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ETAPA
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COLL
DE CAN BORDOI – COLL DE LA FONT DE LA CERA (22,875 Km. – 5h)
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Resumen
etapa:
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Coll
de Can Bordoi - Coll de Parpers 1h45’
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Coll
de Parpers - Coll de Sant Bartomeu 45’
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Coll
de Sant Bartomeu - Sant Mateu de Céllecs 1h30’
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Sant
Mateu de C. - Coll de la Font de Cera 1h
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TOTAL 5h
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El
Sendero del Mediterráneo continúa en lo alto
de la Cordillera Litoral Catalana, dejando ya el Corredor,
más húmedo y frondoso, y entrando en la Serralada
de Marina (formada por tres sierras: Céllecs, Sant
Mateu y la Conreria), más seca y urbanizada, atravesando
varios collados con carreteras que comunican la costa con
el interior, y ascendiendo a algún turó
con vistas magníficas, en plena divisoria entre el
Maresme y el Vallès, de la que no se separa demasiado
el itinerario.
Por
otra parte, el GR también se va acercando al área
de Barcelona, donde entrará de lleno en la próxima
etapa; pero en ésta, el perfil de la gran ciudad ya
aparece muy cercano. También aparecen, cada vez más,
multitud de caminantes, ciclistas, vehículos, motoristas
y otros especimenes, como consecuencia de la proximidad a
la conurbación y su área de influencia.
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La Torrassa del Moro, entre el Corredor y la Marina.
Al fondo, Sant Llorenç del Munt
© Carles
Danon.
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La
Torrassa del Moro, de origen romano y visible
desde buena parte del Vallès
© Carles
Danon.
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El
Coll de Can Bordoi es uno de los principales accesos al Parque
Natural del Montnegre – Corredor, y es fácilmente accesible
desde Llinars por la carretera de Dosrius (B-510) en una media
hora, al principio con fuerte desnivel. En el collado, y situados
frente a la casa de Can Bordoi (torre modernista, actualmente
albergue de la Fundació Jaume Bofill), se coge la pista
de la izquierda sin asfaltar, en dirección sureste,
que da la vuelta a la casa quedando ésta a la derecha.
En un principio la pista va remontando suavemente, siempre
en medio del bosque, para volverse luego más llanera
y, tras dejar unos campos a la izquierda, vuelve a subir hasta
llegar a un cruce de caminos (28’). Ahí la pista empieza
a descender, y puede seguirse igualmente para acortar el itinerario;
pero el GR se desvía a la derecha por otra pista (hasta
hace poco era un estrecho sendero, pero ha sido desbrozado
y ensanchado) que deja al cabo de un centenar de metros, desviándose
ahora a la izquierda por un sendero que parece subir pero
que en seguida llanea, rodeado de maleza, dejando un par de
caminos a cada lado y apareciendo al poco en la Torrassa del
Moro (428 m. – 35’)
Estratégicamente
situada, la Torrassa es una de las antiguas torres de vigía
edificadas a lo largo del litoral catalán; se cree
que proviene de la época romana o de poco después.
El acceso al interior está cerrado, y desde la base,
la vegetación impide contemplar una amplia vista; de
hecho, la torre es visible desde gran parte de las comarcas
del Maresme y, sobre todo, del Vallès Oriental.
El
camino empieza a descender a la izquierda y, tras pasar por
una corta pero muy erosionada torrentera (atención
a los resbalones), desemboca de nuevo en la pista principal,
que seguimos bajando a la derecha. Poco antes de llegar a
una casa en ruinas, aparece una cantera a lo lejos, a la izquierda,
cuyos desagradables martilleos acompañan durante un
buen trecho. Ahí se junta otro camino por la derecha,
que está erróneamente señalizado como
GR; cuidado, pues, sobre todo si se va en sentido contrario.
La pista continúa tras pasar frente a la vieja masía,
y un poco más tarde desemboca en un vial asfaltado,
junto a una granja y unas pocas casas. Después deja
un desvío a la derecha hacia la parroquia de Sant Esteve
del Coll, con una fuente cercana, para acabar saliendo a un
collado (55’) en la carretera BV-5103, que une Cardedeu (a
6 km., estación de RENFE) con Dosrius (a 2 km., autobuses
a Mataró).
A
partir de este coll sin nombre, volvemos, por así
decirlo, a la civilización, tras las últimas
etapas, poco humanizadas, que nos habían mal acostumbrado.
En vez de atravesar largos bosques silenciosos, ahora volvemos
a pasar por urbanizaciones, caminos muy transitados… Como
ejemplo, la dichosa cantera, cercana a la carretera.
Otro
ejemplo: la carretera asfaltada que sube de frente es el acceso
a la urbanización Sant Carles, la primera que atraviesa
el GR después de unos cuantos kilómetros. En
vez de subir por aquí, seguimos un sendero a su izquierda,
que parece bastante llanero, pero que al separarse luego a
la derecha hace una fuerte subida, hasta que aparece en una
calle (Av. Maresme) de la urbanización, continuación
del vial anterior.
El
GR tuerce primero a la izquierda, dejando una calle que baja
y continúa en suave subida a la derecha, siempre por
la ancha avenida. Dejando otro callejón que se desvía,
al cabo de un rato se acaba el asfalto, la subida y la urbanización
(1h20’). Continuamos por la ancha pista en la divisoria Vallès
– Maresme, ahora descendiente, con buenas vistas de ambos
lados, al principio ocultas por el bosque, hasta llegar a
los campos del Pla de l’Espinal; aquí, justo después
de una masía en ruinas a mano izquierda (y sin señalización
aparente, para variar), se desvía el sendero GR 97-1,
que baja hasta Santa Agnès de Malanyanes (autobuses
a Granollers y Barcelona) y se dirige luego hasta Marata,
donde empalma con el trazado principal del GR 97. Nuestro
itinerario continúa por la pista, entra otra vez en
un bosque y deviene asfaltado al llegar a otra pequeña
urbanización; en unos cien metros llegamos al Coll
de Parpers (1h45’), en la carretera C-1415 de Granollers a
Mataró, junto a un monumento a las víctimas
de la Guerra Civil.
Hasta
hace pocos años, este collado era el principal punto
de paso entre dos áreas densamente pobladas, el Vallès
Oriental y el Maresme, así como entre sus dos capitales,
Granollers y Mataró; así lo demuestra la vía
romana que ahora se está recuperando. La construcción
de la autopista C-60 desvió todo el tráfico
por el nuevo Túnel de Parpers, que pasa más
o menos bajo de nuestros pies. La antigua gasolinera, ahora
cerrada, y el escaso tráfico, atestiguan el declive
de esta carretera. Pero ahora que por fin había desaparecido
el traqueteo de la cantera, otros ruidos, lejanos pero potentes,
retumban en toda la zona… por suerte, esto sólo pasa
pocos días al año (¡pero tenía que ser
justamente hoy!): a pocos kilómetros, en el circuito
de Montmeló, Schumacher, Alonso y compañía
calientan motores para el Gran Premio de Fórmula 1
que se disputa mañana…
Al
cruzar la carretera, sube un camino que alcanza una ancha
pista; ésta seguirá casi paralela al GR 92 hasta
el final de la etapa, y en alguna ocasión, como veremos
más adelante, será más recomendable prescindir
del sendero y continuar por ella. De momento, el GR la cruza
y sigue de frente por el estrecho sendero de la derecha cerrado
con cadena, en medio del bosque; en unos cinco minutos se
desvía a la derecha y empieza a subir hasta situarse
de nuevo en la divisoria, saliendo de nuevo a la pista principal.
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Últimas vistas del Corredor y del Montnegre,
bajo el Turó del Gall ©
Carles
Danon.
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La
seguimos a la izquierda, pasando junto a un merendero. Poco
más tarde dejamos la pista por otro sendero (¡cuidado
con la señalización!) que sube a la derecha
en medio del bosque (2h.), y, tras dejar un par de desvíos
a mano derecha y acercándose a una casa, gira de nuevo
a la izquierda junto a un poste de luz y vuelve por unos metros
a la pista grande, que se dirige al pequeño pueblo
de Òrrius. El GR la deja inmediatamente junto a otro
poste eléctrico, otra vez a la derecha dentro del bosque,
ascendiendo por la vertiente marítima del Turó
del Gall. Más adelante da la vuelta a la derecha, más
llanero, y tras pasar bajo un pino caído (si nadie
lo quita de ahí) se desvía a la izquierda, ahora
con fuerte subida, vuelve a girar a la izquierda al llegar
a otro pino arrancado, vuelve a la izquierda en pocos metros
e inmediatamente, antes de llegar a un camino más ancho
que baja, gira ahora a la derecha para subir en fuerte pendiente
al Turó del Gall (362 m. – 2h 15’). La vegetación
rodea esta pequeña cima, y a veces hay que intuir el
camino, ya que se desdibuja entre los árboles, y la
señalización del GR está en bastante
mal estado (abril 2.004).
Se
baja del Turó por la vertiente oriental (izquierda),
intentando adivinar un sendero entre las piedras y los árboles,
que luego se convierte en un pasillo rodeado de matas, brezos
y madroños. Cuando empieza a llanear, sale otro camino
a la izquierda, mal señalizado e igual de estrecho,
que sigue por el lado marítimo de la divisoria, con
alguna buena vista de la Vall d’Argentona; un poco más
adelante, otro desvío a la derecha con ligera subida,
pasa por encima de una cantera que destroza otra bonita visión
de Òrrius (aunque parece más silenciosa que
la anterior) y llega a un cruce, ahora sí bien señalizado,
en el que se junta un camino por la derecha.
El
GR 92 coincide ahora durante un tramo con el PR C-36 (circular
Granollers – Sant Mateu - Granollers) y la Ruta del Meridià
Verd. Este itinerario fue ideado con motivo del 200º aniversario
de la medición del llamado meridiano de París,
que sigue, lo más cerca posible, desde Dunkerque hasta
el Masnou, y puede recorrerse a pie o en bicicleta.
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Ermita
de Sant Bartomeu de Cabanyes ©
Carles
Danon.
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El
camino, ahora más ancho, desemboca en un nuevo cruce
a unos pocos metros del Coll de Sant Bartomeu (2h 30’). Lo
cruza la carretera BV-5106 de la Roca a Argentona, por la
que se accede fácilmente a Òrrius en 3 km. escasos
(autobuses a Mataró). La pista que hemos ido siguiendo
desde el Coll de Parpers desemboca más abajo, a mitad
camino entre esta población y el collado; por lo tanto,
en caso de perder el camino (lo que no sería muy difícil,
por culpa de la precaria señalización del GR)
hay que volver a la pista y seguirla hasta la entrada de la
cantera, bajar unos metros y torcer a la derecha, dejando
otro desvío a Òrrius, hasta aparecer en la carretera.
A
partir de aquí entramos en el Parc de la Serralada
de Marina, de la Diputación de Barcelona. Al cruzar
el collado sale otra ancha pista ascendente; en un par de
minutos pasamos frente a la iglesia de Sant Bartomeu de Cabanyes.
Dejamos un primer camino a la derecha y al siguiente se desvía
el GR (insisto: cuidado con las señales), primero subiendo
un poquito por la ladera oriental del Turó de Séllecs,
para luego seguir llaneando al entrar en un pinar, dejando
tres caminos que suben a la derecha. Llegados a una bifurcación,
la seguimos -ahora sí- a la derecha, y a la siguiente,
bajamos a la izquierda para volver a salir a la pista anterior,
por la que ha seguido el PR desde Sant Bartomeu. De nuevo,
el ánimo de evitar tramos de pista (ciertamente, bastante
concurrida) hace bastante complicado el itinerario del sendero,
empeorado aun más por el lamentable estado del balizamiento.
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El Turó de Cirers y el Castell de Burriac, sobre
Cabrils
©
Carles
Danon.
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A
partir de ahora, y durante un buen trecho, ya no se repetirán
estos desvíos desorientadores, ya que el GR va a continuar
por la pista, ahora en su tramo más concurrido. La
seguimos a la derecha, y al llegar a la entrada de Can Tarascó,
una importante masía, el PR se desvía a la derecha
de nuevo hacia Granollers. Continuamos por la pista, que al
poco rato llega a una explanada (3h.) en la que se desvía
otro camino a la derecha, hacia las urbanizaciones cercanas
a Montornès y Vilanova del Vallès. Un rato más
tarde, se junta una nueva pista por la izquierda, procedente
del Coll de Porc y de Cabrils. La de la derecha, que seguiremos,
está señalizada hacia Sant Mateu, la Roca d’en
Toni y la Creu d’en Boquet.
La
proximidad a Barcelona se hace cada vez más notoria,
esta vez en el tráfico. Quizá entre semana la
excursión pueda ser más tranquila, pero en un
sábado de primavera, esta pista recuerda poco menos
que a la Rambla en hora punta. Las poblaciones que rodean
el trazado del GR, antes invadidas de segundas residencias,
se han convertido ahora en modernas ciudades-dormitorio, en
las que buena parte de sus habitantes, currantes en
la gran ciudad, inundan los montes cercanos los fines de semana.
Paseantes, corredores, senderistas, ciclistas, turistas, automovilistas,
moteros y quaderos (estos dos quizá los más
peligrosos), sustituyen ahora a los frondosos bosques y aparecen
del rincón más inesperado. Buen avance de ello
fue el paso por el Montnegre y el Corredor, también
muy frecuentados. De hecho, de todos los senderos catalanes,
el GR 92 es de largo el más humanizado, quizá
junto a los GR 6 y 96: a ambos lados de las sierras de Sant
Mateu y la Conreria, las poblaciones de la llamada "segunda
corona" de Barcelona inundan el paisaje y extienden sus
tentáculos a las montañas en forma de urbanizaciones.
El
GR pasa ahora por algunos tramos de esta divisoria; al llegar
a un campo de tiro, hay una buena vista del Vallès,
donde siguen entrenando los Fórmula 1, y del área
metropolitana de Barcelona: el Tibidabo y la Torre de Collserola
ya son bien visibles a lo lejos; y van a ser los puntos de
referencia del resto de la etapa y las dos siguientes. Si
no lo impide la contaminación, también se divisan
más al sur las montañas del Garraf, ya al otro
lado del Llobregat… Sigo sin ver el Ebro ni el Montsià,
todavía, más que en mi imaginación, pero
al menos ya falta muy poco para llegar a la mitad del recorrido.
Poco
después pasamos junto a la Hípica Cabrils, y
en cinco minutos alcanzamos el Dolmen de la Roca d’en Toni.
La pista desciende un poco hasta llegar al Coll de Can Boquet
(3h40), desde el que se puede acceder a Vallromanes, por el
interior, o a Premià, Vilassar de Dalt o Cabrils, por
el lado mar. En el cruce de pistas, haría falta un
policía regulando el tráfico… me faltó
poco para ver un accidente entre un quad un tanto alocado
y un todo terreno prudente en exceso. Al menos, con tanta
concurrencia, quedan más anécdotas por recordar,
algunas agradables y otras no tanto…
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Vista
del Vallès desde la sierra de Sant Mateu. Enfrente,
Sant Llorenç del Munt; a la izquierda, Montserrat
© Carles
Danon.
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Ermita de Sant Mateu, cerca del Turó del mismo
nombre
©
Carles
Danon.
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Desde
Sant Mateu, más allá del Vallès,
se adivinan algunas cimas nevadas del Pirineo ©
Carles
Danon.
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Dejamos
las pistas que bajan a ambos lados y subimos por la que seguíamos,
ahora en dirección al Turó de Sant Mateu, aunque
no llegaremos a alcanzarlo. La pista asciende un buen rato,
ahora quizá con menos tráfico, hasta llegar
a unas antenas y un transormador que quedan a mano izquierda
(3h50’); al pasar éstos, sale al otro lado otra pista
que se adentra en el bosque, bastante más llana, y
en unos diez minutos llega al precioso rincón de la
Font de Sant Mateu. La pista continúa, ahora cerrada
al tráfico con una cadena, hacia el Mas Riera, y enlazará
un poco más adelante con el GR, que por un camino bastante
erosionado sube a la izquierda, pasa por unos prados y llega
a la Ermita de Sant Mateu (4h.), del s. X aunque reconstruida
en el XV.
Por
el otro lado de la ermita baja un camino más ancho.
En este corto tramo de bajada el bosque tapa las vistas del
lado Maresme, pero en cambio al otro lado los campos permiten
disfrutar de una amplia panorámica sobre los dos Vallès,
incluido el circuito de Montmeló que todavía
ruge; al norte, el surco que forma el río Congost entre
el Montseny, cada vez más lejano, y los Cingles del
Bertí, permiten ver muy a lo lejos una montaña
nevada, que identifico como el Taga o el Puigmal. Y hacia
el sur, un poco más adelante, la Torre de Collserola
y el inconfundible Tibidabo, con Barcelona a sus pies.
Entre
estos campos sale a la izquierda un camino más estrecho
por el que la Ruta del Meridiano Verde baja a su final de
trayecto, la playa de Ocata en el Masnou. Casi recomendaría
dejar el GR y bajar por aquí hasta encontrar la pista
que hemos dejado en el transformador, ya que viene un tramo
de camino muy incómodo, que con lluvia puede ser peligroso.
El GR continúa unos metros más por la divisoria,
y al acercarse al Mas Riera deja la pista y baja a encontrar
la que venía de la fuente de Sant Mateu, que sigue
a la izquierda hasta la entrada del Mas, donde hay otra barrera;
la pasamos y seguimos luego el camino de la izquierda, que
al pasar junto a otra casa sigue junto a su valla y empieza
a estrecharse.
Empieza
ahora un tramo infernal en el que la maleza ocupa todo el
camino, por llamarlo de alguna manera: a veces se pierde entre
las matas y es difícil seguirlo. Sin pantalones largos,
las piernas van a sufrir, y con lluvia las caídas van
a ser continuas, pues el suelo es muy arenoso y erosionado;
no sería difícil dejarse algún tobillo
en los surcos que deja el agua. Insisto en que es mejor bajar
desde Sant Mateu a la pista grande por la Ruta del Meridiano,
y seguirla a la derecha hasta volver a encontrar las señales:
la pista y el GR se juntan de nuevo un rato más tarde
(4h30’)
Otra
vez siguiendo la pista en dirección Barcelona, en unos
doscientos metros llegamos a un depósito de agua de
donde sale un caminillo por la derecha, subiendo un poquito
en un pequeño cerro sin árboles, invadido por
restos de muchas noches de pasión de las parejitas
de la zona. De frente a la derecha, baja otro camino no muy
claro entre los árboles y las rocas, más o menos
siguiendo la divisoria, que volverá a salir de nuevo
a la pista principal, un poco más adelante, en un pequeño
collado en el que un camino a la derecha baja a Vallromanes.
A
partir de ahora ya no hay alternativa que valga; el GR 92
sigue la pista una media hora más, tras dejar otra
que baja a la izquierda hacia Teià. El primer tramo
es de subida, pero poco más adelante empieza a descender,
ahora con otra buena vista de las poblaciones del sur del
Maresme (Alella, el Masnou, Montgat y Tiana). Al llegar a
una curva cerrada a la izquierda, sale un atajo por la derecha
que aparece en unos pocos metros en el Coll de la Font de
la Cera (5h), que separa las sierras de Sant Mateu y la Conreria;
ésta quedará para la próxima etapa. Está
situado en la carretera BP-5002 de Granollers al Masnou, y
no pasa ninguna línea de autobús, que yo sepa.
Se puede llegar a Alella en poco más de media hora,
aunque Vallromanes también es fácilmente accesible
por el interior.
A
esta hora ya se acabaron los entrenamientos… al día
siguiente, como no, Schumi impondría su ley
en el circuito.
©
Carles Danon
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