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Uno
de esos platos tradicionales de los que se puede decir que el mejor es
siempre el de cada casa, si, pero os reto a mejorar si podéis la
receta personal de mi viejo compañero de trabajo Pepe Domingo,
gran cocinero a juzgar por esta receta, buen colega y bella persona, y
quede claro que yo no uso "bella persona" cuando no tengo otra
cosa que decir de alguien, Pepe lo es. Hace años que no sé
de él, y estoy seguro de que si ve su receta puesta en la red sentirá
un punto de orgullo. Desde aquí le agradezco las espléndidas
comidas que he tenido con este plato, y las que tendré .
Antes de empezar el guiso necesitamos tener preparada una salsa de tomate
frito, también hacemos todos la mejor, pero ya puesto os doy la
mía:
La salsa de tomate
Sofreímos en aceite de oliva unos ajos y algún pimiento
verde, ambos muy picados. Añadimos luego los tomates troceados,
con piel, quizás sobre la advertencia pero es que los he visto
pelar y... ¡virgensanta!... un desperdicio de sabores. Freímos
hasta que esté hecha la salsa y la pasamos por el pasapurés.
Ya tenemos salsa de tomate.
El bacalao
Personalmente prefiero las partes del vientre y la oreja por su mayor
intensidad de sabor, aunque las tajadas sean menos gruesas, cuestión
de poner más. Lo desalamos en varias aguas según costumbre,
de 24 a 48 horas dependiendo de la frescura de la pieza, hasta que no
sepa a sal. Lo desescamamos raspando la piel suavemente sin quitarla ni
desprenderla. Reservamos un poco de la última agua de desalar.
El guiso
Sofreimos una cabeza de ajos cortados por mitad, con piel y todo, y un
pimiento rojo cortado en tiras en una mezcla de manteca de cerdo y aceite
de oliva a partes iguales. Si queremos cuidarnos del pérfido colesterol
lo podemos hacer solo con aceite, sigue resultando excelente aunque...
algo nos perdemos. Una vez terminado el sofrito retiramos los ajos y las
tiras de pimiento. Los ajos ya sobran, el pimiento lo reservamos.
En la misma grasa freímos muy levemente las tajadas de bacalao
rebozadas en harina, lo justo para que el harina cuaje una capa sin llegar
a dorarse, y sin freír el bacalao ni mucho menos. Vamos a seguir
necesitando la grasa, así que tenemos que garantizar que no se
nos quema el harina del rebozado. El fuego más bien lento.
Según vamos sacando las tajadas de la sartén las vamos colocando
en una fuente de hornear con la piel hacia arriba. Ésto es importante,
se trata de que después, en el horno, la grasa natural del bacalao,
que se encuentra bajo la piel, baje hasta la carne de las tajadas. Aquí
está, seguramente, la diferencia entre un buen bacalao y cualquier
otro pescado. Si queremos cuidar el consumo de grasas podemos dejar escurrir
las tajadas en papel de cocina antes de ponerlas en la fuente... algo
nos volvemos a perder. Cuando terminemos con las tajadas debemos colar
la grasa de la sartén para retirar los posos de harina y limpiar
un poco la sartén.
En la misma grasa sofreímos abundante cebolla picada. Una vez sofrito,
escurrimos la cebolla y retiramos la grasa sobrante si la hay, siempre
la podremos usar para cocer una exquisitas patatas, por ejemplo. Añadimos
la salsa de tomate a la cebolla y dejamos que todo cueza lentamente unos
20 minutos para que se tome.
Entre tanto ponemos a cocer uno o dos huevos, según la cantidad
de bacalao que estemos preparando.
Una vez tomada la salsa le añadimos un mortero de yema de huevo
cocida, bien disuelta en un poco de agua del último desalado, pimienta
blanca molida, pimentón dulce y un poco de pimentón picante
o cayena molida (para mi gusto mejor el pimentón picante que la
cayena), lo dejamos 5 minutos y luego lo añadimos todo sobre el
bacalao.
Espolvoreamos por encima pan rallado hasta hacer una capita visible y
perejil fresco muy picado, y sobre todo ello ponemos las tiras de pimiento
rojo que teníamos reservadas.
Metemos la fuente en el horno caliente unos 10 minutos, dejando solo el
grill, lejano y no muy fuerte.
Si tenemos tiempo y previsión, es recomendable dejar reposar y
enfriar la fuente un día, luego ponemos el pan, el perejil y las
tiras de pimiento, y horneamos. La cosa mejora. En este caso deberemos
encender el horno entero para calentar toda la fuente, y no solo el grill.
También podemos congelar el guiso, o parte de él si nos
ha sobrado, descongelarlo muy lentamente dentro de la nevera y luego hornearlo.
De la sal no he dicho nada, ni falta que le hace al guiso, así
que al gusto, igual que la cantidad de las especias. Os recomiendo moderación
y os deseo buena mano para no tapar sabores. De añadir sal, que
sea en el tomate, nunca en los sofritos.
P.S.: Ya sé, ya sé... al terminar parece que la cocina haya
sufrido una invasión masiva, todo está sucio y no tenemos
más que un cazuela de bacalao, pero consolémonos cumplida
y despaciosamente de ello en la mesa. La cazuela lo vale.
© andarines
Luis Pérez
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