Domingo
27 de noviembre de 2005,
el día amanece despejado y con un poco de frío,
nada comparado con el domingo pasado que estuve por aquí
dispuesto a bajar a Taganana por este sendero,
pero me fue imposible porque pasando la Cueva de la Cruz
de Taganana empezó a llover copiosamente teniéndome
que refugiar durante una media hora en la cueva y volverme de
regreso al coche inmediatamente. Hoy el clima está ideal,
característico del Macizo de Anaga, húmedo, frío,
y con la ventaja de que está el cielo despejado para
así poder observar en todo su esplendor el Valle
de Taganana.
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Parte
del camino, entre fayas y brezos
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En
el kilómetro 17 aproximadamente de la carretera TF-1123,
y después de pasar el caserío de Casas de
la Cumbre, hay una casa forestal desde donde parten
varias rutas por el Macizo, una es la de Valle Brosque,
otra la de Afur por la pista forestal y la que
voy a hacer, que se denomina Camino de Las Vueltas de
Taganana. Es un camino real construido en el siglo XVI
a partir de una antigua senda hecha por los guanches. La historia
dice que BENEHARO I, el hijo de TINERFE, último Mencey
de Tenerife, fue el que heredó tierras en el Reino de
Anaga y el conquistador Alonso Fernández de Lugo el que
las repartió después de la conquista. Éste
último fundó en el año 1501 el primer asentamiento
del lugar, Taganana, por ser fértil en
pastos y rico en agua. Los caminos se acondicionaron para la
mejor comunicación de los pueblos y caseríos del
lugar con La Laguna que era la capital de la Isla
en ese momento y se utilizaron principalmente para el trasiego
de mercancías y de productos agrícolas para abastecer
los mercados de la ciudad. Lo transitaban gangocheras (mediadoras
de productos del campo entre el productor y el consumidor),
carboneras (vendedoras de carbón para leña)
y todas las personas que tenían que ir a la ciudad a
hacer las gestiones administrativas cotidianas.
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La
humedad provoca el nacimiento de muchas setas.
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El
itinerario comienza en la trasera de la casa forestal que está
en la carretera, es fácil de localizar ya que está
pintada de un color rojo teja muy llamativo, la entrada a la
senda está delimitada por un muro de piedra junto a una
fuente donde poder recoger agua y una señal indicadora
de madera con un croquis de la ruta; en cuanto a la vegetación
llama la atención numerosos arbustos de Magarzas (Argyranthemum
broussonetii), alguna cerraja (Sonchus congestus) y helecheras
o pijarales. Lo inicio en suave ascenso por unas escaleras talladas
en el suelo entre Tejos (Erica scoparia) y Fayas (Myrica faya)
hasta después de unos minutos llegar a la Cueva
de la Cruz de Taganana, un pequeño llano donde
se alza, entre Yedra Canaria (Hedera canariensis), una construcción
en forma de cueva que se usaba como lugar de descanso y refugio
de los que transitaban el camino. Los mas viejos del lugar cuentan
que también se empleaba como lugar de pernocta de las
comitivas fúnebres que iban a enterrar a los difuntos
a Santa Cruz. A la derecha de la cueva se interna entre la laurisilva
un pequeño camino estrecho que en unos minutos nos lleva
a la Cruz de Taganana, mirador natural que mira
hacia el Monte de las Vueltas. Evitando ese pequeño
desvío, el camino se torna en un agradable paseo por
una zona llana donde reparo en dos huecos tallados en el suelo
a modo de bebederos para animales que han aprovechado la humedad
de las escorrentías del monte y se han llenado de agua.
El llaneo se convierte en un suave descenso entre Tejos, Helecheras
y Fayas, hay mucha humedad y a veces el camino se vuelve resbaladizo,
incluso me topo con algún árbol caído debido
a la inestabilidad de los terraplenes que se elevan a los lados
de la senda. Encuentro a la izquierda un mojón de cemento
y una desviación descendente que va dirección
a La Cumbrecilla y al caserío de Afur,
la evito y sigo el camino original cada vez más
inclinado y encajonado, donde las helecheras lo invaden incluso
en algunos tramos tapándolo y los líquenes tapizando
las paredes que lo bordean. Después de encontrar uno
de los primeros tramos empedrados, en una curva a la derecha,
está el Llano de las Vueltas por donde
se introduce entre grandes ejemplares de Hijas (Prunus lusitanica),
Tilos (Ocotea foetens) y Laureles (Laurus azorica) una pequeña
senda que termina en un mirador natural desde donde se observa
la costa norte de Anaga. La bajada es pronunciada y las curvas
o vueltas del sendero muy numerosas, de ahí el nombre
de la ruta; según dicen el número de vueltas coincide
con el número de días que tiene el año,
la verdad es que no lo comprobé pero no estaría
mal hacerlo por curiosidad.
A
partir de aquí, me voy encontrando muchos tramos empedrados
bastante bien conservados, observo un gran pitón de piedra
que baja por la ladera derecha cubierto de Bejeques (Aeonium
ciliatum) y Helecheras, también hay localmente Campanillas
(Canarina canariensis) aún sin florecer. Es una zona
de grandes tramos pavimentados y donde abundan grandes piedras
en torno al camino, alguna de ellas es la Piedra de las
Medias Vueltas, llamada así porque es el lugar
que indica la mitad del recorrido. Curiosamente en mitad del
sendero ha nacido una pareja de hongos, me paro un rato a observar
y a fotografiar este espectáculo, aunque no sepa identificar
la especie porque el mundo de las setas es un poco complicado.
La vegetación es cada vez mas seca a medida que voy dejando
el monte, aunque los Laureles son muy numerosos, junto a Brezos
y Cerrajas (Sonchus acaulis). A los lados del camino comienzan
a bajar varios barranquillos que desembocarán en el Barranco
de la Iglesia y éste a su vez en la costa del
Roque de las Bodegas. Doy una gran curva en la
cabecera de uno de estas depresiones donde grandes Laureles,
Tilos y Marmulanes (Sideroxylon marmulano) son los protagonistas,
siempre sobre un sotobosque de hojarasca muy húmedo acompañado
de Culantrillos (Pimpinella anagodendron), Helechos y otras
plantas. Comienzo a ver las primeras parcelas cultivadas, se
trata de huertas abancaladas y bien mimetizados en el terreno,
algunas con pequeños cuartitos de aperos hechos de piedra.
Justo al salir del monte y después de bordear una gran
piedra, hay una señora muy amable que azufra dos huertitas
de papas que tiene plantadas, me pregunta si Las Vueltas están
húmedas, se refiere al Monte de Las Vueltas, a partir
de ahí entablamos una breve pero agradable conversación
sobre el tiempo.
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Las
primeras vistas de Taganana
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Llegando
al Barrio de Los Naranjos
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Camino
de Portugal
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Plaza
de Ntra. Sra. de las Nieves
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Sigo
mi camino por la senda hasta parar en un lugar conocido como
La Asomada de la Virgen, llano delimitado por
troncos clavados en el suelo a modo de señalización
y una indicación de hierro del Monte de Las Vueltas;
desde aquí hay panorámicas espectaculares del
Roque de las Ánimas, del Roque de
Enmedio y del de Amogoje, así como
de las primeras casas de campo y del núcleo urbano de
Taganana. A la izquierda se eleva el Risco
de Guayosa, una formación rocosa compuesta de
miles de piedras apiladas y compactadas entre si creando una
enorme muralla que separa el Valle de Taganana del de Afur;
de aquí se extrajeron la mayoría de las piedras
para adoquinar el camino; también el Roque del
Fraile destaca por su inmensa altura. El sendero continúa
en suave descenso entre las paredes de piedra de las huertas
y fincas colindantes plantadas de papas, parras y árboles
frutales; está perfectamente adoquinado con la piedra
original y la vegetación fluye por los lados; puedo ver
Helechos, Zarzas (Rubus bollei), Vinagreras (Rumex lunaria),
Piteras, Pencones y Tejos (Erica scoparia) y en las zonas mas
cercanas al pueblo bastantes ejemplares de Palmera Canaria (Phoenix
canariensis) y algún ejemplar aislado y de buen porte
de Drago (Dracaena draco), aunque en el Roque de las Ánimas
esté su población en plena naturaleza. Mis pasos
me llevan entre este paisaje eminentemente agrícola formado
por tierras de cultivo y casitas de campo muy viejas, acercándome
cada vez mas a uno de los barrios donde se desarrolló
Taganana, hasta toparme con un cruce a la izquierda que, por
las faldas del Risco de Guayosa, va hacia Afur
pasando por La Cumbrecilla. Un camino recién
recuperado con adoquines nuevos, entre Pencones, Vinagreras
y demás plantas y una señal de hierro que dice
Taganana, me da la bienvenida al Barrio de Los Naranjos;
sus casitas pequeñas de tejas, algunas abandonadas y
luciendo en sus tejados plantas de Bejeques (Aeonium ciliatum),
su abundante palmeral y su tranquilidad son la nota predominante
en este lugar, incluso una fuente estratégicamente colocada
en el camino invita a beber un trago de agua fresca. Esta calle
desemboca en la carretera que en unos 200 metros me lleva al
Camino de Portugal, lugar original a partir del
cual se fundó el pueblo de Taganana, y
según dicen fue el primer asentamiento humano de Canarias.
Es
una gran cuesta empedrada que da varias curvas, donde la arquitectura
tradicional canaria compuesta de piedra y cal brilla por su
presencia. Sus casas están prácticamente todas
reformadas y el entorno es envidiable en limpieza y cuidado,
así como el silencio y sosiego es la sensación
predominante. Las vistas hacia la costa comprenden el Roque
de las Ánimas y el Roque de Enmedio
y a mis espaldas las caprichosas formas del Roque del
Fraile y Las Monjas y el impresionante
y denso Monte de las Vueltas. La cuesta acaba
donde hay un gran Drago (Dracaena draco) al lado de una casa,
en la calle que va a la Plaza de Nuestra Señora
de Las Nieves, donde está la Iglesia del mismo
nombre y la Ermita de Santa Catalina, actualmente
en restauración y declarada Bien de Interés Cultural
(BIC) con categoría de monumento, fue edificada en 1621
y destaca su arco de medio punto de toba roja con el escudo
tallado de San Pedro en la puerta de entrada.
Respecto
a la Iglesia de las Nieves, destaca por ser una
de las más antiguas de Canarias, ya que se oficiaban
allí cultos desde 1505. Consta de tres naves separadas
por arcos de medio punto y donde merece la atención los
tesoros religiosos que en ella se albergan, como el Tríptico
de la Natividad, tablas flamencas del siglo XVI, la
imagen de la Virgen de las Nieves, del mismo siglo;
y varias imágenes procedentes del naufragio de un barco
francés llamado "El Flachat", como el Cristo
Crucificado. Rodeando la plaza de la Iglesia se dispersa
un precioso pueblo con casitas al mas puro estilo arquitectónico
canario, vale la pena recorrer cada una de sus estrechas calles
empedradas para sentirse en un lugar realmente mágico
y tranquilo, así como sentarse un rato en los bancos
de la pequeña plaza a la sombra de los Laureles de Indias
y si se encuentra alguna de las pequeñas ventitas que
ofrecen lo mejor de la zona, mucho mejor aún.
Después
de curiosear, descansar y observar un poco la vida tranquila
de este pueblo, decido volver por los mismos lugares por los
que he venido hasta aquí; el Camino de Portugal
es ahora de fuerte subida, teniendo frente a mi el Roque
del Fraile y de Las Monjas y el Monte
de Las Vueltas; a la derecha el Risco Guayosa
y el camino que sube por la Degollada de La Cumbrecilla
hasta el punto de partida; podría ir por ahí haciendo
el recorrido circular, pero me apetece volver por el Monte
de Las Vueltas para recorrer otra vez su frágil
y bello ecosistema.
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Bicacaro
(Canarina canariensis)
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Palomera
(Senecio tussilaginis)
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Una
vez dentro del monte descubro un Bicácaro (Canarina canariensis)
están empezando la floración en esta época
y no muy lejos, la Palomera (Senecio tussilaginis) con su flor
malva muy llamativa. Dejo atrás el espectacular paisaje
del Roque de las Ánimas y me adentro en
lo más profundo del monte, esta vez el camino es con
fuerte ascenso, por lo tanto, después de una hora y media,
llego algo cansado a La Cruz de Taganana; un breve
descanso para recuperar fuerzas y en cinco minutos estoy en
el coche preparado para regresar a casa. Es un placer volver
a recorrer los caminos con historia de Anaga.