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Aparcamiento
del Parque Recreativo Ramón Caminero
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El
recorrido es mayoritariamente por pistas forestales
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Domingo
17 de septiembre de 2006.
Desde el Parque Recreativo Ramón Caminero, donde estuve
hace quince días para recorrer la pista forestal de Arco
de Chimoche, parte otra pista llamada Pista de Izaña
de similares características que la anterior, que pasa
por la Choza Bolinaga y Cuevitas de Limón y desemboca
en las Piedras del Mal Abrigo, en la carretera dorsal TF-24,
justo en la pista forestal que viene desde Anocheza en Güimar.
La
climatología es mas benigna que en días pasados
ya que se han suavizado las temperaturas y los días son
un poco mas cortos debido a la proximidad de la nueva estación.
Procuro estar en el punto de partida lo mas temprano posible
para aprovechar el tiempo y recorrer lo máximo posible.
Partiendo
desde el parque recreativo y después de pasar de largo
el sendero que va hacia la Pista del Arco de Chimoche, encuentro
varios tanques de agua justo al lado de la zona de acampada
del parque; paralela al camino discurre la tubería de
agua de la Galería Pino de la Cruz, el recorrido por
la pista forestal es en suave ascenso y entre pinar joven de
repoblación. Un poco mas adelante encuentro una señal
que indica Pista de Izaña y una bifurcación a
la derecha que es el acceso a la zona de la galería;
a unos cien metros está la bocamina y junto a ella una
pequeña capilla, en un llano anejo está la edificación
que alberga la maquinaria y un pequeño lugar de ocio
con mesas y agua. La vegetación de los alrededores consta
de Vinagreras (Rumex lunaria), Malpicas (Carlina xeranthemoides),
Codesos (Adenocarpus foliolosus), numerosos arbustos de Rosalillo
de Cumbre (Pterocephalus lasiospermus), que estuvieron a punto
de extinguirse y Escobones (Chamaecytisus proliferus).
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Araña
aculepeira (Aculepeira ceropegia)
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Choza
Bolinaga.
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Desando
mis pasos hasta el cruce anterior, donde estaba la señal
de Pista de Izaña, dicha pista asciende suavemente por
el pinar entre sotobosque de Codeos y Escobones, en algunos
árboles hay señalizaciones de "sendero turístico"
por lo tanto es señal que voy en buen camino. Pronto
encuentro una bifurcación a la derecha, es un atajo que
va bordeando el Barranco de las Llavitas y que corta la pista
en diferentes puntos hasta llegar a Cumbrita Fría, en
las faldas de Montaña Limón, lo ignoro y sigo
adelante por la pista original del recorrido hasta llegar a
otro cruce, esta vez a la izquierda, y que enlaza, de nuevo,
con la pista Arco de Chimoche. Después de cruzar el cauce
de un barranco y pasar por un tramo de camino empedrado en suave
ascenso, llego al lugar conocido como Choza Bolinaga, lugar
donde hay una choza de madera con bancos para descansar y un
sendero que desciende frente a ella hasta enlazar también
con la pista del Arco de Chimoche. En esta parte también
se están realizando talas controladas de árboles
para el mantenimiento del pinar, por lo tanto el paisaje por
los alrededores de la choza en algo desagradable y no tiene
nada que ver con la condición habitual de este lugar.
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El Teide visto desde un claro del pinar.
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Cueva
en Cuevitas de Limón
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Mas
adelante siguiendo la ruta y gracias a algunos claros del bosque,
puedo divisar una bella panorámica del Valle de la Orotava
en primer plano con la Ladera de Tigaiga de fondo; los Codesos
y Escobones siguen siendo la vegetación principal, junto
a ejemplares aislados de Tejos (Erica scoparia) y de Retamas
del Teide, que nacen preferiblemente en los sitios alejados
de paso, como en los cauces pedregosos de los barranquillos
que cruzan la pista forestal. Después de uno de esos
barranquillos llego a una curva muy cerrada a la derecha y con
ella a Las Cuevitas de Limón, así lo indica una
señal de norte geográfico; es un lugar cuyo nombre
se debe a la existencia de varias cavidades volcánicas
que provienen de la erupción de Montaña Limón.
A la vista hay una de ellas y mi curiosidad hace que vaya a
escudriñar mas de cerca esta manifestación geológica,
aunque tiene poca profundidad puedo observar varias formaciones
volcánicas como son los estalafitos en el techo de la
cueva y las cornisas a los lados del cauce por donde discurrió
la lava. Por los alrededores del lugar puedo observar claramente
diferentes fenómenos geológicos debidos a la actividad
volcánica, como por ejemplo las lavas cordadas, que se
han formado por el enfriamiento en forma de pliegues del cauce
de lava; también veo lavas superpuestas, placas solidificadas
una sobre otras formando un conjunto y numerosas bombas volcánicas,
piedras en forma de círculo casi perfecto, incluso con
superficie lisa que se han formado debido al enfriamiento en
pleno vuelo antes de caer al suelo.
Justo
en la curva parte un sendero que baja hacia la Pasada del Fraile
en la Pista Arco de Chimoche y otra senda mas estrecha que va
hasta un lugar donde hay varias cabañas de piedra en
ruinas y que siguiéndola por el mismo cauce de un barranquillo
pasa por el Llano de la Rosa y desemboca en la carretera TF-24
en la Choza Juan de Izaña; en el camino me entretengo
un rato para admirar como una pequeña araña, la
araña aculepeira (Aculepeira ceropegia), muy vistosa
teje su telaraña con una paciencia impresionante.
El
camino esta vez se vuelve mas llano y entre Escobones y Retamas
voy llegando a la zona mas árida del recorrido ya que
me voy acercando a los límites del Parque Nacional del
Teide, antes salvando otro cruce a la derecha que es la culminación
del atajo que me encontré casi al principio de la ruta.
En la zona de Montaña Blanca, ya dentro del Parque Nacional,
me encuentro en la Choza de Juan de Izaña y desde ahí
hay un desvío por un estrecho sendero hasta la carretera
TF-24 en el lugar conocido como Piedras del Mal Abrigo donde
empieza la Pista Forestal de Anocheza que va dirección
a Güimar. Si hubiese seguido el recorrido por la pista
forestal, hubiera terminado unos metros mas adelante en El Corral
del Niño, a 2300 metros de altitud, un mirador hacia
el Parque Nacional, y frente a él, cruzando la carretera,
otro mirador hacia los Volcanes de Fasnia, una serie de bocas
eruptivas que tuvo en vilo a la población de Fasnia un
31 de diciembre de 1704.
La
ruta termina en la carretera, un buen lugar para acercarse a
los dos miradores y observar con tranquilidad las panorámicas
que te regala las cumbres de la isla, cerca está el Observatorio
Meteorológico de Izaña, guardián del límpido
cielo que cae sobre la parte más alta de Canarias. El
recorrido de vuelta es evidente; bien por el mismo lugar que
he venido, o mejor por el atajo casi en línea recta,
que he nombrado al principio; los dos son buenas opciones.
De
regreso por la carretera, al pasar por La Crucita un espectáculo
paisajístico sin igual hace que me detenga en un apartadero
y comience a sacar fotos como un loco; es el mar de nubes que
inunda el Pico del Valle desde la parte baja del Valle de Güimar
y contrasta perfectamente con el cielo azul y nítido
que hay en ese preciso momento.
©
Fotos, texto y croquis de Francisco Fariña