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es una ruta excepcional, quiza de las más hermosas que
pueden hacerse en la Sierra de Guadarrama
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He
hecho la Cuerda Larga varias veces, en diferentes condiciones climatológicas:
con niebla, la primera vez, y me perdí en Loma de Bailanderos;
con nieve, las últimas veces, provisto de raquetas; con mucho
viento, que en algunos momentos era cegador por el polvo que arrastraba,
e inaguantable en los collados; con todo ello junto (nieve, niebla
y viento, el año pasado sin ir más lejos); y con calor,
mucho calor. En cualquiera de las ocasiones la sensación principal
es la falta de agua: hay que llevar al menos litro y medio por persona,
y si el día es soleado quizá hasta dos litros. Cuidado
con las nieblas, pues uno puede terminar bajando hacia la Hoya de
San Blas o hacia La Pedriza en el afán de descender para librarse
de tan incómodo cúmulo de nubes,
(mucho cuidado con descender hacia el norte porque en las laderas
de Cabezas y Loma de Bailanderos suele haber hielo). Y desde luego
concertar con alguien la recogida en el Puerto de la Morcuera, porque
si no, después de la caminata quedan seis u ocho kilómetros
(por la carretera o por camino) hasta llegar a Miraflores para coger
el autobus de regreso.
Pese a todo, es
una ruta excepcional, quiza de las más hermosas que pueden
hacerse en la Sierra de Guadarrama, aunque en los últimos años
las vistas se han afeado por la imparable presencia, en los valles,
de urbanizaciones horribles y voraces, que están destruyendo
los ecosistemas del pie de monte.
©
Jesús Sánchez Jaén
septiembre 2002