercando, se configurará como la silueta paciente del pescador que, de cuclillas sobre una caja de porespán en la que lleva sus bártulos y que le proporciona un cálido asiento, goza también del buen tiempo mientras, sin romper el silencio imperante, va sacando con su sedal multicolores y vibrantes percas a través de un agujero que con una gran broca ha perforado en el hielo.

O bien podremos dirigirnos hacia aquella mancha oscura en el hielo del horizonte que sobrevuelan, lanzando agudos chillidos, blancas gaviotas. Son las primeras avanzadas de aquellos miles y miles de aves que, tras haber pasado el invierno en vuestros países de sur, regresarán ahora aquí, una vez más, a reproducirse. Hambrientas y nerviosas, han atisbado un espacio sin hielo en el lago y se lanzan, raudas, a pescar los incautos pececillos que han subido a la superficie del agua a proveerse de ese oxígeno que la compacta capa de hielo les ha racionado durante todo el invierno, causa de muerte por asfixia de miles de sus congéneres. Deberemos acercarnos con cuidado a ese lugar ya que el hecho de que haya una amplia zona de agua sin hielo debe ponernos en aviso de que probablemente allí debajo discurra una corriente de agua que ha impedido que se formara un gran espesor de hielo.

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... se recomienda a quienes se deplazan por los lagos en esta época del año que lleven colgados de sus cuellos unos punzones con los cuales servirse, caso de ceder la capa de hielo bajo sus pies y caerse al agua, para clavarlos en los bordes del hielo firme izarse así fuera del agua helada ....
   

Por desgracia, cada año mueren varias personas ahogadas porque no tienen en cuenta esta precaución. Por esta razón, aparte de evitar acercarse a estas zonas sospechosas, se recomienda a quienes se deplazan por los lagos en esta época del año que lleven colgados de sus cuellos unos punzones con los cuales servirse, caso de ceder la capa de hielo bajo sus pies y caerse al agua, para clavarlos en los bordes del hielo firme e izarse así fuera del agua helada. Si en estas circunstancias no se dispone de un objeto punzante con el que poder hacer presa en los bordes del hielo, las esperanzas de poder salvarse son prácticamente nulas. Las manos, que se enfrían y agarrotan rápidamente, resbalan incapaces de agarrarse al hielo, que por otra parte sigue rompiéndose bajo el peso del infeliz que intenta salir de su mortal trampa. El caso más dramático que he oído en cuanto a estos accidentes fue el de un hombre que intentó aferrarse al hielo con lo único que pudo encontrar en aquellos momentos de desespero: su propia dentadura postiza. Quedó ésta en el borde de la brecha por donde, más tarde, los submarinistas de rescate sacaron su cuerpo inerte.

Pero bueno, hemos empezado diciendo que ahora es época de alegría y veo que me he ido a cosas tristes. Dejemos pues estas últimas, aunque no olvidemos su lección, y volvamos a disfrutar de esta maravillosa época del año. Mañana tomaré un cuchillo y, como se hace por aquí, iré a cortar unas tiernas ramitas de sauce que, salpicadas ya por algodonosos brotes, pondremos en floreros en casa como seguro anticipo de las flores que dentro de pocas semanas empezarán, tímidamente primero y luego con todo su esplendor, a aparecer por doquier.

©José-Andrés Miralles (texto y fotos)
jose.miralles@phsotey.fi

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