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Una de las veces que más frio he pasado fue una noche de San Juan, que habiamos decidido hacer Cuerda Larga aprovechando que había luna llena. Afortunadamente y a pesar de que el calor en Madrid era sofocante eché el "plumas" y alguna otra prenda de abrigo a la mochila por eso de que nunca se sabe. Parecian ridículas tantas precuciones pero cuanto me alegro de haberlas tomado. Cuando llegamos a Valdemartín se nubló, vino la niebla, empezó a lloviznar y a hacer un frio que pelaba, hasta el punto de que llegamos a utilizar calcetines de repuesto, a modo de guantes. Otra vez me metí en buen lio. Había atasco hasta el puerto de Navacerrada, dejamos el autobús en La Barranca. Estaba nevado y yo, tontamente, en lugar de encaminarme al collado del Piornal, me fui hacia La Maliciosa. Encontré unas pendientes más que respetables y sólo asegurandome con el piolé llegué a la cuerda. Superado el peligro me di cuenta de que tenía la ganganta seca. Saqué la cantimplora y creo que me bebí un litro de agua; la verdad es que pasé miedo. Y bueno, cuando más la he disfrutado ha sido un par de días soleados de invierno-primavera en que estaba cubierta de "nieve festiva (*)". El manto no era muy grueso y no cubría los piornos que hay entre Asomatedehoyos y Bailanderos, de ese modo evitamos hundirnos al pisar sobre ellos y provocar el derrumbe de la escasa capa de nieve que a veces les cubre. ©
Pedro López (*) Algunos amigos y yo llamamos "nieve festiva" a la que, ni dura ni blanda y de un manto razonable, no entraña peligro y predispone a su disfrute. |
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