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SAMITIER: Me piden desde "ANDARINES" una colaboración sobre en el tema que desarrollo en mi página web dedicada al arte románico en Aragón, y es para mí un placer recomendar un bello sitio que aúna cultura, senderismo e inolvidables paisajes cargados de historia. Recomiendo
encarecidamente la visita al conjunto religioso-militar de Samitier,
uno de los más antiguos del Sobrarbe. Su edificación se remonta a la época en que comenzaba la reconquista del solar aragonés. Mandada construir entre 1030 y 1050 por el primer Rey de Aragón, Ramiro I, aúna como tantas otras que vinieron después, cruz y espada. Obra comenzada por maestros lombardos y acabada quizá por los propios monjes. Planta basilical de tres naves rematadas en sendos ábsides. Nos sorprende por su rotunda sencillez y eficacia. Aquellos monjes-soldado que fueron extremadura del reino y avanzadilla del mismo "contra el infiel", constituyeron un preludio de las órdenes militares que tanto dieron que hablar, y siguen haciendolo, en la épica medieval.
El acceso a la misma no es duro. Para llegar al pueblo, desde Huesca, hay que tomar la N-240 hasta Barbastro; y aquí, remontar el eje del Cinca en dirección a L´Ainsa. Río Cinca represado en dos grandes embalses: El Grado, bello lago artificial, a mayor gloria de la obra, y Mediano, tumba hídrica de antiguo pueblo sacrificado en aras de quienes vivimos en el llano. Entre ambos pantanos, un estrecho desfiladero llamado aquí "el entremón del Cinca"; y en lo más alto del mismo, la construcción dedicada a los Santos-médicos San Emeterio y San Celedonio. Del término "San Emeterio", deriva el nombre de Samitier. El pueblo
está a la vera de la carretera. Se deja el coche detrás
de la iglesia, y desde allí, una pista en buen estado nos permite
ascender en unos 30 minutos al lugar descrito. He visitado y fotografiado muchas fortalezas románicas en las que la iglesia forma parte del propio recinto amurallado; siendo sus ábsides verdaderos cubos de muralla del mismo; pero en ninguna otra como en Samitier se aprecia tanto esta "protección" física y espiritual: es la propia iglesia, construida de través sobre el espolón, la que corta el paso hacia el menguado recinto y la torre-donjón de su extremo. Asomarse desde el interior de la torre defensiva, a través de su arruinado lienzo noreste, es una experiencia inolvidable. Abajo, en vertical, a unos 400 m, la garganta del "entremón"; hacia el norte, el embalse de Mediano, del que asoma triste la torre-campanario del pueblo sumergido por las aguas. De telón de fondo la Peña Montañesa y el macizo del Monte Perdido. Si nos volvemos hacia el sur: dominamos el pantano de El Grado, en cuya margen izquierda se alza solemne el Santuario de Torreciudad. Si se recorre esta zona, es obligada la visita a la torre-donjón de Abizanda; perfectamente conservada y restaurada, así como un detenido recorrido por la localidad de Ainsa, con su plaza porticada y la bella iglesia románica de Santa María, cuya torre fue paradigma para todas las demás de esta bonita comarca. ©
Antonio García Omedes octubre 2002 |
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