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Subida al Mulhacén

El Mulhacén

Subida al Mulhacén

11 de agosto de 2003 La presente excursión se iba a iniciar desde la estación de esquí de Sierra Nevada, por lo que entendí que sería muy oportuno pernoctar la noche anterior allí por dos razones. Por un lado evitaría tener que realizar desplazamientos incómodos por la mañana y por otro más importante, acostumbraría al cuerpo a la altura. Esta estación de esquí, que ya sabemos es la más meridional de Europa, se encontraba absolutamente vacía. El contraste entre invierno-verano es mucho más acusado que en otras españolas, en las que en la temporada estival tienen una cierta vida turística. Tal fue, que me costó bastante trabajo encontrar un lugar donde poder cenar.

Mi hotel se encontraba en la parte más alta, junto al C.A.R (Centro de Alto Rendimiento), donde muchos deportistas se preparan para competiciones que requieren la máxima exigencia física, aprovechando las condiciones naturales que ofrece la altura sobre el nivel del mar. Creo que fue positivo dormir a más de 2.300 metros de altitud, e ir aclimatando el cuerpo hacia mi único temor de esta excursión: La altura.

Amaneció un precioso día de cielo azul que anunciaba una fantástica jornada de montaña, y después de desayunar tomé el coche y cubrí los pocos metros de desnivel que me separaban del Albergue Militar Hoya de la Mora, parece que hoy cerrado, que es donde se sitúa la barrera que impide el paso en coche a los turistas. Me preparo y empiezo a andar.

08.40 h. 2.500 metros de altitud e inicio de la excursión. Efectivamente, la mañana no puede tener mejor pinta, cielo azul y un ligero vientecito que acompaña los pasos. La carretera que sube al Veleta es la más alta de Europa, y va haciendo un serpenteo que es innecesario para el caminante. La senda a seguir es un camino no marcado, pero perfectamente identificable, que sube recto hacia el Veleta y que va a presidir la ascensión durante gran parte de la mañana.

08.50 h. 2.580 m. Llego junto al monumento dedicado a la Virgen de las Nieves, un sencillo triángulo hecho con piedra de unos 5 metros de altura en cuyo vértice superior se encuentra una estilizada imagen de una virgen con el niño. Me encuentro a una pareja que baja y él se ofrece a hacerme una foto. Me cuentan que subieron a las cuatro de la madrugada al Veleta para ver el amanecer: -¡Somos los primeros españoles en haber visto hoy salir el sol! Ella de rodillas, parecía estar despidiéndose de la virgen. Le agradecí la foto y seguí andando, alegrándome de no haberle rectificado con aquello de "¡Falso! La parte de España que antes ve el amanecer es el extremo oriental de la isla de Menorca". Le podía haber dicho: -"¡En ver de ir al Veleta, la próxima vez vete a Mahón!", pero hubiera sido un crimen romper aquel momento tan místico de la pareja que bajaban realmente emocionados, y no me extraña, porque si hoy 11 de agosto de 2003 será luna llena, anoche debieron subir con la preciosa iluminación que ofrece nuestro satélite cuando está en su máximo esplendor. Quizás algún día les imite y haga yo lo mismo.

Desde mi posición, dejo a mi izquierda un pequeño observatorio astronómico fuera ya de funcionamiento.

09.05 h. 2.660 m. Llego a una bifurcación de la que sale una pista hacia Borreguiles, punto intermedio de la estación de esquí.

10.00 h. 2.900 m. Hago un alto en el camino. Me encuentro delante de una vista excepcional. Con el Veleta a mi espalda ofreciéndome su vertical cara NE, tengo enfrente los dos edificios blancos del nuevo observatorio y la estación radioastronómica, las pequeñas construcciones de Borreguiles en primer término, en segundo la estación y a lo lejos se puede, más que ver intuir, la ciudad de Granada. La bruma me impide distinguirla con claridad, pero mi brújula y mi mapa me indican que aquellas edificaciones pertenecen sin duda alguna, a la que resulta ser una de las ciudades más bonitas de nuestro país.

11.15 h. 3.200 m. Llego a la bifurcación de la pista que divide el camino hacia el Veleta, del que tomo el de la derecha hacia el Collado de la Carihuela. Hasta muy cerca de donde me encuentro, llega un telesilla desde Borreguiles, de donde a su vez llega un telecabina desde Pradollano. Total que por medio de remontes mecánicos te puedes plantar a sólo 300 metros de desnivel y 1 hora andando del Veleta. La mayoría de la gente que veía en el camino de subida, toma la desviación de la izquierda.

11.30 h. 3.220 m. Llego al Collado de la Carihuela donde cambio de vertiente, encontrándome de golpe con toda la cara sur de Sierra Nevada. A mi izquierda, muy próximo a donde me encuentro, veo perfectamente el Pico Veleta con su agreste cara sur. Junto a él, el Cerro de los Machos. Justo en dirección este, veo por primera vez el destino de mi excursión de hoy, el Mulhacén, ofreciéndome su casi vertical cara norte. A mis pies la pequeña laguna de Aguas Verdes, inicio del río Veleta, y más abajo el moderno refugio de Poqueira, dotado de helipuerto. A pocos metros del Collado, el refugio de la Carihuela, que no hago ni intención de visitarlo.

El cambio de panorama ha sido total. Aquí no hay remontes, ni edificaciones, ni gente. Sierra Nevada ha tomado a partir de este punto, un cambio radical en su fisonomía y se puede decir que hemos entrado en la alta montaña. Sé que es chocante que se diga eso a partir de los 3.200 m., pero es así.

La ancha pista de tierra por donde camino, es atravesada por un nevero que deja poco más de medio metro libre. Pasar por aquí, hasta bien entrado primeros de junio es seguro pisar nieve.

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Raspones de Río Seco

12.25 h. 3.140 m. Llego al Collado del Ciervo, dejando atrás la vertiente de aguas del Río Veleta, para pasar a la del Río Seco. A mi derecha, al sur, aparecen las lagunas homónimas y junto a ellas una de las vistas más características de esta zona: Los Raspones de Río Seco. Este conjunto de picachos, todos ellos alineados según la dirección Norte-Sur se pueden asemejar a un inmenso serrucho, algo desdentado y poco uniforme. Como en casi todos los sitios a partir de los 3.000 metros, la presencia de neveros aislados es constante.

Sigo andando, siempre dirección este, teniendo como horizonte predominante el Mulhacén. En el cielo han ido apareciendo algunas nubes, en ocasiones grisaceas, pero no parece indicar por ahora, que la lluvia vaya a hacer acto de presencia. A poco más de un kilómetro del Collado del Ciervo, abandono la pista para subir una pequeña loma donde según mi mapa Alpina, debo ver el último hito antes de la subida final al pico más alto de la península.

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Laguna de la Caldera

13.00 h. 3.160 m. Corono este pequeño montículo, dejando a mi derecha la Punta de Loma Pelada y aparece ante mí un espectáculo impresionante. Me encontraba como en la cresta de un volcán, donde el cráter era la Laguna de la Caldera y las paredes laterales un anfiteatro pétreo de más de 100 metros de caída. En el centro de la laguna se veían dos pequeñas barcas inflables que pertenecían a agentes forestales, supongo que con alguna actividad relacionada con la repoblación de peces. No se oía nada, y excepto esas personas, tampoco se veía a nadie más.

Con cuidado voy bajando paso a paso hasta salvar la distancia que tengo para llegar junto a la laguna. En menos tiempo del que me parecía en un principio llego a la laguna, y allí junto a ella, de piedra y perfectamente integrado en el paisaje, se encuentra el refugio de la Caldera que marca en su puerta una altura sobre el nivel del mar de 3.080 metros. Allí charlo con dos excursionistas, uno de ellos madrileño y el otro catalán. Este segundo va acompañado de un hustky. Son las 13.30 h. y paro 10 minutos para reponer fuerzas y afrontar el último y definitivo tramo, el que me separa hasta el Mulhacén.

13.40 h. Inicio la subida, estamos hablando de ascender 400 metros en el breve espacio de 1 kilómetro, es decir, salvar un desnivel del 40 %. Aunque las comparaciones son odiosas, y para que nos hagamos una idea de alturas, recuerdo que la Torre de Madrid, en su día la edificación más alta de Europa, tiene 120 metros de altura, y para los que han visitado París, el último nivel de su Torre Eiffel está a 275 metros del suelo. El piso no es muy malo aunque después de tantos millones de inviernos, de tanta agua, nieve y hielo, todas las pizarras están partidas y en muchas ocasiones al apoyar el pie, éste baja unos centímetros.

15.00 h. 3.400 h. Cada diez minutos estoy parando uno o dos a descansar, porque estoy acusando, no sé si el esfuerzo o la altitud, o las más de seis horas que llevo, lo cierto y verdadero es que me encuentro a pocos metros de la cumbre. No se oye absolutamente nada. La tarde está gris y amenazan nubes bajas (muy relativo eso de decir que una nube a 3.400 metros de altitud está baja) con convertirse en nieblas, algo que he leído es bastante habitual por aquí en estas fechas.

15.15 h. 3.479 metros de altitud. En la península ibérica no voy a poder escribir una altura mayor. Acabo de coronar el Mulhacén y la emoción que me embarga es realmente indescriptible. La cima en donde me encuentro es de gran extensión, para nada pensar que el Mulhacén es un pico puntiagudo donde solo cabe una persona. Estamos hablando de una superficie donde hay restos de un par de pequeñas construcciones y un pequeño promontorio de dos o tres metros de altitud en cuya parte más alta se encuentra el punto geodésico indicador de la altura, y en su base una hornacina dentro de la cual, hay una virgen tras un cristal. Protegiéndolo, hay una reja en la que han ido poniendo todo tipo de iconos: anillos, tarjetas de visita, sombreros, fotos, recuerdos de personas que subieron y que han querido dejar allí su ofrenda.

Aunque la temperatura no era desagradable, me puse una prenda de abrigo para evitar que el sudor se me enfriara y me senté a contemplar lo que la vista y las nubes me permitían: El Veleta, el Refugio de la Hoya de la Mora, junto al que había dejado mi coche, el Pico Alcazaba y la laguna de la Mosca, 1.600 metros bajo mis pies. Muy a lo lejos, en dirección norte, se podían distinguir los cauces de los pequeños arroyos que acaban dando vida al río Genil. Próximos a mí, revoloteaban algunos pájaros, que lejos de huir de los humanos se paseaban por mis alrededores, yo creo esperando comida. Allí pasé un rato largo descansando, contemplando y viviendo aquella experiencia. La temperatura bajó un poco, y las nubes amenazaban con su presencia.

15.50 h. Inicio el camino de vuelta, y con permiso de un par de cabras que paseaban por allí, empecé a bajar aquella monumental cuesta que tanto esfuerzo me había llevado subirla. Evidentemente el tiempo invertido en este recorrido fue mucho más corto y en poco más de media hora, llegué al final de la cuesta que no es otra cosa que una pista forestal que termina en el pueblo de Capileira.

16.25 h. Termino de bajar. Ahora el Mulhacén se encuentra bajo una espesa niebla. Me acerco por el refugio para despedirme de estos chicos que había conocido en la ida. Ellos iban a hacer noche y subir al día siguiente.

Aprieto el paso en la vuelta ya que no quiero que se me haga muy tarde.

17.25 h. Atravieso el Collado del Ciervo.

18.15 h. Llego al Collado de la Carihuela, lugar de despedida. Giro y miro por última vez en este viaje la cara sur de Sierra Nevada, entre agreste y salvaje, un lugar donde reina el silencio todo el año, solo roto como ahora, con la impresionante escena de ver bajar a toda velocidad una cabra montesa por un lugar donde el más ágil de los humanos necesitaría un buen equipo de escalada.

Las pequeñas nubes rotas a jirones vagan errantes por las cumbres. Parece humo. Parece que la montaña hierve. Con mucha tristeza vuelvo a girarme y sigo montaña abajo, ya en la explotada vertiente norte.

18.40 h. La vista que tengo ante mí es más espectacular ahora por la tarde, que la que tuve por la mañana. La riqueza cromática vespertina disimula los remontes y realza los relieves y las formas de la montaña. La temperatura era estupenda e iba bien de hora, por lo que disfruté enormemente de esta parte de la excursión.

Me adelantan unos ciclistas que vienen desde Durcal ¿Desde Durcal? Les pregunté extrañado. Me contaron que el verano pasado se fueron desde Granada a Gijón, y todo sin pisar una carretera de asfalto.

19.50 h. Siguiendo el camino de tierra, bien visible sobre todo cuando uno baja, llego junto al monumento de la virgen de las nieves, indicador de que mi excursión se acerca al final. Me cruzo con algunas personas que se han acercado un rato por la tarde a conocer el pequeño monumento, o el antiguo observatorio. Ya hemos comentado en alguna ocasión, que la montaña permite adaptarse a las posibilidades y apetencias de cada uno.

20.00 h. Llego junto a la barrera, aquella que atravesé hace ahora más de once horas. Miro hacia atrás y veo el cortado del Veleta, verdadero rey de Sierra Nevada, y más a mi izquierda lanzo la última mirada al pico más alto de la península, aquel que fue destino de mi excursión.

Pongo punto final arrancando el coche y dejando Sierra Nevada. En la bajada, compré un jamón serrano que resultó buenísimo. Sé que en mi casa iba a ser bien recibido, pero con un jamón en la mano, la alegría de todos sería mucho mayor.

 

© texto y fotografías Carlos Díaz

 


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