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Cruz
del Carmen-cortafuegos-Pista de las Yedras
(MACIZO
DE ANAGA)
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Mirador Cruz del Carmen, 8,30 a.m.
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Dije
que regresaría a Anaga y lo he hecho, este
macizo es como una droga, si vienes una vez te quedas prendado de
sus senderos y quieres volver a repetir cuantas veces sea necesario.
Esta vez me decido por partir desde el Restaurante que está
en el Mirador de Cruz del Carmen; a su izquierda hay
una señal que nos indica El Batán, Punta
del Hidalgo, Tegueste, es un cortafuegos que sirve de camino
para llegar a la casa forestal que se encuentra casi a su término.
Llego
temprano al Mirador, no hay nadie, sólo dos coches aparcados,
alguien ha tenido la misma idea que yo, son las 8.30 de la mañana,
es domingo, me apresuro a salir ya que más tarde este lugar
se llenará de turistas y será imposible estar aquí
respirando la tranquilidad que hay a esta hora.
Comienzo
mi camino en el lugar citado, es un cortafuegos de unos cuatro metros
de ancho, muy sencillo de caminar, a sus lados podemos encontrar
el típico monteverde de la Laurisilva con laureles, brezos,
fayas y codesos, el terreno es bastante duro ya que es muy frecuentado
por infinidad de senderistas y está bastante pisado, tiene
al principio una bajada donde hay que tener un poco de precaución
por los resbalones, me fijo que a los lados se adentran muchas veredas
que van a dar a la carretera de Las Mercedes y que
a veces son como especies de apartaderos donde se hace apetecible
un descanso en la sombra. Al fondo y en alto, veo la silueta inconfundible
del Teide, como si fuese un vigilante.
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Poza de agua en el sendero
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Pronto
encuentro un cruce, veo la casa forestal, a la izquierda sigue la
pista que va a dar a la carretera de Las Mercedes,
a la derecha, un sendero se adentra por la Laurisilva, está
señalizado como sendero turístico, va a dar a la Pista
de Las Yedras, a la vuelta lo tomaré, por lo pronto
sigo mi camino por la pista hasta que llegue a la carretera que
va a El Batán. Encuentro una pequeña
poza de agua, imagino que fue hecha para aprovechar las escorrentías
de agua y empozarla en estos pequeños huecos y luego aprovecharla,
la pista esta llena de ellas, actualmente sirven como bebederos
de pájaros y animales.
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Los árboles se cruzan en el camino
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Cresta
de gallo
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Un
poco más adelante, a la izquierda, encuentro un paso cerrado
con una cadena, es una entrada que lleva a la casa forestal, la
ignoro y sigo mi camino hacia la carretera. Un poco más adelante
veo como se adentra un pequeño camino hacia el interior del
Monteverde, a 100 metros esta el final de la pista por la que he
venido, al fin llego a la carretera, he tardado en llegar hasta
aquí una media hora, tomo un poco de agua y desando mis pasos
hasta la pequeña entrada que vi 100 metros antes, es un pequeño
camino muy estrecho y con una bajada muy pronunciada, va directamente
a la Pista de la Yedras, al llegar a la pista, giro a la derecha
y camino un poco hasta llegar a un pequeño mirador natural
desde donde disfruto de la vista del Barranco del Río,
mas allá distingo algunas casas dispersas de El Batán.
Me encuentro con algunos ejemplares de Bejeques espectaculares y
alguna cerraja, todo ello mezclado con la flora característica
del Fayal-Brezal, denominación que se le da a la Laurisilva
canaria. En el cielo puedo observar a una pareja de aguilillas (Buteo
buteo), estoy invadiendo su territorio porque cuando me ven
empiezan a piar con su característico sonido. Sigo mi andadura
por la pista de las Yedras, el paisaje no es tan característico
de Laurisilva, pero si puedo advertir varios ejemplares de Viñátigos,
Laureles y Delfinos, entre otras plantas.
Me
cruzo con varios senderistas, gente paseando y también algún
ciclista, esta pista es muy frecuentada, me doy un poco de prisa
hasta llegar a una bifurcación, a la izquierda se adentra
un sendero con una indicación que señala El
Río, a la derecha, el mismo camino con una indicación,
sube hacia la casa forestal, tomo éste, el de la casa forestal,
me llevará al cortafuegos por donde venia desde el principio,
esta señalizado como sendero turístico. Al principio
sube por un ligero desnivel, hasta llegar más adelante casi
llano, encuentro un buen sitio para desayunar y descansar un poco.
En estos lugares la quietud y la tranquilidad son la nota característica,
mientras descanso, observo la flora característica de aquí,
es principio de otoño y el camino esta alfombrado con una
capa de hojas secas, imprescindibles para el mantenimiento de este
ecosistema, hacen muy buen contraste con las ramas verdes por la
humedad de los árboles, saco alguna foto, es curioso ver
como las ramas de los árboles caen sobre el camino formando
una especie de tubo volcánico y dando la sensación,
mientras caminas, de que vas por una cueva. Es hora de seguir, el
camino discurre tranquilo, en los bordes del sendero hay muchos
helechos y muy verdes, la humedad de estos suelos y la poca insolación
les ayudan a subsistir. Me paro porque veo como una Paloma Turqué
(Collumba junoniae) se mueve entre las ramas, me acerco para
hacerle una foto, pero son tan huidizas que enseguida cogen vuelo.
Su color turquesa es inconfundible, de ahí su nombre, es
una paloma en peligro de extinción que sólo vive en
la Laurisilva canaria y es muy difícil de ver. Voy llegando
al final de este sendero por una suave pendiente que tiene unos
escalones tallados en el suelo, al poco tiempo llego a la pista
del cortafuegos, tomo a la izquierda y en unos minutos estoy otra
vez en el Restaurante de la Cruz del Carmen, lugar
desde donde partí esta mañana, son las 12 del mediodía,
me da tiempo de hacer unas cuantas fotos en el Mirador de
la Cruz del Carmen, no es la hora apropiada para ello ,
pero lo intento, el Teide en el fondo me "provoca", y
sin más la hago, creo que la foto describe todo el encanto
y tranquilidad que se respira por aquí a pesar de estar muy
concurrido por gentes de casi todos los lugares. Me da tiempo de
curiosear por los alrededores, visito el Centro de Visitantes,
donde hay una exposición permanente del Parque Rural y donde
puedo informarme de todas las características del mismo,
desde como vivían sus moradores en la antigüedad hasta
los aparejos que usaban, tanto para las tareas agrícolas
como las de la casa. Hay un itinerario, que contratado previamente,
enseña como era la vida en estos caminos, ya que fueron rutas
muy importantes en la vida de sus antiguos usuarios, mayoritariamente
las "Gangocheras", mujeres que en su mayoría se
dedicaban al trueque y que venían por estas tierras a cambiar
los productos de su cosecha por otros que carecían. Este
recorrido se inicia en el Centro de Visitantes y concluye aquí
mismo, durando una hora y teniendo una longitud de aproximadamente
1,5 kilómetros, es un paseo lleno de tradición, lo
recomiendo.
En
el Macizo de Anaga, cada vez que vengo, descubro algo nuevo por
eso volveré pronto y os contaré mis andanzas por estos
lugares de inigualable belleza.
©
texto,fotografías,
y croquis
Francisco Fariña
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Croquis
sin escala de la ruta
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