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Etapa
18
MONTCADA
I REIXAC - BAIXADOR DE VALLVIDRERA
(17,82
Km - 3h30’)
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Resumen
etapa:
Montcada
i Reixac - Coll de Montcada 35’
Coll
de Montcada - Portell de Valldaura 1h25’
Portell
de Valldaura - Coll de l’Erola 35’
Coll
de l’Erola - Baixador de Vallvidrera 55’
Total 3h30’
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Empieza
en esta etapa la travesía de la Sierra de Collserola,
auténtico pulmón de Barcelona y de su área
metropolitana. La gran ciudad se extiende en una de sus laderas,
y sólo el mar puede detener su expansión; por
el otro lado se conecta a través de sus arterias -túneles,
autopistas, ferrocarriles- a su extensiones, como Montcada
i Reixac, Cerdanyola, Sant Cugat del Vallès o Molins
de Rei; más lejanos aún, pero todavía
visibles desde lo alto de esta mancha verde, Ripollet, Sabadell,
Terrassa, Barberà o Rubí.
A
aquél que desconozca sus entrañas -a mí
mismo hasta no hace muchos años-, el descubrimiento
de Collserola tiene que ser, por fuerza, una gratísima
sorpresa. Vista desde la ciudad, nadie diría que al
otro lado de esas pequeñas montañas, con muy
poco bosque casi todas, coronadas por el Tibidabo (512 m.)
y cuyas faldas resisten por poco a la fiebre constructora,
se esconden unos bosques, declarados Parque Natural, que no
tienen nada que envidiar a otras áreas con mucho más
renombre de la geografía catalana.
Eso
sí, la proximidad a Barcelona tiene su precio: en fin
de semana, muchos puntos de la sierra parecen una avenida
más de la ciudad; por suerte, el acceso en vehículo
está bastante restringido, pero tanto el GR como la
mayoría de las pistas y caminos que la recorren están
infestados de gente de toda clase que se escapa de la jaula
de cemento durante unas horas. Y muchos visitantes, por desgracia,
vienen aquí con un comportamiento bastante urbano;
la verdad es que a más de uno le convendría
una estancia en alta montaña, para aprender algunas
normas básicas de convivencia que no se suelen enseñar
en las ciudades. En contrapartida, todo el recorrido está
bastante bien señalizado, con postes indicadores prácticamente
a cada cruce.
Lógicamente,
en esta zona las comunicaciones son excelentes, tanto al inicio
(Montcada tiene varias estaciones de tren de cercanías)
como al final de la etapa, situado precisamente en la estación
del Baixador (apeadero) de Vallvidrera de los Ferrocarriles
de la Generalitat. Pese a ello, la primera media hora tiene
más bien poco interés, salvo unas amplias vistas
de todo el Vallès, desde la misma Collserola hasta
el Montseny; eso sí, adornada con unos cuantos polígonos
industriales y vías de comunicación en primerísimo
plano.
El
itinerario empieza prácticamente bajo las vías
de la estación de Montcada-Manresa, para cruzar luego
al mismo tiempo la carretera C-17, la autopista C-33 y la
línea de tren de Puigcerdà, también por
un paso inferior. Salimos al camino de acceso al cementerio,
que queda a la derecha, y el GR empieza a ascender hacia un
depósito de agua, en la ladera del Turó de Montcada.
De momento -y durante buena parte del camino- coincidiremos
con el PR C-35, que recorre la divisoria de la sierra de Collserola,
y con el GR 173, sendero circular por el Vallès.
Ya
desde aquí hay una amplia vista del Vallès (pues
de momento no hay ni un sólo árbol que pueda
ocultarla): las cordilleras Litoral (la Marina) y Prelitoral
(del Montseny a Montserrat) son los dos extremos de esta depresión,
salpicada por todas partes de pueblos, ciudades, polígonos
industriales y autopistas. Santa María de Montcada
y Ripollet aparecen en primer plano, separadas por el río
Ripoll; más hacia el este, Cerdanyola y la autopista
de Sabadell (C-58).
El
GR va a rodear el Turó de Montcada por la derecha,
de momento por la pista (cerrada al tráfico); a falta
de árboles, el camino está jalonado de torres
de electricidad. De repente, aparece un frondoso bosque, poco
antes de desviarse el PR a la izquierda para ascender al Turó,
y dejando al lado una fuente. Entonces empezamos a descender,
dejamos la pista a la derecha y continuamos por un estrecho
sendero, bastante sucio, que va a salir poco después
a lo que parece una urbanización, el barrio de Santa
María de Montcada (25´).
Volvemos
a subir, ahora por la calle Camí de Sant Iscle, en
medio de esta zona residencial bastante tranquila, para salir
al poco rato a un polígono industrial donde los servicios
de limpieza hace mucho tiempo que no actúan. El PR,
tras haber subido al Turó (que ya queda atrás),
se une por la izquierda. Hay que rodear el polígono
por la derecha, en dirección a la carretera N-150,
que se sigue unos metros hasta llegar al desvío, situado
en el Coll de Montcada, hacia el Cementerio Metropolitano
de Collserola. Hay una parada de autobús (a Barcelona
- Fabra i Puig y a Terrassa), por lo que se puede empezar
aquí la etapa fácilmente para ahorrarse la primera
parte, que no tiene ningún aliciente.
Continuamos
por la carretera de acceso al Cementerio, cruzando por un
puente la autopista C-58 (35’). Desde aquí asoman a
lo lejos los bloques de Ciutat Meridiana y Can Cuiàs,
separados tan sólo por una línea de término
municipal entre Barcelona y Montcada, pero que en suma, responden
al desarrollo urbanístico ilimitado de los años
60 y 70. Muy poco después del puente, un sendero sube
a la derecha, empezando -ahora sí- la travesía
de la Sierra de Collserola en todo su esplendor, cruza dos
pistas seguidas, accesos a un grupo de casas, y continúa
por una zona de bajo bosque, todavía con vistas al
conglomerado urbano que nos rodea, hasta que desemboca en
una ancha pista, que se dirige a la derecha a Santa María
de Montcada. A la izquierda, al cabo de pocos metros, el PR
se vuelve a desviar para seguir "carenenado" y acercarse
al Cementerio, y muy poco después salimos a otra pista
más grande, que viene de Cerdanyola por la derecha.
Continuamos en sentido contrario, hacia Collserola, hasta
llegar a una torre eléctrica, donde dejamos la pista
por un estrecho sendero que empieza a bajar por la Vall de
Sant Iscle. Se desvía a la derecha primero, y luego
llanea hasta salir a una pista, que tras cruzar el Torrent
de Sant Iscle, va a salir a otra, más ancha y más
transitada: es la que sube desde Cerdanyola por la Vall de
Sant Iscle (1h).
Este
camino es uno de los principales accesos a esta parte de la
Serra de Collserola; así lo atestigua la cantidad de
caminantes, y sobre todo ciclistas, que la frecuentan en los
fines de semana. Aunque es apta para vehículos, no
parece que sean éstos los que más la utilizan.
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Ermita
de Sant Iscle de les Feixes, en el valle del mismo nombre
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Subimos
ahora por la pista, dejando de lado primero la masía
de Can Catà y muy poco después, la iglesia de
Sant Iscle de les Feixes (S. XI), que queda oculta entre los
árboles; en seguida hay una pista que se desvía
a la izquierda, hacia el cementerio, que nos permite ver lo
que queda de la iglesia, ya que el acceso a la misma se encuentra
cerrado. Parece mentira cómo, estando a escasos cientos
de metros de Barcelona, al otro lado de Collserola, los campos
en los que no llega todavía la luz del sol aparecen
blancos de escarcha, ya bien entrada la mañana. Aquí
no se nota para nada el teórico calor que desprende
el mar, pese a que queda muy cerca... aunque tampoco se notará
dentro de unas semanas, al otro lado de la sierra, cuando
se alcanzarán las temperaturas más bajas en
la ciudad -y en toda Catalunya- de los últimos 20 años.
Por suerte para mí, el aire siberiano no ha llegado
todavía a la Vall de Sant Iscle.
El
GR continúa por la pista que sube a la derecha, siempre
siguiendo el Torrent de Sant Iscle, ahora rodeado de un profundo
bosque. Al cabo de un rato llega a un prado (todavía
helado, cómo no), en el que se deja a la derecha un
camino que va a la carretera de Horta a Cerdanyola; aquí
la pista pasa al otro lado del valle, pasando junto a la Font
de Can Lloses (1h20’). Poco después, en una curva a
la izquierda, dejamos la pista que se dirige la carretera
del Cementerio (PR C-35) y el Coll de la Ventosa, sobre el
barrio de Canyelles, para continuar por un estrecho sendero
que se adentra en el bosque, continuando por el Valle de Sant
Iscle en dirección al Forat del Vent.
Y
aunque cada vez estamos más cerca de la gran ciudad,
a decir verdad, parece que nos estemos adentrando en una selva
cada vez más profunda. La cabecera del Torrent de Sant
Iscle o de les Feixes es de una frondosidad y una exhuberancia
espectacular, como no había visto antes en todo el
GR 92; quizá sólo es comparable a la zona más
sombría del Montnegre... No deja de resultar curioso
que este tramo este situado relativamente tan cerca de los
barrios de Canyelles y Roquetes, con sus enormes edificios,
de la Ronda de Dalt, del metro...
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La
cabecera del torrente de Sant iscle es de una frondosidad
espectacular
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Poco
después de pasar la Font de Sant Iscle, el estrecho
sendero se aparta del torrente y gira a la izquierda, dejando
luego dos caminos más que se dirigen a la zona de Roquetes.
Ahora, cada vez más cerca de la divisoria, el bosque
se va abriendo, ya que la zona más frondosa ha quedado
abajo, junto a la fuente. Cambia de dirección un par
de veces más, primero a la derecha y luego a la izquierda,
para acabar de remontar la cabezera del Torrent de Sant Iscle,
y después de varios desvíos vamos a salir a
una pista más ancha, que seguimos hasta un cercano
collado en lo alto de la divisoria que separa el litoral de
la depresión prelitoral (1h50’); sólo que ahora,
entre este punto y el mar, se extiende un paisaje que puede
parecer poco atractivo a los ojos del senderista: Barcelona.
El
GR 92 va a seguir prácticamente por lo alto de Collserola
hasta poco antes de llegar al Tibidabo; el templo ya es bien
visible hacia el suroeste. Durante este tramo de camino, lógicamente,
los gruñidos y rugidos de la ciudad (especialmente
de la Ronda de Dalt) van a estar casi siempre presentes. Por
la izquierda, se junta de nuevo el PR C-35, que sigue a la
derecha junto al GR. Seguimos ahora subiendo por un estrecho
camino junto a una torre eléctrica; la carretera de
Horta a Cerdanyola pasa muy pocos metros por debajo. Los ciclistas
abundan en estos caminos, donde me parece recordar que no
tienen el paso permitido por la normativa del parque, y por
experiencia propia, no es difícil que se pueda producir
alguna situación de conflicto de intereses. Tras dejar
el Turó d’en Fotjà, el sendero se ensancha un
poco y se hace más llanero al llegar a un grupo de
casetas; entonces nos desviamos de nuevo a la derecha, como
para pasar al otro lado, y salimos a una ancha pista, que
continuamos ahora a la izquierda, para dejarla a los pocos
metros, al final de las casitas, por otro estrecho sendero
que sube fuerte en un primer momento, otra vez por encima
de la divisoria.
Durante
un rato los caminos irán apareciendo y desapareciendo,
y aunque es difícil seguir las marcas del GR, no hay
posibilidad de pérdida, ya que sólo hay que
dirigirse al punto más alto, un turó
(en realidad es un promontorio junto a un descampado) desde
el que hay una vista inigualable de la ciudad de Barcelona
y de todo el Vallès y las sierras que lo delimitan,
la Litoral y la Prelitoral, detrás de la que aparecen
algunas puntas nevadas más allá de Sant Llorenç
del Munt, Sant Miquel del Fai y los Cingles del Bertí:
quizá el Taga, el Puigmal, la Tossa d’Alp o el Moixeró,
aunque desde aquí, no consigo identificarlos...
Desde
este punto hay que dirigirse a la Carretera de Horta a Cerdanyola
(BV-1415), que cruza la divisoria por el Portell de Valldaura
(348 m.). Enfrente sale una pista, cerrada al tráfico,
que viene a ser una de las principales arterias de la vertiente
barcelonesa de la sierra: el Passeig de les Aigües,
la continuación de la famosa Carretera de las Aguas,
un camino a media altura, con excelentes vistas, que tiene
que unir en un futuro los dos extremos de la sierra de Collserola,
desde Torre Baró hasta Esplugues. Siguiendo esta pista,
hay que dejar un primer sendero a la derecha y subir por el
siguiente, muy cerrado por la maleza, que sube hasta el Turó
de Valldaura (419 m.), donde hay una torre metálica
y llega un camino encementado. El GR pasa de largo y sigue
por la espesa divisoria, para encontrar poco después
el cruce con el GR 6 (2h10’), que ha subido desde el Velódromo
de Horta para bajar después a Sant Cugat por la Vall
de Gausac o de Sant Medir.
El
sendero se convierte en un estrecho pasillo entre dos muros
de vegetación. Tras dejar un camino a la derecha, sube
al Turó de la Magarola o del Maltall (429 m.), que
tiene un vértice geodésico y un mirador, con
excelente vista de la ciudad de Barcelona. A partir de aquí
el bosque se abre y el camino se ensancha, bajando hasta encontrar
un cruce de pistas en un collado (399 m.). El GR continúa
por la de enfrente, pues a la derecha iríamos a la
Carretera de Cerdanyola y por la izquierda (por donde sigue
el PR) al Passeig de les Aigües.
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Al
otro lado de la sierra, la depresión prelitoral.
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La
pista flanquea ahora la vertiente oriental (lado Vallès)
de la sierra, por debajo de los Turons de Sant Cebrià
y Santa Maria, ahora a través un bosque más
abierto con algunos pinos enormes. Presinciendo de un par
de desvíos que bajan por la derecha a la Vall de Sant
Medir, llegamos al Coll de l’Erola (2h35’), una área
recreativa con fuente, bancos y aparcamiento, auténtico
punto de encuentro para muchos ciclistas antes de empezar
su ruta. La carretera Barcelona a Sant Cugat (BV-1417), más
conocida como l’Arrabassada, pasa justo al lado, pero
el GR la sigue en paralelo por un sendero al final del aparcamiento,
para salir a ella unos metros más adelante, junto al
cruce con la carretera de acceso al Templo y el Parque del
Tibidabo.
Seguimos
esta última carretera sólo unos metros, hasta
encontrar un sendero a la derecha que vuelve al bosque, a
media altura entre el Tibidabo y la Arrabassada. Poco después,
deja un camino a la derecha y va a salir al Coll de la Vinyassa
(463 m.), justo bajo el Tibidabo y la Torre de comunicaciones
de Collserola, levantada en 1991 para las Olimpiadas. El camino
desemboca en una pista que continuamos a la derecha, con buenas
vistas del Tibidabo, Vallvidrera e incluso la zona de la desmbocadura
del Llobregat. Al cabo de unos doscientos metros, dejamos
la pista para bajar por un sendero que entra de nuevo en otro
frondoso bosque, y tuerce luego a la izquierda para pasar
tras un descenso pronunicado junto a la font d’en Canet, en
la cabecera del Torrent de la Budallera.
El
sendero llega ahora a otra pista (3h), siguiendola hacia la
derecha por terreno más llano, y sube un pequeño
repechon tras cruzar un par de torrentes, dejando un camino
que baja a la izquierda. Unos metros más adelante salimos
a otra pista más ancha, que viene de Can Cortés,
junto a la Arrabassada, y que ya no dejaremos hasta llegar
a los primeros edificios del barrio del Baixador de Vallvidrera.
Al llegar a una escuela torcemos a la derecha, pasando primero
frente al Centro de Información del Parque de Collserola,
y justo al lado, por la torre modernista de Vil·la Joana,
museo dedicado al poeta Jacint Verdaguer.
Aquí
empiezan buena parte de los itinerarios y rutas señalizadas
por el parque, así que no es de extrañar que
en uno de los postes, situados junto a la entrada al centro,
llegué a contar hasta nueve señales o indicaciones
distintas de otros tantos recorridos interesantes. El GR baja
por el acceso peatonal, junto a la casa-museo de Vil·la Joana:
es un camino empedrado, en el que varios pequeños paneles
reproducen algunos versos del poeta, y que sube desde la entrada
de la estación del Baixador de Vallvidrera (3h30’)
de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya: en poco
más de diez minutos podemos estar de vuelta en el centro
de Barcelona.
©
texto y fotografías Carles Danon agosto 2005
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