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ETAPA
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LLORET
DE MAR - TORDERA (14.475 Km - 3h 15')
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Resumen
etapa:
Lloret
- Blanes 1h 45'
Blanes
- Tordera 1h 30'
TOTAL 3h
15'
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En
esta etapa, el GR 92 va a alejarse ya del Mediterráneo,
aunque muchas veces será visible a lo lejos, para remontar
un corto tramo del río Tordera, antes de iniciar, en
la siguiente, la travesía de la Cordillera Litoral
Catalana, empezando por el Montnegre y continuando más
adelante por el Corredor, Sant Mateu, la Conreria, Collserola
y el macizo de Garraf, donde volverá a acercarse al
mar, más allá de Barcelona. Lloret y Blanes
son las últimas aglomeraciones turísticas de
la Costa Brava; tras un primer tramo, bastante urbanizado,
que enlaza estas dos poblaciones, en la segunda mitad de la
etapa encontraremos un paisaje más rural y agrícola,
siguiendo de cerca el cauce del río hasta la población
que coge su nombre. A partir de Blanes, pues, se acabaron
ya (de momento) los monstruos turísticos, los
bloques de hormigón y las urbanizaciones, y pisaremos
terreno asfaltado sólo en muy contadas ocasiones.
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Lloret
y su playa, desde el cercano Monumento a la Mujer Marinera
© Carles Danon
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La
playa de Fenals, ahora desierta, un hervidero de bañistas
en verano ©
Carles Danon |
En
el cruce del Paseo Marítimo con la Av. Just Marlès,
en Lloret, comienza esta etapa y la variante 92-2, que sigue
esta última avenida en dirección a Sant Pere
del Bosc y el Pla de Gelpi, muy cerca de Tordera, por el interior.
El itinerario principal del GR continúa por el paseo,
junto al mar, cruzando la desembocadura de la Riera de Lloret
y pasando frente a un centro comercial, ya al final de la
población. Aquí seguimos otro tramo de Camí
de Ronda, pavimentado en gran parte, que pasa en seguida
bajo el Monumento a la Mujer Marinera, con buena vista sobre
Lloret. Poco más tarde, al pasar frente a un restaurante
en Cala Banys, dejamos el Camí de Ronda para
ascender por unas escaleras hasta llegar a un pinar, donde
saldremos a una pista encementada que sigue subiendo a la
izquierda, hasta llegar al acceso al Castell de Lloret (15'),
que se deja de lado pero muy cercano. Ahí el GR entra
en una nueva urbanización, continuando por la misma
calle hasta el siguiente cruce. Dejando la calle que atraviesa,
bajamos de frente por unas largas escaleras, para salir a
una plazoleta, en la parte baja de la urbanización,
donde torcemos a la izquierda en dirección a la cercana
y famosa Playa de Fenals, que atravesamos de punta a punta
por el Pg. Ferran Agulló, mientras un bonito pinar
sustituye a los bloques de apartamentos, a mano derecha, hasta
llegar al final del paseo y de la playa, donde hay una caseta
en ruinas (30').
Aquí
nace un caminillo entre el pinar, que remonta suavemente,
dejando unos escalones al otro lado; pero dura poco ya que
en seguida llegamos a una nueva urbanización, Santa
Clotilde. Actualmente (enero 2.004) el acceso a la misma está
en obras, ya que por suerte para unos y por desgracia para
otros, se sigue edificando continuamente. Al bajar por la
calle de la izquierda, de momento sin asfaltar -pero no por
mucho tiempo- casi tuve que pasar bajo una enorme hormigonera
que ocupaba toda la calzada, mientras pensaba que estas casas,
ahora en construcción, no pegan aquí en medio,
por mucho cemento que les echen. Los paletas, litrona en mano,
me ven pasar como si fuera un extraterrestre…
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Una
de las últimas calitas aisladas de la Costa Brava:
Cala Boadella
©
Carles Danon
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A
todo esto, la calle deviene asfaltada y aparece en una rotonda,
en la que se accede a los Jardins de Santa Clotilde, obra
del arquitecto Rubió i Tudurí de 1.919; pero
parece ser que en invierno no atraen bastante público
para abrirlos al mismo. Bordeamos los jardines, subiendo a
la izquierda de la rotonda por una calle asfaltada; al poco
un sendero entra de nuevo en el bosque y empieza a bajar hacia
Cala Boadella, pero poco antes de llegar, un camino se desvía
a la derecha, rodeando la punta sur de la cala, primero en
terreno llano y luego en fuerte subida, serpenteando hasta
arriba de todo de la cuesta, donde dejamos otro camino que
parece seguir el litoral por la izquierda, y nos volvemos
a ir hacia el interior, siguiendo después junto a la
valla de una finca, o más bien, como se verá
luego, de un conjunto residencial. Sin apartarnos de la valla,
rodeamos el terreno, saliendo a otra calle en obras (55')
que pronto pasará a estar asfaltada. Tras dejar dos
bocacalles a la derecha, la pista vuelve a entrar en el bosque,
siempre siguiendo la valla, hasta llegar a la entrada del
complejo residencial, donde otra ancha pista parece bajar
de nuevo a la playa.
Continuando por el mismo camino, aparecemos en la carretera
de acceso a la Platja de Santa Cristina, donde se inicia de
nuevo un largo tramo asfaltado. La seguimos a mano izquierda,
entrando en la urbanización del mismo nombre, hasta
que en unos trescientos metros la carretera baja en dirección
a la playa; torcemos entonces a la derecha, por el Camí
de Santa Cristina, calle principal de la urbanización,
y sin dejarla pasaremos ante el famoso Jardín Botánico
de Pinya de Rosa (1h10'), que al parecer también
tiene sólo calendario de verano.
Ahora
la carreterita empieza a ascender, y al poco deja una nueva
calle por la izquierda; perdemos por un momento la vista sobre
el mar, ya que pasamos a la vertiente interior, hasta llegar
a la rotonda situada en el Coll Forcadell, donde volvemos
al lado marítimo, y poco después, dejamos la
carretera que baja a la izquierda hacia la Cala Sant Francesc,
para seguir otra calle unos pocos metros: en seguida, un caminillo,
indicado con un poste, surge a la izquierda, junto a un gran
depósito, para iniciar la corta subida al Castell de
Sant Joan (173m. - 1h30'), que nos recibe con una preciosa
vista sobre Blanes, justo por debajo, el valle bajo o la plana
del Tordera, el Montnegre, ya cercano, oscuro y amenazador,
y hacia el norte, las últimas vistas sobre la Costa
Brava: en la playa de Blanes, unas rocas, visibles desde el
castillo, señalan el final de algo más que una
simple etapa…
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En
Blanes, las Roques de sa Palomera marcan el límite
sur de la Costa Brava
© Carles
Danon
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Junto
a la entrada al castillo, el GR baja por unas escaleras a
la izquierda que desembocan después en una primera
calle (C/ Vidal i Barraquer) y continúan un poco más
a la derecha, más empinadas si cabe, para salir de
nuevo al asfalto (C/ Marià Fortuny); seguimos unos
metros a la derecha y volvemos a encontrar la C/ Vidal i Barraquer;
giramos ahora a la izquierda y en seguida, otro tramo de escaleras
entre dos casas, siempre hacia abajo, sale al final en la
Pl. de la Font d'en Romà, entrando en seguida en Blanes
por la C/ Camadasa. Como es normal, en zona urbana las señales
blancas y rojas se pierden frecuentemente, pero no hay más
que seguir bajando para llegar en pocos minutos al Paseo Marítimo.
Siguiendolo a la izquierda, a unos pocos centenares de metros,
queda la Plaça Catalunya a un lado (1h50'), y a la
derecha, en el mar, unas rocas que forman como una pequeña
península, Sa Palomera, inicio o final geográfico,
según como se mire, de la Costa Brava, que empecé
a recorrer una mañana de principios de junio de 2.001…
Pues
bien, ante estas rocas, y mientras el bocata de tortilla ocupa
una parte de mis pensamientos, al acabar este primer sector
-por llamarlo de alguna manera- del GR 92, una especie de
flash-back se pasa inevitablemente por mi cabeza, y
vuelvo por unos segundos a todos los paisajes, pueblos, alcantilados,
calas, pinares, aiguamolls o urbanizaciones que he
ido atravesando durante estos dos y medio, casi tres años.
Al mismo tiempo, intento hacerme una idea de lo que me queda
todavía: el Sendero no volverá a tocar el mar
hasta poco antes de Sitges, después de atravesar buena
parte de la Cordillera Litoral Catalana por los macizos o
sierras de Montnegre, Corredor, Sant Mateu, la Conreria, Collserola
y Garraf. De esta manera se evita las costas del Maresme,
del área de Barcelona y del Baix Llobregat, en las
que pocos palmos quedan por edificar.
De
momento, al acabar el bocadillo vuelvo a la Tierra, saco las
fotos de rigor y continúo la marcha por el Passeig
de la Marina hasta llegar a la Pl. dels Països Catalans,
donde el GR se separa del mar hasta dentro de unos 150 km.
Continúa por la Av. Catalunya a la derecha de la rotonda,
pasa frente a la estación de autobuses y no deja esta
avenida hasta el cruce con la carretera GI-P-6831 (2h05'),
ya fuera de Blanes. De frente aparece la vía del tren;
un camino pasa por debajo y cruza luego un arroyo, que irá
siguiendo en dirección a la cercana estación
de Blanes, de la línea de cercanías Barcelona-Mataró-Masanet;
pero no llega sino que se va separando hacia la izquierda,
por una ancha pista que poco después cruza bajo otra
carretera, la B-682 de Palafolls a Blanes. Dejamos a un lado
una depuradora y subimos a la carretera, sin atravesarla,
como si volviéramos atrás, pero al pasar sobre
la vía del tren bajamos por una nueva pista a la izquierda,
que vuelve a la vía y la sigue paralela, hasta que
se separa al llegar a la masía de Can Bue.
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El
Castell de Palafolls domina el tramo final del río
Tordera, oculto entre las cañas
©
Carles
Danon
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En
el siguiente cruce, al llegar a una residencia canina y una
gran masía (2h25'), la señalización brilla
por su ausencia; por lo que veo en el mapa y en la guía,
la pista por la que venía continúa hasta la
carretera de Blanes a Hostalric, que queda muy cerca. Por
otra parte, aquí está el límite entre
las provincias de Girona y Barcelona; me felicito a mí
mismo por haber atravesado mi primera provincia, unos 210
km. El GR gira a la izquierda por otra pista, poco transitada,
pasa junto a la Torre de Can Toni Joan y después frente
a las ruinas de Can Calent, y cruza de nuevo la vía
por un paso a nivel. Ahora esta quedará a la derecha,
mientras que a la izquierda aparece el Tordera, a punto de
desembocar en el Mediterráneo, y ya no lo dejaremos
hasta muy cerca de la población del mismo nombre. Parece
que la pista se separa un poco y vuelve hacia la vía,
pero al cruzar el Canal de Can Gelpi se acerca de nuevo al
río.
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Blanes
y el llano del Tordera; al fondo el Montnegre, medio
tapado
© Carles
Danon
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Tordera,
población que coge el nombre del río
© Carles
Danon
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Poco
tiene que ver este terreno con el de la primera parte de la
etapa y con lo que espera en la próxima: el GR tiene
ahora un perfil prácticamente llano, en un paisaje
totalmente rural, con campos a un lado y otro del río
regados con las aguas que bajan del Montseny y de la vertiente
vallesana del Montnegre. Puede aparecer algún payés
con su vespino cargada de cañas y herramientas, algún
pequeño huerto vallado, con su barraca y sus perros…
Seguramente esta tranquilidad se acabará en poco tiempo,
cuando la autopista del Maresme cruce el Tordera en dirección
a Lloret y Tossa, a la altura del Pla de Can Gelpi, donde
se une de nuevo la variante 92-2 por una pista a la derecha
(2h55'). Por lo que veo, esta variante del sendero ha tenido
la mala pata de coincidir en gran parte con el futuro trazado
de la autopista…
Seguimos
por la misma pista hasta acercarnos a una fábrica de
cementos; ahí el GR sube a la N-II, que sigue un corto
tramo a la izquierda, justo para cruzar el río, desde
donde aparece ya Tordera (el pueblo) muy cercano; después
se desvía por otra nueva pista a la derecha, que entra
en la población por la C/ Amadeu Vives (3h15'). Para
dirigirse a la estación, es mejor seguir la Nacional
a la derecha hasta el semáforo de la carretera de Hostalric,
auténtico punto negro del tráfico en Catalunya,
y seguir ésta última hasta el Barri de Sant
Pere o de l'Estació.
©
Carles Danon abril 2004
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