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DE CERBÈRE A ULLDECONA
(GR-92 DE PORTBOU A ULLDECONA) >>

No se aprecian los límites entre las poblaciones costeras del área metropolitana de Barcelona: Tiana y Montgat © Carles Danon.

ETAPA 17

COLL DE LA FONT DE CERA – MONTCADA I REIXAC (16,43 Km. - 3h25’)

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Resumen etapa:

Coll de la Font de la Cera - Coll de Galzeran 50’

Coll de Galzeran - Hospital Can Ruti 55’

Can Ruti - Puig Castellar 55’

Puig Castellar - Montcada i Reixac 45’

TOTAL 3h25’

 

 

 

 

Continuando por la Cordillera Litoral Catalana, el Sendero del Mediterráneo entra ahora de lleno en la llamada primera corona del área metropolitana de Barcelona, atravesando de un lado al otro la Serra de la Conreria, con Badalona y Santa Coloma de Gramenet, a un lado, y Montcada i Reixac al otro como principales puntos de referencia, ahora ya con importantes conexiones al transporte público (no así en el comienzo de la etapa). Después, al dejar atrás la Serralada de Marina y tras cruzar el Besòs en Montcada, el GR ascenderá a la Serra de Collserola para evitar entrar en la ciudad de Barcelona. Así pues, el paisaje durante esta parte del recorrido va a ser muy urbanizado, ya que en la capital catalana y su primera corona habitan más de tres millones de personas. Y muchas de ellas salen los fines de semana a dar una vuelta por el monte más cercano: en este caso, la Conreria.

Para llegar al Coll de la Font de Cera, habrá que buscarse la vida desde Alella, el Masnou o Vallromanes, ya que la carretera Masnou – Granollers que lo atraviesa carece de transporte público; mejor dicho, un solo autobús los jueves, día de mercado en Granollers. En mi caso, opté por alargar la etapa anterior hasta el Hospital de Can Ruti, en Badalona, bien comunicado. Otra posibilidad es subir por las calles de la Urbanización Alella Parc, que terminan junto a este collado en el que se inicia la etapa.

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Las montañas de Sant Mateu y el Coll de la Font de la Cera desde la Conreria © Carles Danon.

Desde ahí el GR sube una pista cerrada con cadena. En un par de minutos aparece en una calle de la urbanización, pero en seguida a la derecha vuelve a subir, esta vez por un camino que se va estrechando y empinando a medida que pasa por las últimas casas; también se hubiera podido continuar por la calle anterior, dando menos vuelta. La fuerte subida termina al aparecer en otro camino más llano, que seguimos hacia el Oeste hasta encontrar un pequeño sendero que se desvía a la izquierda, primero entre el bosque y luego, de nuevo en el lado mar, monte a través, llegando a desdibujarse hasta que aparece en un ancho camino, continuación de la anterior calle de la urbanización (20’).

Continuamos a la derecha por la pista, que asciende suavemente durante un rato, poco por debajo de la divisoria y prescindiendo de otros desvíos secundarios. Las últimas poblaciones del Maresme parecen disputarse el terreno junto al mar, y no se aprecian a simple vista los límites entre Alella, el Masnou, Montgat, Tiana y Badalona, un poco más lejos. Hasta el Coll de Galzeran (50’), que aparece después de una costosa subida entre viñas, las aguas bajan a la Riera d’Alella; a partir de él, las recoge la Riera d’en Font o de Tiana.

La pista vuelve a descender y deja varios desvíos a ambos lados; los que bajan a la izquierda llevan a Tiana. Al poco tiempo nuestro camino vuelve a subir y sale a una curva de una pista más ancha, acceso a la urbanización Colònia del Bosc. Continuamos por la izquierda, hasta que se convierte en un vial asfaltado, con una bonita torre modernista (Mas Po-Canyada, casa de colonias), que aparece más tarde en el Coll de Montalegre (1h15’), atravesado por la carretera B-500 de Badalona a Mollet, más conocida como la Carretera de la Conreria.

Esta retorcida carretera soporta normalmente un intenso tráfico, cualquier día de la semana; hay que poner pues atención al cruzarla. Existe el proyecto de ampliarla y hacer un túnel que evite el paso por el collado, pero las obras no han comenzado todavía (abril 2.005).

Al cruzar la carretera hay que seguir una pista que empieza a mano derecha (lado Vallès) pasando frente al albergue de la Conreria, de la Fundació Pere Tarrés. Al final de la explanada de acceso la pista se bifurca, cogemos el ramal de la izquierda y al pasar el recinto del albergue, dejamos el primer sendero que sube a la izquierda y nos desviamos por el siguiente, una estrecha torrentera en medio del bosque erosionada por el paso de motos y bicicletas, que sube un poco hasta volver al lado marítimo, donde cambia bruscamente la vegetación: algún incendio debió arrasar esta vertiente años atrás, puesto que frente al frondoso bosque que nos acompañaba desde el Coll de Montalegre, ahora desaparecen los árboles y estamos rodeados de baja vegetación, madroños, brezo, retama… Y como siempre, a este lado, las vistas lejanas del mar. Entre medio, justo por debajo del camino, la Cartoixa (Cartuja) de Santa Maria de Montalegre, del s. XV.

Retomamos ahora la ladera oriental de la Conreria; empieza ascendiendo suavemente, dejando algunos caminos a la derecha, y luego baja hacia un cercano collado (1h25’) entre los Turons de Fra Rafel y de l’Home (nada que ver con la cima culminante del Montseny), por un lado, y Tiana y Badalona por el otro. La mole de cemento del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, más conocido como Can Ruti, aparece de pronto a nuestros pies, como una entrada a un enorme mar de edificios y vehículos que empieza poco más abajo, a partir de la autopista B-20 (la Pata Norte de las Rondas de Barcelona), y continua por Badalona, Santa Coloma, Sant Adrià y Barcelona, limitado por el Mediterráneo a un lado y por las sierras de la Conreria y Collserola al otro, hasta quedar difuminado por una nube de contaminación más allá del Llobregat. Oficialmente, dejamos atrás el Maresme para entrar en una de las áreas más densamente pobladas de Europa: el Barcelonès.

El camino parece bajar en dirección al mar, pero cuando empieza a ensancharse hay un desvío a la derecha que desciende entre medio de unos pocos pinos. Es una antigua pista, ahora bastante erosionada, que se dirige hacia el hospital haciendo eses, desembocando en una calle asfaltada de acceso al tanatorio municipal, a la izquierda. Al otro lado, el GR sigue por esa calle para dar la vuelta y alcanzar una plazoleta en la entrada del Hospital de Can Ruti (1h45’), donde terminan los autobuses urbanos de Badalona (que llegan también al mismo centro de Barcelona). Por otra parte, y si mis cálculos no fallan, acabo de pasar la mitad del recorrido previsto: 291 km.

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Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra (S. XV) © Carles Danon
 
 
El tramo del GR 92 entre Portbou y el Monasterio fue el promero en inaugurarse en 1.988; quizá por ello aparecen aquí señalizados los dos extremos del itinerario. © Carles Danon
 
 
La ciudad de Santa Coloma de Gramenet no ha llegado a extenderse todavía hasta Sant Jeroni, situado en la falda de la Serra de la Conreria. © Carles Danon

Desde ahí el GR se desvía a la derecha, bajando a encontrar a los pocos metros el Torrent de l’Amigó; al poco de cruzarlo, el camino se vuelve asfaltado -muy precariamente- y pasa por un grupo de casitas; poco después, aparece la carretera de la Vallençana, la B-5011 de Badalona a Montcada, también muy transitada. Se sigue a la derecha unos pocos metros hasta encontrar el Camí del Mas Oliver, que llega a este Mas en un par de minutos y lo rodea por la derecha. Detrás de la casa, continuamos por un camino más ancho cerrado por una cadena, que llanea entre un agradable pinar y, tras cruzar más adelante otro torrente, desemboca en una pista más ancha: se trata del Camí del Monestir, que viene de la carretera anterior, y tras pasar un cruce de caminos en una explanada, llega al Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra (2h15’).

Este monasterio, fundado en 1.416, fue residencia de los Reyes Católicos, quienes financiaron parte de su construcción, y dónde recibieron a Colón a la vuelta de su primer viaje. Debe su nombre a los monjes jerónimos y a un inmenso arbusto de murtra (myrtus comunis) que se encuentra en su interior, uno de los más grandes del mundo.

Al llegar a este lugar, un poste indica, en cada sentido de la marcha, las direcciones hacia Portbou y Ulldecona. Que yo recuerde, es la primera vez que veo mi destino final mencionado en algún sitio, y después de una temporada durante la que he abandonado un poco el GR 92, este cartel me llena de moral, y me lleno de deseos de alcanzar lo antes posible el Pont de l’Olivar, sobre el río Sénia, separando las provincias de Tarragona y Castellón. El tramo entre Portbou y el Monasterio de Sant Jeroni fue el primero en inaugurarse oficialmente, en 1.988; quizá por ello la mención a los dos extremos del recorrido.

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Ermita de Sant Climent, en el turó del mismo nombre, desde el Puig Castellar © Carles Danon.

El GR continúa por la pista, pero la abandona poco después, al llegar a una explanada. Hay una pista cerrada con cadena que sube a la derecha, pero el sendero no la sigue (aunque después vuelven a juntarse) sino que asciende a la izquierda, siguiendo en un primer momento una línea eléctrica, de la que se separa a los pocos metros para internarse en un pinar, ahora con fuerte subida, hasta aparecer en la pista anterior. Ésta sigue ascendiendo, haciendo un par de curvas (un caminillo permite ahorrarse una de ellas) y pasa por debajo de una torre eléctrica; después de ésta, se desvía otro corto sendero subiendo a la derecha, que alcanza la ermita de Sant Climent, situada en lo alto de un Turó (255 m. - 2h30’), y con buena vista de la parte baja del Maresme y de las ciudades que tenemos a los pies: Badalona, Santa Coloma y Barcelona; por el lado del Vallès, destacan otras poblaciones como Montcada, Cerdanyola, Sabadell o Terrassa; más al fondo, Montserrat y Sant Llorenç del Munt; hacia el norte, la cercana ermita de Sant Onofre, la Serralada de Marina hasta casi el Corredor; y, ya muy lejano, el Montseny.

 
 
Montcada i Reixac, entre el Turó de Montcada y el río Besòs, rodeada por autopistas y vías de ferrocarril. © Carles Danon.

Bajamos de la ermita por un camino a la izquierda, con cipreses a ambos lados, hasta volver a la pista anterior, que continúa junto a la divisoria; alcanzamos poco después un cruce en un pequeño collado, con un camino que baja a los barrios del Singuerlín y de la Pallaresa, en Santa Coloma de Gramenet, y otro que se acerca por la derecha a la urbanización la Vallençana, en Montcada y Reixac. Hay que dejar la pista en el siguiente cruce, por un sendero señalizado hacia el Puig Castellar. Aquí, junto a las ruinas de un poblado ibérico situado en la cima (303 m.), hay un mirador que domina el tramo final del Besòs, límite entre Santa Coloma, Sant Adrià y Barcelona; se adornó con unos bloques de hormigón a modo de bancos, que entiendo que guardan poca relación con el entorno. También se colocó una placa en recuerdo de Llibert Carulla, uno de los promotores del senderismo en Catalunya y del GR 92.

El sendero continúa para volver a la cercana carena (divisoria), y muy poco antes del Coll dels Avions con sus depósitos de agua (2h50’), baja a la derecha hacia una pista, cambiando bruscamente de dirección. La verdad es que el panorama desde aquí arriba tiene poco que ver con lo que estamos acostumbrados la mayoría de senderistas: rondas, autopistas, vías de tren (y del AVE, algún día), y la famosa cementera de Montcada parecen una cortes en un mar de edificios limitado sólo a lado y lado por el mar y por la Sierra de Collserola. Visto desde aquí, el panorama para la siguiente etapa no parece muy bonito; pero de verdad que engaña…

Una vez en la pista, hay que continuar en dirección norte y al llegar a una torre de alta tensión, la dejamos y bajamos por un sendero a la izquierda. Esta zona se incendió el verano de 2.004, y al parecer el sendero pedregoso por el que discurre el GR hizo de cortafuegos, ya que al lado izquierdo se ven los árboles y el bajo bosque quemados, mientras a la derecha la vegetación es más abundante.

El sendero acaba en una explanada, en la que confluye también una pista. Seguimos un camino no muy evidente a mano izquierda, que continúa bajando paralelo a una línea eléctrica. Poco a poco la vegetación se va haciendo más abundante, y tras dejar un camino a la derecha, desembocamos en una pista, ahora ya en medio de un denso bosque, aunque por poco rato. A la izquierda, la pista desemboca en pocos metros en la carretera BV-5001, de Sant Adrià a la Roca (3h15’), separada del río Besòs por la estación depuradora de Montcada.

El corto tramo que queda hasta el final de la etapa no tiene demasiado interés, salvo para poder enlazar con el transporte público. El GR continúa por un paseo entre la carretera y la depuradora durante unos pocos metros, y al llegar al Torrent de la Vallençana, deja la carretera y continúa paralelo a esta riera, siguiendo también la valla de la depuradora, por un camino en medio de escombros, que parece más bien un antiguo vertedero. En seguida llega a un paseo peatonal que viene por la izquierda de Sant Adrià y Santa Coloma, siguiendo la orilla del Besòs.

El paisaje se podría salvar, si no fuera por la -desgraciadamente- siempre visible fábrica de cementos. Pese a ello, durante los diez minutos que dura el paseo hasta el puente, es esperanzador ver cómo se ha ido recuperando, poco a poco, el que años atrás fue calificado como el río más contaminado de Europa, aunque al ver el color de las aguas, creo que todavía queda mucho por hacer…

Se accede a la Pl. Lluís Companys de Montada al cruzar el puente sobre el Besòs (3h25’). El itinerario del GR por la zona urbana está sin señalizar, como es costumbre, pero no será difícil encontrar alguna de las estaciones de cercanías que hay en la población

© Carles Danon agosto 2005

 

 

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