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.. Cascada del
Campillo Charo Bustamante abril 2004
Nos dirigimos al Puente de San Pedro para caminar por sus alrededores. Hoy subiremos por la carretera hacia Zaorejas durante un kilómetro y medio, pudiendo observar con más detalle de lo habitual las formaciones tobáceas que delimitan esta carretera Hemos dejado a nuestra izquierda la pista que bordea el Tajo y se dirige al puente de Poveda de la Sierra, en la que la Cascada de la Escaleruela se muestra preciosa después de varios días de lluvias.
Casi llegando al desvío, los campos de mimbres comienzan a brotar, pero sus pequeñas hojitas aún no le quitan color a este campo anaranjado que parece querer hacer juego con las rocas. Frente a él el cerro del Campillo da nombre a toda esta zona. A la derecha de la carretera se separa la pista que lleva a la piscifactoría y que nosotros seguiremos, cruzando por un puentecito el Arroyo de la Fuentecilla de la Cañada. Se conoce como arroyo pero yo diría que es un río, tal es su caudal, incluso en verano.
De aguas cristalinas, verdes como el Tajo, lleno de plantas acuáticas, atrae nuestra mirada durante el tramo que le llevamos cerca, mientras nos adentramos en la zona del Campillo por la pista en buen estado que en poco rato nos lleva al embalse de La Herrería. La imagen del embalse es preciosa, entre altos montes recortados, detiene al Tajo, por increíble que parezca, y lo convierte en una poza tranquila bajo su presa, y seguirá su curso, sin tanto ímpetu por el momento, aunque pronto recobrará la fuerza perdida y volveremos a verle grande y señor allá por las tierras cercanas a Huertapelayo. Después de contemplar la verde masa de agua, cruzamos por el puente de la presa y a nuestra derecha encontramos un senderillo que sube decididamente por la empinada ladera. Pronto el desplome de un torrente lo corta. Tenemos que salvar este escollo sin mucha dificultad y continuamos hacia la cola del pantano.
El sendero es cómodo y bien marcado, sube sin dudarlo pero con buena traza que no nos cansa, para mostrarnos en poco rato la primera imagen de la Cascada del Campillo.
Entre pinos,
la cascada se va dejando ver, dándonos una idea de su tamaño
hasta que llegamos a un punto en que se nos muestra completa y hermosa. Es el Arroyo de la Fuentecilla de la Cañada, que antes nos atraía y que ahora se desploma en medio de gran estruendo. No puedo calcular su altura, pero recuerdo a La Escaleruela y esta no le va a la zaga. Surge con fuerza y se abre dejando que algún que otro brazo se le separe. Seguimos subiendo hasta llegar al Barranco de la Noguera, donde la senda se separa del río y asciende poco a poco, con la misma cómoda subida del principio. Casi de forma imperceptible llegamos a la parte más alta. Este barranco no suele llevar agua, pero hoy, que el campo rezuma por los cuatro costados, tiene un caudal no muy abundante pero sí agradable.
Llegamos junto al cauce, en el punto donde el barranco hace un brusco giro a la izquierda y sube en busca de la pista. Nosotros lo cruzamos y nos internamos en un bonito pinar donde el sendero nos conduce hasta una pista casi llana que acaba en pocos minutos en la más grande y transitada por los coches que une el Puente de San Pedro con Villar de Cobeta. Podríamos
decir que aquí comienza la segunda parte de esta ruta, porque ahora
nuestro interés lo ponemos en el meandro que forma el Tajo. Lo primero que nos llama la atención es una enorme pared de rocas anaranjadas y puntiagudas, La Peña del Ceño. Pero pronto nos volvemos a mirar, a través de los pinos, los cortados que sirven de pared al cañón del Tajo. El río va profundo, y forma un gran meandro que se abre paso entre las rocas. Las paredes muestran claramente los plegamientos de los estratos rocosos mientras que la belleza del lugar nos atrae y no nos permite mirar a otro sitio. La bajada
nos muestra imágenes extraordinarias. A nuestra izquierda la cercana
Peña del Ceño, y continúa con el cerro de La Loma
del Castillo, también conocido como el Castillo de Alpetea. Su
forma recuerda una fortaleza, y de hecho, en este lugar , según
me han contado, hubo un campamento carlista y otro nacional durante la
guerra de 1.936. Junto a él, hacia la izquierda, los farallones del Gallo, uno tras otro, en una línea que en dirección opuesta al Puente de San Pedro nos lleva a Cuevas Labradas siguiendo la cuerda de los cantiles. Al frente, sobre el hundido que forma el río, los roquedos caprichosos de la Escaleruela, en donde podemos apreciar lejana la cascada que forma el arroyo del Ciño Negro, hoy cargada de agua. Más a nuestra derecha, Peñacorva y los cuchillos rocosos del Campillo. Es una preciosa imagen que difícilmente se olvida. Dejamos atrás este monte y nuestro meandro, que de nuevo en la bajada se deja ver desde otro punto. Aquí me llaman la atención las rocas que a la derecha del río se agrupan en forma tal que bien podría ser una fortaleza de cuentos. Encontramos al poco la carretera que viene del Puente de San Pedro y nos dirigimos a él para concluir nuestra ruta, con la mente llena de preciosas imágenes. © textos,
esquema y fotografías Charo Bustamante Merino
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