DESCENSO
DEL
BARRANCO DE LOS PORQUEROS
(IGUESTE
DE CANDELARIA)
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Ermita
de la Santísima Trinidad
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Toma
general, al fondo Las Caletillas.
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Domingo
8 de mayo de 2005,
como
habíamos quedado 15 días antes el mismo grupo de
personas que descendimos el barranco del Río, este fin
de semana quedamos en vernos los mismos para realizar el descenso
del Barranco de Los Porqueros en Igueste
de Candelaria. Igueste es un barrio
de unos 1.700 habitantes situado en los altos de Candelaria, entre
los barrancos de Araca y El Fuerte.
En tiempos de guanches fue lugar de pastoreo y refugio
del ganado que se ofrecía a la Virgen de Candelaria, fue
el barrio mas importante de la Villa por su riqueza hidrológica
y agrícola siendo el mas poblado ya que se asentó
en los bordes del antiguo camino que comunicaba la antigua capital,
La Laguna, con el Valle de Güimar. En la parte mas alta hay
caseríos como Pasacola y La
Jiménez donde aún se conserva todo
el encanto de la arquitectura tradicional canaria. Si vamos con
tiempo podemos hacer un alto en el camino para visitar su apacible
plaza donde se erige la Ermita de la Santísima
Trinidad, del siglo XVIII, considerada de interés
histórico, está muy bien conservada ya que fue restaurada
en 1987 y por sus alrededores podemos disfrutar de la tranquilidad
de este lugar.
Siguiendo
por la carretera asfaltada se llega a un cruce a la derecha que
se convierte en una pista de tierra que va hasta Barranco
Hondo pasando por Pasacola y por el núcleo
poblacional de La Mesita en la carretera
TF-4121; continuando por ella y después de pasar el Barranco
de Los Juncos, del cual ya hice una crónica de
su descenso, llegamos a la cabecera del Barranco de Los
Porqueros, Su cauce es evidente, hay un sendero
muy bien definido que llega hasta el cauce entre algunos terrenos
de cultivo abandonados, seguimos bajando por el camino hasta llegar
al Canal de Araya que cruza el barranco encima de un puente de
piedra y cemento. La vegetación aquí se compone
de Vinagreras (Rumex lunaria), Cardonal-Tabaibal compuesto por
Euphorbia canariensis y Euphorbia broussonetii, Balos (Plocama
pendula) y localmente la Corona de la Reina (Gonospermum fruticosum),
junto a otros arbustos comunes como la ratonera (Forsskahlea angustifolia)
y algunos foráneos muy abrasivos como el Rabo de Gato,
que últimamente se ha ido extendiendo por muchos lugares
desplazando muchas veces a la flora autóctona y creando
un grave problema de extinción.
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Volado del rapel mayor
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Penúltimo
rapel
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Sendero
de escape después de la galería
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Último
rapel con dos pequeños volados
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Llegamos
al primer saltadero, es un rapel de unos 10 metros con un pequeño
volado, la pared no es muy estable ya que al estar constituida
por roca volcánica le hace ser vulnerable a caída
de pequeñas piedras, por tanto es conveniente tener un
poco de cuidado para no desprenderlas y perjudicar al que va delante.
Inmediatamente después llegamos a otro rapel de 30 metros
de altura, aquí la roca es basalto muy firme, al principio
la vegetación de vinagreras molesta un poco la bajada dando
lugar luego a la roca lisa del final; la travesía hasta
el próximo salto es de unos 300 metros por el cauce del
barranco, en las paredes podemos observar infinidad de cuevas,
esta es una depresión plagada de ellas, igual que las laderas
de alrededor, habiéndose encontrado en algunas utensilios
de la época de los Guanches, incluso una cueva sepulcral
en la zona conocida como Cuesta de las Tablas, muy cerca de aquí.
La vegetación es muy abundante, incluso invade el camino
por el cauce, hay Tabaibas (Euphorbia broussonetii) que sobrepasan
los dos e incluso tres metros de altura, acompañadas del
molesto arbusto rabo de gato y de Vinagreras. De repente el camino
se corta dando lugar a una gran caída de unos 100 metros,
fraccionados en una reunión amplia en forma de cornisa
a los 60; el paisaje es alucinante, comprende toda la costa del
Valle de Güimar con Las
Caletillas en primer término, comarca perteneciente
a la Villa de Candelaria donde el boom turístico
es palpable, hasta el Malpaís de Güimar,
Reserva Natural Especial perteneciente a la Ciudad del mismo nombre.
José Luis prepara las cuerdas en los anclajes; dos de 60
metros unidas para bajar en simple. Hay que decir que tanto el
Barranco de Los Juncos, que lo tenemos al lado,
como éste que nos ocupa hoy, están perfectamente
bien equipados con anclajes químicos recientes, por lo
tanto la seguridad en estos casos es extrema. Nos decidimos a
bajar en primer lugar Fran y yo, tanto él como un servidor
nos recreamos en lo que hacemos y se nos nota porque vamos comentando
la bajada y disfrutando de lo que nos ofrece aquí los paisajes
áridos del sur de Tenerife. El descendedor se va calentando
con el rozamiento de la cuerda; al llegar al volado el cuerpo
se queda totalmente afirmado en el arnés ya que no hay
posibilidad de apoyar los pies en la pared, solo pendes de una
cuerda y la adrenalina en este punto se dispara, por lo tanto
intentas llegar lo antes posible al suelo. Estamos en una repisa
amplia y larga de pura roca basáltica, 40 metros mas abajo
está el final de este gran saltadero; los compañeros
van bajando poco a poco mientras Fran y yo los vamos asegurando
desde aquí, a medida que llegan van hacia el próximo
anclaje que está a unos 10 metros de donde nos encontramos.
Las
laderas del barranco se van suavizando a medida que la desembocadura
llega al mar, en todo momento no dejamos de ver el magnífico
paisaje que nos ofrece la costa de Las Caletillas
plagada de apartamentos turísticos y el paso de la autopista
TF-1. En las paredes casi verticales del barranco abundan las
cuevas, entre Cardones y Tabaibas, que seguramente sirvieron de
refugio a la población Guanche en épocas anteriores.
A continuación hacemos una travesía de unos 100
metros, donde el barranco hace una pequeña curva hasta
llegar a un salto sencillo de unos 15 metros, inmediatamente después
hay uno de 30 metros, que da lugar a un pequeño encajonamiento
del barranco desde donde podemos ver el impresionante salto completo
que acabamos de hacer. Al llegar abajo, a la izquierda, hay una
escombrera de materiales de extracción de una galería
que está justo en la pared que acabamos de bajar, aún
sale bastante agua de su interior que está canalizada en
un tubo de acero que rompe un poco la armonía natural del
entorno, ya que baja por el cauce mismo del barranco y que nos
servirá precisamente de último anclaje del siguiente
salto de 25 metros con dos pequeños volados.
Desde
aquí hay posibilidad de escape por un sendero que sube
por la vertiente izquierda del barranco ladera arriba que viene
a confluir en la galería, pero nuestra intención
es llegar a la carretera C-822 a la altura de La Cuesta
de las Tablas por lo tanto, a partir de aquí, sube
otro sendero junto a la pared basáltica del lado derecho
que suavemente va descendiendo y abriéndose entre la vegetación
hasta el cauce para llegar a una pista privada y desde allí
hasta la carretera. Ahora nos espera en el pequeño restaurante
de carretera que esta 300 metros mas adelante, un queso fresco
que prometió traer Pili de San Isidro hace quince días
y aunque Valentín y yo nos olvidamos de traer el pan de
Arafo lo acompañamos con el que nos ofrece el camarero,
junto a unas cañitas y unas tapitas de carne de la casa,
que por cierto, estaba para chuparse los dedos. Después
de un buen rato de relajada charla en la terraza, desde donde
se distingue todo el barranco y de llenar nuestros estómagos
con tan deliciosos manjares, nos despedimos con la pena de dejar
este buen momento y esperamos con ansia otra salida con el mismo
grupo de buenos amigos. Ya está en mente otra aventura.
©
Fotos, Texto y Croquis de Francisco Fariña
francisco_farina@yahoo.es