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DE CERBÈRE A ULLDECONA
(GR-92 DE PORTBOU A ULLDECONA) >>

Barcelona, entre la montaña y el mar © Carles Danon.

Etapa 18

MONTCADA I REIXAC - BAIXADOR DE VALLVIDRERA
(17,82 Km - 3h30’)

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Resumen etapa:

Montcada i Reixac - Coll de Montcada 35’

Coll de Montcada - Portell de Valldaura 1h25’

Portell de Valldaura - Coll de l’Erola 35’

Coll de l’Erola - Baixador de Vallvidrera 55’

Total 3h30’

 

 

Empieza en esta etapa la travesía de la Sierra de Collserola, auténtico pulmón de Barcelona y de su área metropolitana. La gran ciudad se extiende en una de sus laderas, y sólo el mar puede detener su expansión; por el otro lado se conecta a través de sus arterias -túneles, autopistas, ferrocarriles- a su extensiones, como Montcada i Reixac, Cerdanyola, Sant Cugat del Vallès o Molins de Rei; más lejanos aún, pero todavía visibles desde lo alto de esta mancha verde, Ripollet, Sabadell, Terrassa, Barberà o Rubí.

A aquél que desconozca sus entrañas -a mí mismo hasta no hace muchos años-, el descubrimiento de Collserola tiene que ser, por fuerza, una gratísima sorpresa. Vista desde la ciudad, nadie diría que al otro lado de esas pequeñas montañas, con muy poco bosque casi todas, coronadas por el Tibidabo (512 m.) y cuyas faldas resisten por poco a la fiebre constructora, se esconden unos bosques, declarados Parque Natural, que no tienen nada que envidiar a otras áreas con mucho más renombre de la geografía catalana.

Eso sí, la proximidad a Barcelona tiene su precio: en fin de semana, muchos puntos de la sierra parecen una avenida más de la ciudad; por suerte, el acceso en vehículo está bastante restringido, pero tanto el GR como la mayoría de las pistas y caminos que la recorren están infestados de gente de toda clase que se escapa de la jaula de cemento durante unas horas. Y muchos visitantes, por desgracia, vienen aquí con un comportamiento bastante urbano; la verdad es que a más de uno le convendría una estancia en alta montaña, para aprender algunas normas básicas de convivencia que no se suelen enseñar en las ciudades. En contrapartida, todo el recorrido está bastante bien señalizado, con postes indicadores prácticamente a cada cruce.

Lógicamente, en esta zona las comunicaciones son excelentes, tanto al inicio (Montcada tiene varias estaciones de tren de cercanías) como al final de la etapa, situado precisamente en la estación del Baixador (apeadero) de Vallvidrera de los Ferrocarriles de la Generalitat. Pese a ello, la primera media hora tiene más bien poco interés, salvo unas amplias vistas de todo el Vallès, desde la misma Collserola hasta el Montseny; eso sí, adornada con unos cuantos polígonos industriales y vías de comunicación en primerísimo plano.

El itinerario empieza prácticamente bajo las vías de la estación de Montcada-Manresa, para cruzar luego al mismo tiempo la carretera C-17, la autopista C-33 y la línea de tren de Puigcerdà, también por un paso inferior. Salimos al camino de acceso al cementerio, que queda a la derecha, y el GR empieza a ascender hacia un depósito de agua, en la ladera del Turó de Montcada. De momento -y durante buena parte del camino- coincidiremos con el PR C-35, que recorre la divisoria de la sierra de Collserola, y con el GR 173, sendero circular por el Vallès.

Ya desde aquí hay una amplia vista del Vallès (pues de momento no hay ni un sólo árbol que pueda ocultarla): las cordilleras Litoral (la Marina) y Prelitoral (del Montseny a Montserrat) son los dos extremos de esta depresión, salpicada por todas partes de pueblos, ciudades, polígonos industriales y autopistas. Santa María de Montcada y Ripollet aparecen en primer plano, separadas por el río Ripoll; más hacia el este, Cerdanyola y la autopista de Sabadell (C-58).

El GR va a rodear el Turó de Montcada por la derecha, de momento por la pista (cerrada al tráfico); a falta de árboles, el camino está jalonado de torres de electricidad. De repente, aparece un frondoso bosque, poco antes de desviarse el PR a la izquierda para ascender al Turó, y dejando al lado una fuente. Entonces empezamos a descender, dejamos la pista a la derecha y continuamos por un estrecho sendero, bastante sucio, que va a salir poco después a lo que parece una urbanización, el barrio de Santa María de Montcada (25´).

Volvemos a subir, ahora por la calle Camí de Sant Iscle, en medio de esta zona residencial bastante tranquila, para salir al poco rato a un polígono industrial donde los servicios de limpieza hace mucho tiempo que no actúan. El PR, tras haber subido al Turó (que ya queda atrás), se une por la izquierda. Hay que rodear el polígono por la derecha, en dirección a la carretera N-150, que se sigue unos metros hasta llegar al desvío, situado en el Coll de Montcada, hacia el Cementerio Metropolitano de Collserola. Hay una parada de autobús (a Barcelona - Fabra i Puig y a Terrassa), por lo que se puede empezar aquí la etapa fácilmente para ahorrarse la primera parte, que no tiene ningún aliciente.

Continuamos por la carretera de acceso al Cementerio, cruzando por un puente la autopista C-58 (35’). Desde aquí asoman a lo lejos los bloques de Ciutat Meridiana y Can Cuiàs, separados tan sólo por una línea de término municipal entre Barcelona y Montcada, pero que en suma, responden al desarrollo urbanístico ilimitado de los años 60 y 70. Muy poco después del puente, un sendero sube a la derecha, empezando -ahora sí- la travesía de la Sierra de Collserola en todo su esplendor, cruza dos pistas seguidas, accesos a un grupo de casas, y continúa por una zona de bajo bosque, todavía con vistas al conglomerado urbano que nos rodea, hasta que desemboca en una ancha pista, que se dirige a la derecha a Santa María de Montcada. A la izquierda, al cabo de pocos metros, el PR se vuelve a desviar para seguir "carenenado" y acercarse al Cementerio, y muy poco después salimos a otra pista más grande, que viene de Cerdanyola por la derecha. Continuamos en sentido contrario, hacia Collserola, hasta llegar a una torre eléctrica, donde dejamos la pista por un estrecho sendero que empieza a bajar por la Vall de Sant Iscle. Se desvía a la derecha primero, y luego llanea hasta salir a una pista, que tras cruzar el Torrent de Sant Iscle, va a salir a otra, más ancha y más transitada: es la que sube desde Cerdanyola por la Vall de Sant Iscle (1h).

Este camino es uno de los principales accesos a esta parte de la Serra de Collserola; así lo atestigua la cantidad de caminantes, y sobre todo ciclistas, que la frecuentan en los fines de semana. Aunque es apta para vehículos, no parece que sean éstos los que más la utilizan.

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Ermita de Sant Iscle de les Feixes, en el valle del mismo nombre

Subimos ahora por la pista, dejando de lado primero la masía de Can Catà y muy poco después, la iglesia de Sant Iscle de les Feixes (S. XI), que queda oculta entre los árboles; en seguida hay una pista que se desvía a la izquierda, hacia el cementerio, que nos permite ver lo que queda de la iglesia, ya que el acceso a la misma se encuentra cerrado. Parece mentira cómo, estando a escasos cientos de metros de Barcelona, al otro lado de Collserola, los campos en los que no llega todavía la luz del sol aparecen blancos de escarcha, ya bien entrada la mañana. Aquí no se nota para nada el teórico calor que desprende el mar, pese a que queda muy cerca... aunque tampoco se notará dentro de unas semanas, al otro lado de la sierra, cuando se alcanzarán las temperaturas más bajas en la ciudad -y en toda Catalunya- de los últimos 20 años. Por suerte para mí, el aire siberiano no ha llegado todavía a la Vall de Sant Iscle.

El GR continúa por la pista que sube a la derecha, siempre siguiendo el Torrent de Sant Iscle, ahora rodeado de un profundo bosque. Al cabo de un rato llega a un prado (todavía helado, cómo no), en el que se deja a la derecha un camino que va a la carretera de Horta a Cerdanyola; aquí la pista pasa al otro lado del valle, pasando junto a la Font de Can Lloses (1h20’). Poco después, en una curva a la izquierda, dejamos la pista que se dirige la carretera del Cementerio (PR C-35) y el Coll de la Ventosa, sobre el barrio de Canyelles, para continuar por un estrecho sendero que se adentra en el bosque, continuando por el Valle de Sant Iscle en dirección al Forat del Vent.

Y aunque cada vez estamos más cerca de la gran ciudad, a decir verdad, parece que nos estemos adentrando en una selva cada vez más profunda. La cabecera del Torrent de Sant Iscle o de les Feixes es de una frondosidad y una exhuberancia espectacular, como no había visto antes en todo el GR 92; quizá sólo es comparable a la zona más sombría del Montnegre... No deja de resultar curioso que este tramo este situado relativamente tan cerca de los barrios de Canyelles y Roquetes, con sus enormes edificios, de la Ronda de Dalt, del metro...

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La cabecera del torrente de Sant iscle es de una frondosidad espectacular

Poco después de pasar la Font de Sant Iscle, el estrecho sendero se aparta del torrente y gira a la izquierda, dejando luego dos caminos más que se dirigen a la zona de Roquetes. Ahora, cada vez más cerca de la divisoria, el bosque se va abriendo, ya que la zona más frondosa ha quedado abajo, junto a la fuente. Cambia de dirección un par de veces más, primero a la derecha y luego a la izquierda, para acabar de remontar la cabezera del Torrent de Sant Iscle, y después de varios desvíos vamos a salir a una pista más ancha, que seguimos hasta un cercano collado en lo alto de la divisoria que separa el litoral de la depresión prelitoral (1h50’); sólo que ahora, entre este punto y el mar, se extiende un paisaje que puede parecer poco atractivo a los ojos del senderista: Barcelona.

El GR 92 va a seguir prácticamente por lo alto de Collserola hasta poco antes de llegar al Tibidabo; el templo ya es bien visible hacia el suroeste. Durante este tramo de camino, lógicamente, los gruñidos y rugidos de la ciudad (especialmente de la Ronda de Dalt) van a estar casi siempre presentes. Por la izquierda, se junta de nuevo el PR C-35, que sigue a la derecha junto al GR. Seguimos ahora subiendo por un estrecho camino junto a una torre eléctrica; la carretera de Horta a Cerdanyola pasa muy pocos metros por debajo. Los ciclistas abundan en estos caminos, donde me parece recordar que no tienen el paso permitido por la normativa del parque, y por experiencia propia, no es difícil que se pueda producir alguna situación de conflicto de intereses. Tras dejar el Turó d’en Fotjà, el sendero se ensancha un poco y se hace más llanero al llegar a un grupo de casetas; entonces nos desviamos de nuevo a la derecha, como para pasar al otro lado, y salimos a una ancha pista, que continuamos ahora a la izquierda, para dejarla a los pocos metros, al final de las casitas, por otro estrecho sendero que sube fuerte en un primer momento, otra vez por encima de la divisoria.

Durante un rato los caminos irán apareciendo y desapareciendo, y aunque es difícil seguir las marcas del GR, no hay posibilidad de pérdida, ya que sólo hay que dirigirse al punto más alto, un turó (en realidad es un promontorio junto a un descampado) desde el que hay una vista inigualable de la ciudad de Barcelona y de todo el Vallès y las sierras que lo delimitan, la Litoral y la Prelitoral, detrás de la que aparecen algunas puntas nevadas más allá de Sant Llorenç del Munt, Sant Miquel del Fai y los Cingles del Bertí: quizá el Taga, el Puigmal, la Tossa d’Alp o el Moixeró, aunque desde aquí, no consigo identificarlos...

Desde este punto hay que dirigirse a la Carretera de Horta a Cerdanyola (BV-1415), que cruza la divisoria por el Portell de Valldaura (348 m.). Enfrente sale una pista, cerrada al tráfico, que viene a ser una de las principales arterias de la vertiente barcelonesa de la sierra: el Passeig de les Aigües, la continuación de la famosa Carretera de las Aguas, un camino a media altura, con excelentes vistas, que tiene que unir en un futuro los dos extremos de la sierra de Collserola, desde Torre Baró hasta Esplugues. Siguiendo esta pista, hay que dejar un primer sendero a la derecha y subir por el siguiente, muy cerrado por la maleza, que sube hasta el Turó de Valldaura (419 m.), donde hay una torre metálica y llega un camino encementado. El GR pasa de largo y sigue por la espesa divisoria, para encontrar poco después el cruce con el GR 6 (2h10’), que ha subido desde el Velódromo de Horta para bajar después a Sant Cugat por la Vall de Gausac o de Sant Medir.

El sendero se convierte en un estrecho pasillo entre dos muros de vegetación. Tras dejar un camino a la derecha, sube al Turó de la Magarola o del Maltall (429 m.), que tiene un vértice geodésico y un mirador, con excelente vista de la ciudad de Barcelona. A partir de aquí el bosque se abre y el camino se ensancha, bajando hasta encontrar un cruce de pistas en un collado (399 m.). El GR continúa por la de enfrente, pues a la derecha iríamos a la Carretera de Cerdanyola y por la izquierda (por donde sigue el PR) al Passeig de les Aigües.

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Al otro lado de la sierra, la depresión prelitoral.

La pista flanquea ahora la vertiente oriental (lado Vallès) de la sierra, por debajo de los Turons de Sant Cebrià y Santa Maria, ahora a través un bosque más abierto con algunos pinos enormes. Presinciendo de un par de desvíos que bajan por la derecha a la Vall de Sant Medir, llegamos al Coll de l’Erola (2h35’), una área recreativa con fuente, bancos y aparcamiento, auténtico punto de encuentro para muchos ciclistas antes de empezar su ruta. La carretera Barcelona a Sant Cugat (BV-1417), más conocida como l’Arrabassada, pasa justo al lado, pero el GR la sigue en paralelo por un sendero al final del aparcamiento, para salir a ella unos metros más adelante, junto al cruce con la carretera de acceso al Templo y el Parque del Tibidabo.

Seguimos esta última carretera sólo unos metros, hasta encontrar un sendero a la derecha que vuelve al bosque, a media altura entre el Tibidabo y la Arrabassada. Poco después, deja un camino a la derecha y va a salir al Coll de la Vinyassa (463 m.), justo bajo el Tibidabo y la Torre de comunicaciones de Collserola, levantada en 1991 para las Olimpiadas. El camino desemboca en una pista que continuamos a la derecha, con buenas vistas del Tibidabo, Vallvidrera e incluso la zona de la desmbocadura del Llobregat. Al cabo de unos doscientos metros, dejamos la pista para bajar por un sendero que entra de nuevo en otro frondoso bosque, y tuerce luego a la izquierda para pasar tras un descenso pronunicado junto a la font d’en Canet, en la cabecera del Torrent de la Budallera.

El sendero llega ahora a otra pista (3h), siguiendola hacia la derecha por terreno más llano, y sube un pequeño repechon tras cruzar un par de torrentes, dejando un camino que baja a la izquierda. Unos metros más adelante salimos a otra pista más ancha, que viene de Can Cortés, junto a la Arrabassada, y que ya no dejaremos hasta llegar a los primeros edificios del barrio del Baixador de Vallvidrera. Al llegar a una escuela torcemos a la derecha, pasando primero frente al Centro de Información del Parque de Collserola, y justo al lado, por la torre modernista de Vil·la Joana, museo dedicado al poeta Jacint Verdaguer.

Aquí empiezan buena parte de los itinerarios y rutas señalizadas por el parque, así que no es de extrañar que en uno de los postes, situados junto a la entrada al centro, llegué a contar hasta nueve señales o indicaciones distintas de otros tantos recorridos interesantes. El GR baja por el acceso peatonal, junto a la casa-museo de Vil·la Joana: es un camino empedrado, en el que varios pequeños paneles reproducen algunos versos del poeta, y que sube desde la entrada de la estación del Baixador de Vallvidrera (3h30’) de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya: en poco más de diez minutos podemos estar de vuelta en el centro de Barcelona.

 

© texto y fotografías Carles Danon agosto 2005

 

 

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