La
Ruta de Los Molinos
Esta ruta, nos conduce por parajes naturales de la Sierra de
Montánchez y nos lleva a conocer las poblaciones de
Arroyomolinos y Montánchez.
Es denominada así, porque una buena parte de su recorrido
la realizamos por una garganta que alberga más de treinta
molinos harineros, de los que algunos de ellos, remontan sus orígenes
a la época romana.
©
Elisabeth Fragoso Pulido
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Portada
Plateresca de la Iglesia de Nuestra Señora de la
Consolación
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Escudo |
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Iniciamos
el camino en Arroyomolinos, pero no podemos hacerlo, sin haber
visitado antes la magnífica iglesia de Nuestra Señora
de la Consolación (considerada una de las joyas arquitectónicas
de la Diócesis de Coria-Cáceres) y algunos de los
notables escudos heráldicos cercanos a la plaza.
Todo
aquel que lo desee y con la intención de acumular fuerzas
para la caminata, puede acercarse a tomar unos buenos churros
con chocolate a cualquiera de las dos cercanas churrerías
que hay en el pueblo.
Dispuestos
a ponernos en marcha y ya con las fuerzas renovadas, partiendo
desde la Plaza y siguiendo las señalizaciones entre estrechas
y enjalbegadas calles con sabor a pueblo, llegamos al lugar donde
comienza el camino de La Garganta.
En este lugar, nos encontraremos con un pilón que en cualquier
época del año incluso en el estío, nos es
muy útil para llenar las cantimploras de fresca agua desde
su caño superior.
Cercanas al pilón, existen una serie de señalizaciones
que nos indican un camino con un curioso nombre "Camino de
la Piedra del Dedo Meñique". Bien merece la pena seguirlas
aunque suponga un pequeño desvío de unos 400 metros.
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"Piedra
del "deo" Meñique"
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En
ese lugar, nos encontraremos una roca granítica cercana
a las cuarenta toneladas, la cual empujada con la mano en determinados
puntos permite su movimiento. Una vez hayamos logrado balancearla
o como aquí decimos "menearla" y sintiéndonos
unos forzudos por mover ese tonelaje, desandamos el camino hasta
el lugar donde nos desviamos.
Una vez allí, solo tenemos que seguir el camino cementado
en el cual veremos colocadas unas recientes señalizaciones
informativas del plano de la ruta.
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Calzada
de los molinos
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Molino
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Piedras
de moler
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Caminando
entre paredes de piedra, viejos molinos y una rica vegetación
de tipo mediterránea nos acercamos al Arroyo de los Molinos.
Este, es de carácter estacional y si lleva agua, podemos
cruzarlo por unas enormes pasaderas de piedra dispuestas con ese
fin. Es en este punto, termina el cementado y comienza una pequeña
subida tras la cual podemos observar el inicio de la calzada empedrada
que paralela al arroyo nos hará ascender La Garganta.
Esta calzada, constituía la vía principal de acceso
a los molinos y si observamos con detenimiento, nos daremos cuenta,
como de ella y en dirección a cada molino que por su lejanía
de ella lo requiera, sale un pequeño camino de acceso.
Estos molinos hoy abandonados y algunos ya en muy mal estado,
son de tipología de sierra. Su origen como apuntamos antes,
se remonta a época romana aunque los más recientes
son del siglo XIX. La mayor parte de ellos están construidos
en mampostería aunque hay algunos en los que se pueden
observar unos perfectos sillares.
La molienda suponía un proceso muy interesante, pues los
molineros, se ponían de acuerdo para ver que día
la realizaban y así soltar el agua de una charca denominada
la Charca de la Suelta. Esta, construida en el arroyo y a una
considerable altura, aumentaba el caudal y se lograba que el agua
llegara en más cantidad a los molinos. Algunos de estos,
y gracias a su disposición podían moler con el agua
que ya había utilizado el anterior. Con este sistema, podemos
decir que se producía un aprovechamiento muy racional del
liquido elemento.
Prácticamente, casi todos los molinos se componían
de; una charca, una conducción o acequia, un alto pozo
que se denomina cubo y un cuarto donde estaban los mecanismos
de molienda.
El agua, pasaba de la Charca por la Acequia y caía al Cubo.
El molinero esperaba a que este se llenara totalmente y cuando
esto sucedía abría una pequeña compuerta
denominada Saetín. Esta, situada en la base del Cubo al
abrirla dejaba escapar el agua que por causa de la fuerte presión
con la que salía, movía las palas del giratorio
Rodezno.
Dicho rodezno, a través de un fuerte tronco denominado
Maza transmitía el movimiento a la piedra superior o Volandera
que con su giro sobre la piedra inferior o Solera (sin movimiento)
procedía a moler el grano.
Cada molino, hoy en día sigue siendo conocido por el nombre
de su dueño, salvo alguno como El Molino de La Cruz que
es llamado así por una cruz que lucía en su exterior.
Conociendo ya un poco más de estas antiguas aceñas
e imaginándolas en sus momentos de máximo esplendor,
continuamos el empedrado que en ocasiones se pierde y se convierte
en estrecha vereda serpenteante entre canchos y rodeada de vegetación.
Así alcanzamos el punto donde a través de un autentico
laberinto de helechos cruzamos el arroyo.
Ya en el otro margen y dominando una explanada libre de vegetación
junto a un bonito salto de agua, nos encontramos con el molino
mejor conservado y habilitado por su dueño como vivienda.
Con este ejemplo podemos hacernos una idea ya más aproximada
de cómo fueron en el pasado esta garganta y más
concretamente todos los molinos que dejamos tras nuestros pasos.
En la parte superior de la explanada y apenas sobrepasado el molino,
surge un pequeño cruce de caminos. Tomando el de la izquierda
y entre impresionantes vistas de Arroyomolinos ya en la lejanía
y muy por debajo de nosotros gracias a la altura que hemos alcanzado,
vamos dejando atrás la garganta y sus molinos para poco
a poco ir acercándonos a Montánchez.
Dicha
calzada empedrada de más anchura que la que discurría
paralela al arroyo, nos va llevando entre paredes de piedra, fuentes
y olivares en escalera a otra vía de tierra bastante transitada.
Mientras caminamos por ella, podemos observar las magníficas
portadas adinteladas con grandes losas de granito dispuestas en
las entradas de muchas pequeñas fincas.
En esta parte del recorrido, nos encontramos con un impresionante
bosque de castaños el cual nos muestra sus tonos ocres
si pasamos en otoño y una gran explosión de verdor
y frescor si lo hacemos en primavera o verano.
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Castillo
de Montánchez
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Camino
Real de Mérida |
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Con
la visión del bosque en la retina, proseguimos nuestra
ruta con el imponente Castillo de Montánchez como vigía
y meta de nuestro camino. La entrada en el pueblo la hacemos entre
la Piscina Municipal y la Residencia León Leal.
Una vez hayamos visitado la Villa, para iniciar la vuelta, debemos
buscar el Camino Real de Mérida conocido también
como "El Revuelo", pues pasa junto a una fuente con
ese nombre.
Desde la plaza, es fácil acceder al camino, pues solo hay
que tomar la calle situada en su esquina izquierda; vista en esta
posición desde la entrada a la plaza por el Altozano. Una
vez en esta calle solo debemos desviarnos en la primera a la derecha
que nos conducirá hasta el inicio del camino.
Esta calzada, con un trabajado y amplio empedrado, nos hace venir
a la memoria las antiguas Vías romanas. Descendiendo por
ella, entre las inmensidades de vistas lejanas, grandes canchales
y numerosas fuentes con pilones de granito y caño superior,
nos acercamos paso a paso al final de la sierra y al inicio de
tierras dedicadas principalmente al cultivo de la higuera y el
olivar.
En el punto donde nuestro camino se cruza con una pista asfaltada,
debemos abandonarlo para seguir esta hacia la izquierda. Así
llegaremos a la carretera que continuándola hacia la izquierda
y a menos de un kilómetro nos acerca al final de la ruta:
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Arroyomolinos
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Antes era posible finalizar la ruta por sin pisar el asfalto,
pero el camino que hacía esto posible, se encuentra
hoy en día intransitable a causa de la maleza que
lo cierra.
Recorrido:
El camino de ida supone aproximadamente unos 5 Kilómetros
y el de vuelta 7.
Dificultad:
No es dura, lo más complicado es la subida a Montánchez.
Es recomendable llevar botas cómodas.
¿Cuándo
realizarla? :Salvo el verano, cualquier época del año
resulta propicia para realizar esta ruta
Otoño: Podemos deleitarnos con un mosaico de tonos;
rojizos de las cornicabras, amarillos de robles y castaños
y los verdes del monte bajo, encinas y alcornoques.
Invierno: El sonido del agua entre piedras y molinos
nos acompaña una buena parte del camino.
Primavera: El amarillo y blanco de las flores en
las escobas, los vivos verdes de los tiernos brotes, el
perfume de las flores que tapizan los campos y el canto
de los pájaros, desbordan nuestros sentidos.
Interesante:
Los cuartos o sala de molienda de algunos de los molinos
han sido reconstruidas como albergues. Todo aquel que desee
quedarse en alguno solo tiene que llamar al Ayuntamiento
y pedir la llave. El teléfono es; 927 38 50 02.
En
el Nº 49 Noviembre del 2001 de la revista especializada
“Turismo Rural” aparece un excelente reportaje sobre esta
ruta.
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