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Santa Orosia
   

SANTA OROSIA, PATRONA DE LOS ENDEMONIADOS.
Su fiesta se celebra en Jaca, los 25 de junio

La procedencia de esta Santa es motivo de discusión, para unos era sobrina de San Acisclo, Obispo de Huesca en el Siglo VIII, para otros era una princesa que vino desde Bohemia a casarse con un príncipe visigodo. Ambas versiones coinciden en que Orosia y sus acompañantes buscaron refugio en los Pirineos pero fueron sorprendidos por tropas islámicas. La joven Orosia rechazó proposiciones matrimoniales por parte del jefe de la morisma, para no abandonar su fé en Cristo, lo que supuso su martirio y posterior descuartizamiento.

En el Siglo XI, 300 años después de estos hechos, la Virgen se apareció a un pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas en Yebra de Basa, para revelarle la historia del martirio de Orosia y la ubicación de las reliquias, expresando su deseo de que se erigiera una ermita en ese mismo lugar. Allí se veneraría la cabeza de la Santa, mientras que el resto de su cuerpo se trasladaría a Jaca, ciudad a la que Sancho Ramírez había concedido un Fuero que era modélico para su época. Este impulsaba su desarrollo y el asentamiento de población al designarla capital del Reino de Aragón que empezaba a despuntar.

Sancho Ramírez también fomentó un cambio en el Camino Francés del Camino de Santiago que, durante los siglos IX y X, había utilizado, para atravesar los Pirineos, la antigua vía militar romana del Puerto del Palo y que seguía por el Monasterio de Siresa hasta Berdún. Sancho Ramírez potencia el camino por Somport y Jaca, lo que suponía el paso obligado por la nueva capital. Las reliquias milagrosas de Santa Orosia fortalecían la importancia de Jaca y su influencia, social y religiosa, se propagaría por el Camino de Santiago.

El primer milagro de Santa Orosia se produjo cuando el pastor, cumpliendo el mandato de la Virgen, se acercaba a Jaca portando las reliquias en su zurrón. Todas las campanas de la ciudad rompieron, solas, a tañer a gloria. Esta historia se puede contemplar en las pinturas al fresco que adornan la Capilla de Santa Orosia, recientemente descubiertos, en la Catedral de Jaca.

Las reliquias están en una urna de plata que ocupa el centro del altar mayor, a ambos lados reposan los restos de San Indalecio, discípulo del Apostol Santiago y de San Félix y San Voto fundadores del Monasterio de San Juan de la Peña.

No sabemos como Santa Orosia se convierte en patrona de los endemoniados o "espirituados", como se les denomina en la zona, pero lo cierto es que hasta 1947, año en que el Obispo de Jaca prohibió su asistencia, la procesión reunía a los endemoniados de toda la redolada y hasta de la vecina región francesa del Bearn, donde Santa Orosia gozaba también de gran devoción.

Los pobres enfermos, en su mayoría mujeres, iban detrás de la urna, con los dedos atados con cordeles. Durante el recorrido aumentaba la tensión, llegando al paroxismo cuando la personoa enferma se situaba bajo las andas que sostenían la urna. En medio de terribles ataques nerviosos, si lograba romper las ataduras de sus dedos, se interpretaba que la Santa la había librado milagrosamente de los demonios que invadían su cuerpo.

Existe un reportaje fotográfico realizado F. de las Heras en los años 1920 en donde se pueden apreciar imágenes de estos hechos que constituyen un documento etnológico de gran valor.

Ahora la procesión, que se sigue celebrando el 25 de junio, conserva muchos de sus antiguos elementos. La formación de la procesión a la salida de la Catedral, en el gran pórtico románico es impresionante: Un abanderado abre paso, detrás los maceros del Ayuntamiento lucen antiguos trajes con los colores de Aragón, marchando al monótono ritmo de cornetas y timbales.

La urna de plata con las reliquias de la Santa va a hombros de los cofrades. Les preceden los danzantes de castañuelas, ataviados con trajes de calzón blancos adornados en azul, tocados con sombreros de cintas multicolores. Mientras interpretan las antiguas danzas a las ordenes del mayoral, llevan un clavel en la boca durante toda la procesión.

También los gastadores del Batallón de Alta Montaña de Jaca, escoltan a la Santa. Siguen los danzantes de paloteado que interpretan antiguas danzas guerreras al son del chiflo y el chicoten, curioso tambor de cuerdas. Los danzantes visten los tradicionales trajes de calzón y chaleco de color negro, adornados con mantones cruzados en la cintura y bandas de seda sobre el pecho.

El Obispo de Jaca, con los símbolos de su autoridad y rodeado del Cabildo, participa en la procesión así como las autoridades civiles y militares de la ciudad. Todo ello discurre por el pasillo formado por los romeros, alrededor de 60, ataviados con grandes capas pardas y que portan las cruces parroquiales de los pueblos a los que representan, todos ellos de los alrededores de Jaca.

Detrás, los jacetanos, muchos con trajes tradicionales, algunos con mejor intención que resultado, y la comunidad gitana de la ciudad, cuyas mujeres suelen ir descalzas en señal de devoción y respeto. Cierra la procesión la Banda Municipal. El recorrido finaliza en la Plaza de Biscós donde, en un templete que levantado al efecto, el Obispo muestra a los fieles los mantos y reliquias de Santa Orosia para su veneración.

Esta procesión que sigue siendo un acontecimiento socio-religioso en la ciudad, tiene una presencia de espectadores foráneos testimonial cuando merecería una mayor resonancia, quizá el motivo sea que en el mismo día se celebra en Yebra de Basa la renombrada romería en honor de Santa Orosia, mucho mas conocida.

Sin embargo esta procesión contiene, aparte de su significado religioso, elementos dignos de contemplar que nos retrotraen a tiempos pasados, un gozo para los fotógrafos de la España profunda y, también, una fecha ideal para empezar el Camino de Santiago desde la ciudad de Jaca.

© Elena Gusano Galindo

Santa Orosia, en grabado de principios del XX
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