PARTE
BAJA DEL BARRANCO DEL RIO
(BCO.
DE LA CHOLA)
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Vista
general del Barranco. A la izquierda croquis que se puede
ampliar
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Domingo
24 de abril de 2005;
estas semanas anteriores he salido a hacer varias rutas suaves
de senderismo y hoy me apetecía cambiar un poco y he quedado
con el grupo para hacer un descenso de barrancos clásico
de la Isla, la parte baja del Barranco del Río
o popularmente llamado Barranco de la Chola
en el municipio de Arico. Es uno de los barrancos
mas extensos de la Isla teniendo su origen en la Degollada
de Guajara en el P.N. del Teide a unos 2.400 metros de
altitud, fluyendo por Montaña Pasajirón,
el Paisaje Lunar y el Paisaje Protegido de
la Corona Forestal, desembocando en la Playa del Río
y sirviendo como límite natural con el municipio de Granadilla.
El descenso lo vamos a hacer a partir del Caserío
de El Río, lugar perteneciente al municipio
que se encuentra al borde de la carretera general. El acceso lo
hacemos desde la salida número 20 de la autopista TF-1
subiendo por la vía que va hacia el caserío propiamente
dicho hasta la carretera C-822, una vez allí tomamos dirección
sur hasta el kilómetro 75 donde hay una señal en
la carretera que indica el Barranco del Río, ese será
el punto de partida de la aventura.
El
municipio de Arico
es un extenso distrito situado en la vertiente sur de la Isla
que se caracteriza por sus núcleos poblacionales dispersos
y por lo árido de sus tierras compuestas principalmente
de pumita volcánica, no siendo esto inconveniente para
que sea uno de los mas importantes en cuanto a cultivos de frutas
y hortalizas se refiere, principalmente tomates para exportación
a la UE. Tiene una extensión de unos 178 km2 con
unos 6.300 habitantes distribuidos principalmente en los núcleos
de Arico el Viejo y Arico el Nuevo junto a otros barrios. Es de
destacar varios lugares de interés natural como El
Monumento Natural de Montaña Centinela, cono volcánico
rodeado de un particular mar de lava, el Parque
Natural de Corona Forestal y ya en la costa, el
Sitio de Interés Científico
del Tabaibal del Poris, de poco más
de 48 hectáreas con un ecosistema de Tabaibas característico
de Canarias.
Aproximadamente
en el kilómetro 55 de la carretera general se encuentra
el Caserío de Icor declarado Bien de Interés
Cultural (BIC) por conservar una arquitectura tradicional canaria
de los siglos XVII y XVIII.
Su
mas importante templo parroquial está situado en el Lomo
de Arico, capitalidad del municipio, donde se erigió, en
la primera mitad del siglo XVIII, la Iglesia de San Juan Bautista,
destacando su portada de cantería de estilo barroco y un
campanario de gran belleza de influencia portuguesa. En su interior
alberga muchas obras de arte religioso y tallas de diverso origen
mereciendo ser declarada Bien de Interés Cultural.
Después
de esta pequeña reseña histórica, vamos a
centrarnos en la aventura que hoy me ha traído aquí
formando equipo con Fran, José Luis, Valentín, Carmen,
Vicky, Lidia, Juanma, Pili y el que suscribe, en un día
que promete divertido ya que el tiempo acompaña, con un
cielo totalmente despejado y una temperatura que ronda los 20
grados.
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Hacia
la primera reunión
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Paramos
en el puente que cruza la carretera para equiparnos con todo el
equipo necesario para el descenso, después de comprobar
que todo está en orden y de hacer la foto de rigor, comenzamos
el itinerario por un sendero que baja desde la calzada hasta el
mismo cauce del barranco; una vez allí la travesía
discurre por terreno arenoso atestado de grandes piedras, ya que
este año ha sido abundantemente lluvioso y el agua ha arrastrado
por el barranco mucho material de derrubio. La vegetación
por este lugar es la clásica de estas zonas áridas
del sur; creciendo por las laderas puedo ver el Cardón
(Euphorbia canariensis), incluso naciendo en los sitios mas inverosímiles
como entre las piedras mas altas y secas, también observo
la Tabaiba (Euphorbia broussonetii), desarrollándose en
terrenos mas normales, acompañado por alguna jara (Cistus
monspeliensis) y muchos Balos (Ploclama pendula), vegetación
ésta que nace entre comunidades de Euphorbias. Al fin llegamos
al primer salto, es de unos 30 metros sin mucha verticalidad,
compuesto por piedra viva de color amarillento dispuestas en forma
de grandes escalones que no le hacen muy dificultoso, aunque los
últimos 10 metros son volados (sin apoyar los pies en la
pared), ponemos la cuerda en simple para bajar de dos en dos.
Seguimos la travesía unos 200 metros entre Balos y Tabaibas
por un cauce de grandes piedras completamente lisas por la acción
del agua caída en invierno. Al fin llegamos al salto mas
alto, el barranco hace un brusco giro a la derecha y la pared
que queda al frente se alza majestuosa dejando pasar apenas un
poco de luz al interior del hueco del cauce, de ella penden, Cardones,
Tuneras (Pencas) y algún Tejo (Erica scoparia), que crecen
entre las paredes de basalto. Hay una cascada seca con pared lisa
no muy vertical de unos 10 metros hasta la reunión, inmediatamente
después el salto mayor del descenso es una pared rocosa
de basalto totalmente vertical de unos 60 metros de altura; mientras
bajo voy observando nuevas vías de escalada abiertas recientemente
ya que los anclajes son nuevos y la pared es idónea para
treparla. Al llegar abajo hay una gran piedra a modo de repisa
para luego hacer un pequeño rapel de unos 7 metros hasta
el mismo cauce del barranco; entre las paredes hay un ancho de
no mas de un metro convirtiéndolo en un barranco muy encajonado;
la roca se vuelve de un color gris y una textura muy lisa, en
el mismo fondo hay varias pozas llenas de agua que aún
no se han evaporado debido a que apenas llega el sol.
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Las
dos paredes del cauce están muy próximas
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En
la pared de la derecha hay una repisa de unos 15 metros con un
pasamano de cuerda por el cual tenemos que llegar hasta un rapel
de unos 10 metros para evitar un gran charco de agua en el fondo.
Seguidamente el barranco abre su cauce para dar paso a una pequeña
travesía por varias curvas, hasta llegar a un pequeño
rapel de unos 7 metros fácil de salvar. A partir de aquí
se suceden varias pozas de agua un poco complicadas de salvar
si no queremos mojarnos los pies y dos tirolinas pequeñas
pero muy divertidas, después de pasarlas encontramos un
sitio ideal para tomarnos un refrigerio, nos hemos divertido mucho,
lo comentamos y las risas son aseguradas, sobre todo en las tirolinas
y en las pozas ya que ninguno queríamos mojarnos, pero
al final alguien siempre acaba en el agua. Este es un descenso
sencillo y divertido, ideal para principiantes ya que no precisa
tener muchos conocimientos técnicos, sólo hacen
falta nociones mínimas con descendedor, un poco de sangre
fría y sobre todo muchas ganas de pasar un buen rato.
Llegamos
al tramo final donde la vertiente vuelve a estrecharse, el agua
caída durante este largo y frío invierno pasado
aún permanece en el fondo a modo de pequeño riachuelo,
teniéndolo que salvarlo inevitablemente mojándonos
las botas. El espacio es tan estrecho que con los brazos a medio
estirar podemos tocar las dos paredes enfrentadas del barranco,
la piedra basáltica gris completamente lisa por la acción
de la erosión hidráulica, incluso en el suelo donde
pisamos, en contraste con la de mas altura sin erosionar y plagada
de todo tipo de vegetación, hace que el paisaje pétreo
sea de lo mas singular.
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Tirolina
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Al
fin llegamos a un pequeño llano donde el barranco se abre
repentinamente dando lugar a laderas más suaves y menos
encajonadas. Precisamente por la vertiente izquierda vemos que
es el mejor sitio para llegar hasta el borde de esta magnifica
ladera, por tanto, entre Verodes (Aeonium canariense), Cardones,
Tabaibas y Balos buscamos el mejor sitio para pasar ya que no
hay ningún camino definido. La subida es dura ya que el
día se ha tornado en caluroso y el sol está justo
encima de nuestras cabezas. Vamos viendo como por la pared contraria
de este magnífico barranco no podíamos acceder porque
la verticalidad es impresionante. Desde aquí podemos admirar
como desde el dorso de las Montañas del Parque Nacional
comienza a serpentear este barranco con sus enormes paredes hasta
llegar, cada vez más suave, hasta el mar.
Llegamos
al coche que dejamos esta mañana en el Caserío del
Río muy cansados por el calor, pero satisfechos por haber
engordado nuestro currículo de descensos haciendo uno de
los clásicos más bellos de la Isla. Ya hemos quedado
para volver en quince días a otra aventura de este tipo
con final gastronómico entre quesito casero de cabra hecho
por Pili, pan de Arafo y unas cañitas al fresquito de alguna
terraza tranquila. Hasta entonces iré narrando esta crónica.
©
Fotos, Texto y Croquis de Francisco Fariña
francisco_farina@yahoo.es