El GR-11 en 36 jornadas, La experiencia de José A. Pérez González en verano de 2007
Preparación y desarrollo
Los
Pirineos son impresionantes para un chico de 18 años de Cartagena, que llega
por primera vez a la Selva de Oza. Creo
que fue ese el momento en el que comenzó a germinar en mi mente la idea de
recorrerlos en su totalidad.
Más
tarde, cuando empecé a oír hablar de la GR11, la senda transpirenaica, la idea
se convirtió en la decisión de que la habría de intentar tan pronto pudiera.
El
año pasado, con 52 años cumplidos, y cuando mis obligaciones laborales y
familiares me permitieron dedicarle el tiempo necesario, comencé un programa de
entrenamiento, necesario para convertir un andarín ocasional en otro preparado
para recorrer la GR11 de un tirón. Desde el verano del 2006 fui incrementando la distancia y las
diferencias de nivel recorridas en mis sesiones de entrenamiento, aumentando
progresivamente su frecuencia, y la carga de equipo transportado, hasta llegar
a hacer más de 100 km por semana, con plena carga, durante los dos últimos
meses. La integración en un club de
senderismo, Andarines, me ayudó enormemente en esta tarea, haciéndola muy amena
y permitiéndome integrarme en un estupendo grupo que siempre me proporcionó
buenos ánimos y consejos para acometer la tarea.
Al
mismo tiempo, empecé a preparar el equipo y el cuaderno de ruta. Uno y otro cambiaron mucho a lo largo de los
meses y, sobre todo, durante las últimas semanas previas a la travesía. El problema principal fue la falta de
información. Ni las guías ni las
escasas experiencias colgadas en la web dan mucho detalle sobre el equipo
necesario o aconsejable. Al final me
encontré con un equipo de más de 20 kg que alguien me hizo ver que era
demasiado (gracias Harri). También las
46 etapas iniciales de la guía de Prames se fueron reduciendo, con la
disminución del peso a transportar y el consiguiente alargamiento de las
etapas, a 38, que al final pude hacer en sólo 36 días. Aquí también fue importante la información
proporcionada por un amable par de andarines (gracias Jesús y Harri) y el
ejemplo de Jorge, el de la Vuelta al Pirineo en 80 días, a quien tuve el
privilegio de conocer en la subida al puerto de Lepoeder (enhorabuena por tu
hazaña).
Durante
la preparación, tuve que prestar especial atención a mis piernas, poco
preparadas para la paliza que les iba a dar. Esto, basado en mi experiencia como profesor de educación física, quedó
reflejado en un cuaderno editado por Andarines con el título Senderismo y
Preparación Física, que hoy, tras completar la GR11 observando lo que en él
predicaba, me atrevo a recomendar.
Por
fin, del 12 de junio al 18 de julio, pude realizar mi sueño, a lo largo de más
de 850 km, subiendo 40.000 m y bajando otros tantos, entre Higuer y Creus. La empresa merece la pena. El esfuerzo requerido fue mayor de lo que
había supuesto, pero la ilusión, la adecuada preparación y, sobre todo, la
convicción de que lo recorrido es más duro que lo que queda por recorrer, me
llevaron a completarla. El secreto está
en andar cada día pensando que al día siguiente hay que volver a andar, pero
sin pensar en lo que hay más allá.
Lo
mejor de la GR11 fue la gente que me encontré. Los Lord (Elvira y Jack), una deliciosa pareja escocesa con la que
compartí cenas e ilusiones. Pedro, el
de Toledo. Olaf, el super andarín,
coronel retirado (¡70 increíbles años!) de los paracas de la desaparecida RDA,
que iba de Creus a Finisterre. El grupo
de Castellón con el que sufrí y disfruté la subida al collado de Tebarrai y la
bajada a Panticosa. El guarda de la
Casa de Piedra, que tanto me animó (y tan bien me alimentó) en mis horas más
bajas. La pareja de israelíes con la
que compartí el refugio y la paz de Angliós. Mariana, mi amable casera de Estaón. El club de pescadores que tan generosamente me integró y alimentó en
L’Illa. El dueño del hotel Ter, en
Setcases, que espero que haya vuelto a salir con sus perros a cazar el
jabalí. Los chicos del legado d’en
Rodri, que rehabilitan y cuidan en refugio de Talaixá. Los dos británicos que me reconfortaron con
pastís y agradable conversación en Sant Aniol….y tantos otros. Gracias a todos, por todo.
Desde
luego, también por los paisajes habría merecido la pena el esfuerzo. Del embrujo de Iratí a la magia de Els
Encantats, pasando por la indescriptible belleza de los Lagos Azules, los
ibones de Anayet, Ordesa, Añisclo, o los estanys de Ratera, sin olvidar la
profusión de iglesias y ermitas románicas del tramo final, en Gerona. Sólo el Pirineo puede dar tanto en tan y tan
variado en tan corto recorrido.
De
la comida no puedo hablar, por falta de espacio, pero tengo que dar las gracias
a cuantos, sabedores de la dureza de la empresa, se esforzaron, noche tras
noche, por alimentarme y recuperarme para la jornada siguiente. Nadie en el mundo lo habría hecho mejor. También por esto merece la pena ir al Pirineo.
Claro
que hubo etapas duras. Aunque ninguna
fue fácil, las subidas a Tebarrai, Vallivierna y la portella de Baiau, junto
con las bajadas a Panticosa y a Pineta, fueron los tramos más exigentes,
aunque, curiosamente, también están entre los más hermosos y entrañables.
Las
moscas, los mosquitos y las hormigas rojas (¡incluso, a veces las mariposas, a
millares!), también contribuyeron a la
dureza de la travesía. Pero, sin moscas, sin lluvia, sin calor y con escaleras
mecánicas, la montaña sería más bien el Corte Inglés.
En
fin, estoy muy contento de haberlo hecho y os animo a todos a que lo
intentéis. Creo que la GR11, aparte de
las satisfacciones que reporta al andarín, pasando por Euskadi, Navarra,
Aragón, Andorra y Catraluña, también contribuye de alguna forma a la
vertebración de España, cosa que nunca está de más. Aunque os volvieseis a los cinco días, habría merecido la
pena. Pero os puedo asegurar que con
una buena preparación y la dosis necesaria de ilusión, cualquiera puede
hacerlo. ¡Ánimo!
En
los archivos adjuntos proporciono información sobre equipo, detalles y consejos
que yo eché de menos durante mi preparación de la GR11 y que espero que sean de
utilidad para los interesados. También
incluyo una selección de fotografías para terminar de animar a los que todavía
duden. Finalmente, no dudéis en
preguntarme cualquier duda que tengáis. Toda mi corta experiencia está a vuestra entera disposición.
Aranjuez, a 31 de agosto de 2007-08-31
© José A. Pérez González
piripon@hotmail.com