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.. BENAOCAZ– SALTO DEL CABRERO – PUERTO DEL BOYAR Dificultad:
Fácil Este es uno de los itinerarios clásicos de la sierra, que discurre por senderos bien marcados, sin demasiado desnivel, por lo que es muy frecuentado. Conviene aprovisionarnos de agua debido a la ausencia de fuentes en el camino. Su inicio y final están bastante distanciados por lo que conviene tenerlo en cuenta a efectos de prever el regreso.
Día
12-9-94. A
las 8.00 llego a la pintoresca población de Benaocaz,
de poco más de quinientos habitantes y a 797 m. de altitud
al abrigo de las verticales paredes de la Sierra del Caillo.
Tras desayunar en uno de los múltiples bares de la población,
parto en dirección Norte, buscando la salida del pueblo
por el lugar de San Antón, hoy ocupado por un
barrio residencial. Cruzo el Arroyo del Pajarito o del Pajaruco
por un pequeño puente de piedra construida con técnicas
árabes, que nos recuerda que estamos ante uno de los
primeros pueblos fundados por los árabes (fecha de la
fundación s.VIII), recién iniciada la ocupación
de la Península. La mañana es soleada y la temperatura
es ideal para andar, por lo que afronto las rampas empinadas,
en algunos casos duras, que me conducirán al Puerto
de Don Fernando, a buen ritmo. Poco a poco la senda, abriéndose
camino en un continuo zigzag, me va revelando el "reino
de la piedra". Los tonos grises, blancuzcos e incluso azulados
de la caliza, van apareciendo a mi alrededor. A mi izquierda,
ya dejándola atrás Sierra Alta, y a la
derecha las primeras paredes de la Sierra del Endrinal.
Me tomo un respiro, a media subida, para terminar de contemplar
el paisaje que se despliega a mis espaldas: Benaocaz.
Por fin, culmino la subida llegando al Puerto de Don Fernando
(880 m.), paraje que recibe dicho nombre del paso de los
Reyes Católico por Benaocaz. Según
cuenta la historia, estando los Reyes acampados en este lugar
recibieron la visita de las mujeres del pueblo que le hicieron
entrega de sus joyas como contribución a la conquista
de Granada. Desde este puerto hasta el Salto del Cabrero,
la vereda discurre por un paraje relativamente llano, donde
podemos comprobar aljibes y los llamados "majanos":
montones de piedras que aparecen dispersos por el prado en un
intento de ganarle a la sierra, centímetro a centímetro,
terreno para el pasto. Cruzo el puerto, atento a un sendero
que parta a la izquierda hacia el Salto del Cabrero.
No hay pérdida posible, el sendero es muy marcado y una
solitaria encina nos sirve de baliza. Así accedo a la
cota más alta del Salto del Cabrero (934 m.),
aunque la perspectiva de este cerro calizo dramáticamente
partido en dos no es la mejor. Para buscar una buena visión
retrocedo sobre mis pasos y de nuevo en el puerto, continuo
mi camino bordeando la cara noroeste de la Sierra del Endrinal.
Miro hacia atrás continuamente hasta conseguir una buena
panorámica, donde me siento a descansar y a contemplar
una de las formas más famosas y singulares de la sierra:
una falla, donde aparecen dos cumbres casi gemelas, con unas
paredes verticales de más de 80 m. de altura y separadas
por una garganta de unos 50 m. de anchura. La toponimia de este
lugar, la proporciona una de las múltiples leyendas de
estas sierras. Cuenta que un cabrero de las proximidades, en
un alarde de destreza, dio un salto de una pared a otra sin
derramar la leche que llevaba para su hijo en enfermo. Media
hora de contemplación de dicha formación me sirven
de descanso para continuar mi camino, llenando ahora mi vista
con el increíble contraste del verde del Corredor
del Boyar, a vista de pájaro y el gris de los tajos
verticales del Endrinal. A partir de aquí el camino
se vuelve algo más pedregoso, delatando que ha sido abierto
a costa de ganarle terreno a la piedra, y sin penetrar en el
bosque. Tras pasar una construcción, el Cortijo de
las Albarradas, me dirijo ya plácidamente hacia el
Puerto del Boyar, donde desemboco en la carretera que
une El Bosque con Grazalema, población
a la que me dirijo por carretera en un corto descenso.
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