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COLL
DE LA FONT DE CERA – MONTCADA I REIXAC
(16,43 Km. - 3h25’)
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Resumen
etapa:
Coll
de la Font de la Cera - Coll de Galzeran 50’
Coll
de Galzeran - Hospital Can Ruti 55’
Can
Ruti - Puig Castellar 55’
Puig
Castellar - Montcada i Reixac 45’
TOTAL
3h25’
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Continuando
por la Cordillera Litoral Catalana, el Sendero del Mediterráneo
entra ahora de lleno en la llamada primera corona del
área metropolitana de Barcelona, atravesando de un
lado al otro la Serra de la Conreria, con Badalona y Santa
Coloma de Gramenet, a un lado, y Montcada i Reixac al otro
como principales puntos de referencia, ahora ya con importantes
conexiones al transporte público (no así en
el comienzo de la etapa). Después, al dejar atrás
la Serralada de Marina y tras cruzar el Besòs en Montcada,
el GR ascenderá a la Serra de Collserola para evitar
entrar en la ciudad de Barcelona. Así pues, el paisaje
durante esta parte del recorrido va a ser muy urbanizado,
ya que en la capital catalana y su primera corona habitan
más de tres millones de personas. Y muchas de ellas
salen los fines de semana a dar una vuelta por el monte más
cercano: en este caso, la Conreria.
Para
llegar al Coll de la Font de Cera, habrá que buscarse
la vida desde Alella, el Masnou o Vallromanes, ya que la carretera
Masnou – Granollers que lo atraviesa carece de transporte
público; mejor dicho, un solo autobús los jueves,
día de mercado en Granollers. En mi caso, opté
por alargar la etapa anterior hasta el Hospital de Can Ruti,
en Badalona, bien comunicado. Otra posibilidad es subir por
las calles de la Urbanización Alella Parc, que terminan
junto a este collado en el que se inicia la etapa.
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Las montañas de Sant Mateu y el Coll de la Font
de la Cera desde la Conreria © Carles
Danon.
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Desde
ahí el GR sube una pista cerrada con cadena. En un
par de minutos aparece en una calle de la urbanización,
pero en seguida a la derecha vuelve a subir, esta vez por
un camino que se va estrechando y empinando a medida que pasa
por las últimas casas; también se hubiera podido
continuar por la calle anterior, dando menos vuelta. La fuerte
subida termina al aparecer en otro camino más llano,
que seguimos hacia el Oeste hasta encontrar un pequeño
sendero que se desvía a la izquierda, primero entre
el bosque y luego, de nuevo en el lado mar, monte a través,
llegando a desdibujarse hasta que aparece en un ancho camino,
continuación de la anterior calle de la urbanización
(20’).
Continuamos
a la derecha por la pista, que asciende suavemente durante
un rato, poco por debajo de la divisoria y prescindiendo de
otros desvíos secundarios. Las últimas poblaciones
del Maresme parecen disputarse el terreno junto al mar, y
no se aprecian a simple vista los límites entre Alella,
el Masnou, Montgat, Tiana y Badalona, un poco más lejos.
Hasta el Coll de Galzeran (50’), que aparece después
de una costosa subida entre viñas, las aguas bajan
a la Riera d’Alella; a partir de él, las recoge la
Riera d’en Font o de Tiana.
La
pista vuelve a descender y deja varios desvíos a ambos
lados; los que bajan a la izquierda llevan a Tiana. Al poco
tiempo nuestro camino vuelve a subir y sale a una curva de
una pista más ancha, acceso a la urbanización
Colònia del Bosc. Continuamos por la izquierda, hasta
que se convierte en un vial asfaltado, con una bonita torre
modernista (Mas Po-Canyada, casa de colonias), que aparece
más tarde en el Coll de Montalegre (1h15’), atravesado
por la carretera B-500 de Badalona a Mollet, más conocida
como la Carretera de la Conreria.
Esta
retorcida carretera soporta normalmente un intenso tráfico,
cualquier día de la semana; hay que poner pues atención
al cruzarla. Existe el proyecto de ampliarla y hacer un túnel
que evite el paso por el collado, pero las obras no han comenzado
todavía (abril 2.005).
Al
cruzar la carretera hay que seguir una pista que empieza a
mano derecha (lado Vallès) pasando frente al albergue
de la Conreria, de la Fundació Pere Tarrés.
Al final de la explanada de acceso la pista se bifurca, cogemos
el ramal de la izquierda y al pasar el recinto del albergue,
dejamos el primer sendero que sube a la izquierda y nos desviamos
por el siguiente, una estrecha torrentera en medio del bosque
erosionada por el paso de motos y bicicletas, que sube un
poco hasta volver al lado marítimo, donde cambia bruscamente
la vegetación: algún incendio debió arrasar
esta vertiente años atrás, puesto que frente
al frondoso bosque que nos acompañaba desde el Coll
de Montalegre, ahora desaparecen los árboles y estamos
rodeados de baja vegetación, madroños, brezo,
retama… Y como siempre, a este lado, las vistas lejanas del
mar. Entre medio, justo por debajo del camino, la Cartoixa
(Cartuja) de Santa Maria de Montalegre, del s. XV.
Retomamos
ahora la ladera oriental de la Conreria; empieza ascendiendo
suavemente, dejando algunos caminos a la derecha, y luego
baja hacia un cercano collado (1h25’) entre los Turons
de Fra Rafel y de l’Home (nada que ver con la cima culminante
del Montseny), por un lado, y Tiana y Badalona por el otro.
La mole de cemento del Hospital Universitari Germans Trias
i Pujol, más conocido como Can Ruti, aparece de
pronto a nuestros pies, como una entrada a un enorme mar de
edificios y vehículos que empieza poco más abajo,
a partir de la autopista B-20 (la Pata Norte de las
Rondas de Barcelona), y continua por Badalona, Santa Coloma,
Sant Adrià y Barcelona, limitado por el Mediterráneo
a un lado y por las sierras de la Conreria y Collserola al
otro, hasta quedar difuminado por una nube de contaminación
más allá del Llobregat. Oficialmente, dejamos
atrás el Maresme para entrar en una de las áreas
más densamente pobladas de Europa: el Barcelonès.
El
camino parece bajar en dirección al mar, pero cuando
empieza a ensancharse hay un desvío a la derecha que
desciende entre medio de unos pocos pinos. Es una antigua
pista, ahora bastante erosionada, que se dirige hacia el hospital
haciendo eses, desembocando en una calle asfaltada de acceso
al tanatorio municipal, a la izquierda. Al otro lado, el GR
sigue por esa calle para dar la vuelta y alcanzar una plazoleta
en la entrada del Hospital de Can Ruti (1h45’), donde terminan
los autobuses urbanos de Badalona (que llegan también
al mismo centro de Barcelona). Por otra parte, y si mis cálculos
no fallan, acabo de pasar la mitad del recorrido previsto:
291 km.
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Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra (S. XV) ©
Carles
Danon
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El
tramo del GR 92 entre Portbou y el Monasterio fue el
promero en inaugurarse en 1.988; quizá por ello
aparecen aquí señalizados los dos extremos
del itinerario.
©
Carles Danon
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La
ciudad de Santa Coloma de Gramenet no ha llegado a extenderse
todavía hasta Sant Jeroni, situado en la falda
de la Serra de la Conreria. © Carles
Danon
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Desde
ahí el GR se desvía a la derecha, bajando a
encontrar a los pocos metros el Torrent de l’Amigó;
al poco de cruzarlo, el camino se vuelve asfaltado -muy precariamente-
y pasa por un grupo de casitas; poco después, aparece
la carretera de la Vallençana, la B-5011 de
Badalona a Montcada, también muy transitada. Se sigue
a la derecha unos pocos metros hasta encontrar el Camí
del Mas Oliver, que llega a este Mas en un par de minutos
y lo rodea por la derecha. Detrás de la casa, continuamos
por un camino más ancho cerrado por una cadena, que
llanea entre un agradable pinar
y, tras cruzar más adelante otro torrente, desemboca
en una pista más ancha: se trata del Camí
del Monestir, que viene de la carretera anterior, y tras
pasar un cruce de caminos en una explanada, llega al Monasterio
de Sant Jeroni de la Murtra (2h15’).
Este
monasterio, fundado en 1.416, fue residencia de los Reyes
Católicos, quienes financiaron parte de su construcción,
y dónde recibieron a Colón a la vuelta de su
primer viaje. Debe su nombre a los monjes jerónimos
y a un inmenso arbusto de murtra (myrtus comunis)
que se encuentra en su interior, uno de los más grandes
del mundo.
Al
llegar a este lugar, un poste indica, en cada sentido de la
marcha, las direcciones hacia Portbou y Ulldecona. Que yo
recuerde, es la primera vez que veo mi destino final mencionado
en algún sitio, y después de una temporada durante
la que he abandonado un poco el GR 92, este cartel
me llena de moral, y me lleno de deseos de alcanzar lo antes
posible el Pont de l’Olivar, sobre el río Sénia,
separando las provincias de Tarragona y Castellón.
El tramo entre Portbou y el Monasterio de Sant Jeroni fue
el primero en inaugurarse oficialmente, en 1.988; quizá
por ello la mención a los dos extremos del recorrido.
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Ermita de Sant Climent, en el turó del
mismo nombre, desde el Puig Castellar © Carles
Danon.
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El
GR continúa por la pista, pero la abandona poco después,
al llegar a una explanada. Hay una pista cerrada con cadena
que sube a la derecha, pero el sendero no la sigue (aunque
después vuelven a juntarse) sino que asciende a la
izquierda, siguiendo en un primer momento una línea
eléctrica, de la que se separa a los pocos metros para
internarse en un pinar, ahora con fuerte subida, hasta aparecer
en la pista anterior. Ésta sigue ascendiendo, haciendo
un par de curvas (un caminillo permite ahorrarse una de ellas)
y pasa por debajo de una torre eléctrica; después
de ésta, se desvía otro corto sendero subiendo
a la derecha, que alcanza la ermita de Sant Climent, situada
en lo alto de un Turó (255 m. - 2h30’), y con
buena vista de la parte baja del Maresme y de las ciudades
que tenemos a los pies: Badalona, Santa Coloma y Barcelona;
por el lado del Vallès, destacan otras poblaciones
como Montcada, Cerdanyola, Sabadell o Terrassa; más
al fondo, Montserrat y Sant Llorenç del Munt; hacia
el norte, la cercana ermita de Sant Onofre, la Serralada de
Marina hasta casi el Corredor; y, ya muy lejano, el Montseny.
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Montcada
i Reixac, entre el Turó de Montcada y el río
Besòs, rodeada por autopistas y vías de
ferrocarril.
© Carles
Danon.
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Bajamos
de la ermita por un camino a la izquierda, con cipreses a
ambos lados, hasta volver a la pista anterior, que continúa
junto a la divisoria; alcanzamos poco después un cruce
en un pequeño collado, con un camino que baja a los
barrios del Singuerlín y de la Pallaresa, en Santa
Coloma de Gramenet, y otro que se acerca por la derecha a
la urbanización la Vallençana, en Montcada y
Reixac. Hay que dejar la pista en el siguiente cruce, por
un sendero señalizado hacia el Puig Castellar. Aquí,
junto a las ruinas de un poblado ibérico situado en
la cima (303 m.), hay un mirador que domina el tramo final
del Besòs, límite entre Santa Coloma, Sant Adrià
y Barcelona; se adornó con unos bloques de hormigón
a modo de bancos, que entiendo que guardan poca relación
con el entorno. También se colocó una placa
en recuerdo de Llibert Carulla, uno de los promotores del
senderismo en Catalunya y del GR 92.
El
sendero continúa para volver a la cercana carena
(divisoria), y muy poco antes del Coll dels Avions con sus
depósitos de agua (2h50’), baja a la derecha hacia
una pista, cambiando bruscamente de dirección. La verdad
es que el panorama desde aquí arriba tiene poco que
ver con lo que estamos acostumbrados la mayoría de
senderistas: rondas, autopistas, vías de tren (y del
AVE, algún día), y la famosa cementera de Montcada
parecen una cortes en un mar de edificios limitado sólo
a lado y lado por el mar y por la Sierra de Collserola. Visto
desde aquí, el panorama para la siguiente etapa no
parece muy bonito; pero de verdad que engaña…
Una
vez en la pista, hay que continuar en dirección norte
y al llegar a una torre de alta tensión, la dejamos
y bajamos por un sendero a la izquierda. Esta zona se incendió
el verano de 2.004, y al parecer el sendero pedregoso por
el que discurre el GR hizo de cortafuegos, ya que al lado
izquierdo se ven los árboles y el bajo bosque quemados,
mientras a la derecha la vegetación es más abundante.
El
sendero acaba en una explanada, en la que confluye también
una pista. Seguimos un camino no muy evidente a mano izquierda,
que continúa bajando paralelo a una línea eléctrica.
Poco a poco la vegetación se va haciendo más
abundante, y tras dejar un camino a la derecha, desembocamos
en una pista, ahora ya en medio de un denso bosque, aunque
por poco rato. A la izquierda, la pista desemboca en pocos
metros en la carretera BV-5001, de Sant Adrià a la
Roca (3h15’), separada del río Besòs por la
estación depuradora de Montcada.
El
corto tramo que queda hasta el final de la etapa no tiene
demasiado interés, salvo para poder enlazar con el
transporte público. El GR continúa por un paseo
entre la carretera y la depuradora durante unos pocos metros,
y al llegar al Torrent de la Vallençana, deja la carretera
y continúa paralelo a esta riera, siguiendo también
la valla de la depuradora, por un camino en medio de escombros,
que parece más bien un antiguo vertedero. En seguida
llega a un paseo peatonal que viene por la izquierda de Sant
Adrià y Santa Coloma, siguiendo la orilla del Besòs.
El
paisaje se podría salvar, si no fuera por la -desgraciadamente-
siempre visible fábrica de cementos. Pese a ello, durante
los diez minutos que dura el paseo hasta el puente, es esperanzador
ver cómo se ha ido recuperando, poco a poco, el que
años atrás fue calificado como el río
más contaminado de Europa, aunque al ver el color de
las aguas, creo que todavía queda mucho por hacer…
Se
accede a la Pl. Lluís Companys de Montada al cruzar
el puente sobre el Besòs (3h25’). El itinerario del
GR por la zona urbana está sin señalizar, como
es costumbre, pero no será difícil encontrar
alguna de las estaciones de cercanías que hay en la
población
©
Carles Danon agosto 2005
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