Experiencia
viajera
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La ducha guay!
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Me
dijeron, cuidado con las duchas, pues dadas las circunstancias,
es fácil acatarrarse.
Y así
fue. Desde la última ducha que me di, estoy acatarrada, moqueo,
me duele la garganta,...
Total,
que ya no me ducho más hasta que baje altura y haga más calorcito.
TERAPIA
EN EL CAMINO
Hoy
en el camino, he hecho algo de terapia, Raquel no se encuentra
bien, echa de menos España, su casa, su familia.
Que
difícil es estar contigo mismo y / o con tu pareja cuando las condiciones
no son las habituales e incluso son estresantes.
En España
muchas veces solo sobrevivimos, vamos, venimos, curramos, hacemos
esto, lo otro, pero no estamos con nosotros mismos y claro, menos
con los de al lado. Y en un viaje lejos de casa, fuera de la rutina
diaria que nos organiza la vida, pues te puede revolver.
Cuesta
superar nuestros miedos y hacer que no nos priven de vivir lo que
nos ilusiona. Afortunadamente, se suele conseguir e incluso nos
fortalece.
Al final,
después de hablar varias veces con ella, te das cuentas, que de
lo único que se trata, es que aunque los dos son escaladores y les
gusta todo esto y tienen buena forma física; en este tipo de viajes,
es importante la forma de vivir lo que te rodea, y para esto es
fundamental la experiencia, se va aprendiendo con el paso de los
años, poco a poco. De momento, él está pasándolo mal y no ha podido
hacer el KALAPATAR, la ilusión de su vida.
Yo creo
que la he ayudado, escuchándola e intentando aportarla un poquito
de mi experiencia vivida en los viajes, para algo bueno me tenía
que servir mis añitos.
A veces
es difícil un minuto de intimidad, y se necesita en ciertos momentos.
Menos
mal que ahora tengo 1 habitación para mi sola, y puedo estar un
rato tranqui, aunque con el frío de la habitación no se puede
hacer mucho. Hoy no sé ni si me ducharé en seco, con mis toallitas
varias.
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La subida
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SUBIDA
NOCTURNA
Hoy
ha habido una anécdota. Dado que yo voy muy cansada, cuando los
porteadores llegan al destino, que llegan mucho antes que nosotros,
uno de ellos baja a por mi, releva a Lhapka y me suele coger la
mochila, para suavizar el ultimo tramo de subida del día.
Pues
bien, hoy era mas tarde de lo normal, y pasa que se estaba haciendo
ya de noche, y yo estaba ya deseando de llegar, porque de noche
no me gusta caminar e iba muy cansada.
La sorpresa
es que cuando llegamos arriba, ya de noche, no hay nadie. Nos señalan
un monte que hay enfrente y nos dicen que se han ido por ahí, que
arriba como a 1 hora hay otro lodge.
El serpa
me explica que no tenia buenas condiciones este lodge y han decidido
irse a otro.
Yo
no me lo puedo creer. Una hora mas, de noche, todo hacia arriba
y hay que pasar un río que esta en medio. Le pregunto si conoce
el camino y me dice que no, pero que no hay problema que es ahí
enfrente y que allí están todos. Pega como un grito o silbido
y le contestan de enfrente, dice que es Lhapka, que le ve (esta
forma de comunicarse con silbidos me recuerda a La Gomera que
hacen lo mismo).
Yo
no veo nada, solo oscuridad y una pared muy empinada enfrente.
A mal
tiempo, buena cara, hay que moverse y cuanto antes. Mi mejor y única
baza es el. Le pregunto si tiene luz y me dice que no. Menos mal
que siempre llevo el frontal conmigo. Lo cojo y me lo pongo y le
digo que pase delante mío, porque yo no se donde ni como ir. Y me
pongo en sus manos.
El río
es muy amplio y hay que pasarlo varias veces. En mitad de una de
ellas aparece Nani, uno de los porteadores jóvenes, que en cuanto
ha llegado arriba Lhapka le ha mandado abajo en su frontal. Aquí
nadie lleva ni tiene linternas. El nos guía delante y el serpa pasa
detrás mío. Van muy pendientes de mi, luego me dicen que es que
había hielo en las piedras del río y te resbalabas.
El caso
es que pasamos el río y subimos, yo solo veo los pies de Nani, que
le tengo que parar continuamente, pues anda muy deprisa.
A mitad
de la subida llega Lhapka corriendo y mirándome los pies, le tranquilizo,
bueno la verdad, es que primero le digo que cuando suba le voy a
matar por esta. Nos echamos unas risas y continuamos.
Cuando
llegamos arriba Fernando esta en la puerta expectante a ver si llegábamos.
Es un cielo porque no lo se le nota, pero esta pendiente de todo,
a veces tengo la sensación de que me protege.
Ya
esta encargada la cena con lo que me cambio enseguida y ¡a cenar!
Luego nos echamos risas con esto. Al día siguiente me asomo y
menos mal que no veía, porque vaya pendiente que había.
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