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Suspiros
La
receta que sigue es tradicional y os la escribo según se conserva
en mi familia.
Batimos
un huevo, añadimos una cucharada de harina y otra de aceite y volvemos
a batir hasta que obtengamos una masa uniforme. Para más suspiros:
ponemos más huevos, más harina y más aceite.
Preparamos
una sartén con aceite y una cazuela con leche azucarada, al gusto,
aunque debe quedar dulce.
Cuando ambas
estén calientes comenzamos a freír suspiros. No es fácil
cogerle la mano pero todo se aprende: cuando el aceite está caliente
sin exceso introducimos una cuchara limpia en ella, la sacamos escurrida
y, sin limpiarla, tomamos una cucharada de masa batida, la ponemos sobre
el aceite caliente de forma que el suspiro se fría sobre la cuchara;
se expandirá y, si no se ha pegado la masa a la cuchara -para eso
la hemos mojado en aceite-, el suspiro saldrá de la cuchara y seguirá
su fritura en la sartén hasta dorarse. Cuando esté dorado
lo trasladamos a la leche caliente o hirviendo. Seguimos este proceso
hasta que terminemos la masa. Después de una breve estancia en
la leche hirviendo sacamos los suspiros a unos tazones -para servicio
individual- o a una fuente, con la leche de la cocción, y los tomamos
cuando no nos quemen. ¡Ay
!
© Luis Pérez
noviembre 2002
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Cuentan
en Cartagena, donde durante muchos años se afincó
Álvarez Alonso, autor del famoso pasodoble Suspiros
de España, que el título de la canción
no obedeció a un arranque de nostalgia patriótica
del músico, sino que le puso ese nombre al pasodoble como
homenaje a los suspiros que tomaba todas las tardes
en el Café España de Cartagena, ya desaparecido.
No lo puedo confirmar, pero los suspiros se merecen este pasodoble
y varios más.
L.P.
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Busto
del maestro Álvarez Alonso, en la cartagenera Plaza del Rey.
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