CASCADA
DE AGULO
(LA GOMERA)
Domingo
19 de junio de 2003,
hoy toca aventura en la Isla de La Gomera; un descenso
de una cascada seca de unos 200 metros de altura en el término
municipal de Agulo, al norte de la Isla http://www.agulo.net,
uno de los municipios mas pequeños, situado a una altitud
de 260 metros sobre el nivel del mar en una gran depresión
con alturas de mas de 300 metros. Tiene unos 27 km2
de extensión y está poblado por unos 1250 habitantes
que le hacen ser uno de los más bellos lugares de la isla.
Fundado en el siglo XVII, destaca por sus calles perfectamente
cuidadas y empedradas conservando el encanto de los pequeños
pueblos tradicionales canarios. Aquí se celebra en el mes
de abril una fiesta con sabor tradicional, es la Fiesta del Fuego
en honor a San Marcos y consiste en que los jóvenes del
pueblo hacen hogueras de madera de Sabina (Juniperus phoenicea)
alrededor de la plaza y sacan al Santo en procesión para
ofrecerle sus cantos y saltos sobre el fuego. El pueblo alberga
la Iglesia de San Marcos Evangelista, fundada en
1739, pero reformada a partir de 1911 en su totalidad por su estado
precario por todos los vecinos del pueblo sin cobrar ningún
tipo de salario. Destaca su cubierta de formas semicirculares
y en el interior un cáliz de plata regalado por Alfonso
XIII.
Quedamos
en vernos a las 7,00 hs. de la mañana en el Puerto de Los
Cristianos en Tenerife, desde donde sale el Ferry hacia La Gomera
a las 8,30 hs. y que en poco menos de una hora nos desembarcará
en la Isla. La travesía es tranquila y el mar está
completamente calmado, aunque llegando al puerto de destino se
levanta algo de viento y las nubes cubren las cumbres del Parque
Nacional de Garajonay. En el puerto nos esperan Jose Luis,
Vicky y su novio; desembarcamos en el furgón de Fran, Lydia,
Pili, Consuelo, Manolo, Valentín y yo. Después de
los saludos nos repartimos en dos coches y partimos rumbo a la
aventura. Saliendo de San Sebastián de La Gomera
por la carretera TF-711 dirección a Vallehermoso
y durante unos 10 kilómetros, llegamos al cruce con el
Caserío de El Cedro para tomar a la derecha
y después de un sinuoso recorrido descendente por el Valle
de Hermigua plagado de cañaverales
en los cauces de profundos barrancos y palmerales a las orillas
de varias presas cubiertas de agua, hasta hacer travesía
por el municipio de Hermigua www.villadehermigua.com
para llegar a las afueras del casco urbano de Agulo y parar en
un pequeño pero coqueto bar donde preparamos la salida
después de tomarnos un café y un bocadillo. Hermigua
es un pequeño pueblo unos 40 km2 de extensión
enclavado en el Valle del mismo nombre y por donde suben los vientos
alisios llenos de humedad hasta el Parque Nacional. Se distribuye
en diversos barrios como El Cedro en los límites
del Parque Nacional de Garajonay;
Los Aceviños, en las medianías y ya
en la costa, el barrio de Santa Catalina en la desembocadura
del Barranco de Hermigua, donde se encuentra una de las playas
mas importantes de la isla y contigua está la Playa
de La Caleta donde se puede practicar nudismo y donde
hay un pequeño bar para saborear comida típica gomera.
Con respecto al patrimonio cultural destaca la Iglesia y
el Convento de Santo Domingo de 1515 y la Iglesia
de La Encarnación, del año
1650. También hay un museo etnográfico y en la costa
un antiguo pescante construido en 1890 que se utilizó para
la estiba de plátanos de exportación.
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Haciendo
el taladro
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Cascada
de Agulo
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Una
higuera chumba (tunera)
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Después
de pasar por estos pintorescos pueblos nos dirigimos a Las
Rosas, donde está enclavado el Centro de
Visitantes Juego de Bolas del Parque Nacional de Garajonay,
para desde allí tomar la estrecha carretera asfaltada que
rodea la base de Cañada Grande (791 m.) hasta
la Presa de La Palmita que está en esta época
del año con casi un 100% de agua. Aquí dejamos el
coche y comenzamos a equiparnos para el descenso, recorremos un
gran conducto que sirve de desahogo de la presa, para luego enlazar
con el Camino de los Pasos, sendero que baja en
sinuoso y descendente desnivel hacia el Municipio de Agulo. Antes
de este gran desnivel hay un mirador natural vallado con madera
desde donde las vistas del pueblo son impresionantes, frente nuestro
cae en picado una gran cascada de unos 200 metros de altura, la
verdad es que viendo este espectáculo paisajístico
a uno no le dan ganas de moverse de aquí. La vista de la
cascada ya nos pone algo nerviosos en pensar por donde vamos a
bajar; nos acomodamos y mantenemos una charla relajada mientras
Manolo y José Luis van preparando con el taladro los nuevos
anclajes que tenemos que poner. La vegetación por aquí
está compuesta por Tabaibas (Euphorbia broussonetti) y
(Euphorbia bravoana); Palmeras (Phoenix canariensis) sobre todo
alrededor de la presa; una especie de Cerraja poco común
(Sonchus gonzalezpadronii); la Pata de Conejo (Silene bourgaeii),
también escasa; el Verode (Aeonium viscatum), muy común
localmente; alguna Sabina (Juniperus canariensis) y muchas más.
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Manolo
y Fran hacia la aventura
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Estos
riscos de La Gomera están llenos de endemismos difíciles
de ver en otros lugares de Canarias, es una de las características
de esta preciosa Isla; aún le quedan lugares casi vírgenes
donde poder descubrir la naturaleza en estado puro. Por fin, Manolo
y José Luis, los mas experimentados del grupo, han instalado
los anclajes con dos cuerdas de 60 metros y nos disponemos a bajar,
en primer lugar lo hacen el propio Manolo y Fran la pared está
cubierta de mucha vegetación con arbustos que dificulta
un poco la bajada, a duras penas van progresando hasta llegar
a la reunión, Avisan por el walky que no está en
buenas condiciones y Fran casi no ha podido alcanzarla porque
la cuerda no llegaba. Gracias a que Manolo tenía un descendedor
de emergencia, se lo pasó a Fran y éste cambió
de cuerda pudiendo al fin llegar hasta la reunión.
La
decisión de que no baje el grupo es inminente, sólo
bajará uno para llevar el taladro y asegurar las reuniones
en mal estado. Después de varios titubeos con José
Luis, decido bajar yo con el material, aunque la duda y los nervios
me están haciendo soltar doble cantidad de adrenalina.
Comienzo a descender en doble, cuesta un poco porque la cuerda
pesa mucho y hay muchos arbustos, pero al fin llego a una pequeña
repisa donde Manolo me hace hueco, me aseguro bien para comenzar
a soltar las cuerdas, Manolo baja unos metros a otra repisa y
Fran se va para abajo con la incertidumbre de no encontrar la
siguiente reunión que creemos que está a 60 metros.
Pasados unos minutos interminables avisa de que ha llegado, le
tiramos cuerda para que la vaya preparando abajo, mientras Manolo
se dispone para seguir sus pasos. Yo me quedo aquí para
recoger esta reunión; la verdad es que estar aquí
solo, prácticamente colgado durante una media hora da un
poco de repelús, pero dicen que "sarna con gusto
no pica".
Han
llegado a la siguiente, está compuesta por una cadena en
uve y dos chapas, aunque algo oxidada la han asegurado con el
taladro poniéndole anclajes nuevos y me avisan para lanzarle
las cuerdas, después voy recogiendo y me preparo para acompañarles
en la siguiente, 60 metros mas abajo. Las cuerdas pesan mucho
porque están colgadas en el vacío y hay que hacer
fuerza para rapelar, con el consiguiente desgaste físico
que conlleva. Bajando poco a poco con precaución de no
desplazar ninguna piedra ya que los compañeros están
debajo, consigo reunirme con Fran que me invita a un trago de
bebida isotónica, estamos cansados por el esfuerzo y los
nervios, pero hasta ahora va todo bien. Los demás están
bajando hacia la carretera por el Camino de los Pasos,
los vemos cuando llegan a la base de la cascada, en la carretera,
y nos gritan dándonos ánimos. Ya hemos descendido
120 metros y nos quedan unos 80. La próxima reunión,
55 metros más abajo, es completamente expuesta, esta en
roca basáltica muy segura compuesta por dos anclajes con
tornillos de expansión y cáncamos. Seguimos el orden
de descenso, primero Fran, luego Manolo y yo el último
para recoger, aunque cansados vamos a buen ritmo; desde la última
reunión al final de la cascada hay unos 20 metros, Fran
ha concluido y nos avisa y da ánimos, Manolo es el siguiente
en bajar y luego yo. Por fin estamos en tierra firme, mirando
arriba parece mentira donde hemos estado, a pesar del cansancio
y los nervios ha valido la pena. Llegamos a un gran terreno húmedo
y pantanoso con un fabuloso ejemplar de Laurel (Laurus azorica),
rodeado de Brezos (Erica arborea), muchas Zarzas (Rubus bollei)
y un pequeño cañaveral rodeando el cauce por donde
desahoga el barranco. Hay un camino de escape hacia la izquierda,
podríamos ir por ahí hasta la carretera, pero los
demás han llegado hasta aquí para acompañarnos
en el último salto de unos 60 metros compuesto de roca
completamente lisa por la erosión continua del agua, la
cual a veces es molesta al rapelar. En la pared cuelgan abundantes
Culantrillos (Pimpinella junoniae) y alguna solitaria Malfurada
(Hypericum grandifolium). Después de un recorrido por el
cauce muy resbaladizo del barranquillo, damos con un sendero que
a veces se pierde entre la molesta vegetación y otras se
cruza con terrenos de cultivo abandonados llegando por fin a la
carretera donde nos espera José Luis con el furgón.
Cansados, sin apenas comer y algo deshidratados nos quitamos por
fin los arneses y todo el material y nos cambiamos en plena carretera
para, sin demora, parar en algún sitio a comer algo porque
el Ferry no espera. En la carretera que une Hermigua con San Sebastián,
guarecida por ambos lados por enormes barrancos y altísimos
roques y a unos 15 minutos del puerto, paramos en una venta a
comer algo y descansar un poco. Tras una animada charla disertando
la gran aventura vivida en Agulo y acompañada con unos
pinchitos de tortilla, queso de la tierra y carne de cerdo con
papitas fritas, nos disponemos a partir hacia el muelle de embarque
y dejar estas maravillosas tierras de La Gomera con el deseo de
volver en breve.
©
Fotos, texto y croquis de Francisco Fariña
francisco_farina@yahoo.es
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El
grupo que hizo el descenso
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