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Hacia
Lobuche
Lobuche
es el sitio del que ya se parte hacia la cumbre del Kalapatar enfrente
del Everest. Lobuche está a 4.950 metros y la subida hasta aquí
desde Periche a 4.250 tiene un trozo fuerte.
Yo
encima empiezo el día andando muy mal, me costaba coger el ritmo,
aunque al final lo he conseguido.
La
subida fuerte era un cuello de botella,
mucha gente subíamos por la morrena, por el caminito de piedras,
muy despacito.
Los
serpas te ayudan un montón, me dicen que ando bien, que siga, que
vaya a mi ritmo, despacio, pero se nota ya la altura. A mí, la verdad
es que me da apuro, por el grupo que siempre me tiene que esperar
y por el serpa que le toca quedarse atrás conmigo, pero por otro
lado, no puedo hacer nada, es lo que hay.
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Foto en el monumento.
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Llegamos
al Monumento a los Caídos en el Everest, una planicie en la que
hay multitud de pequeños montones de piedra que recuerdan a todos
los que dejaron su vida en el Everest.
LOBUCHE
Ya estoy
en Lobuche, a 4.950 metros y ¡estoy bien!
Dicen
que aquí tenemos un 50% menos de oxigeno en el aire. A veces, hasta
andando en plano, me parece que me falta aire al respirar y se me
acelera el corazón. Y si estoy subiendo, ya no puedo, tengo que
ir súper-despacio.
Ramón
se encuentra cada vez peor, y a todos les duele hoy la cabeza. A
mí me duelen las cervicales y yo creía que era de la mochila y del
frío que he pasado todo el camino, hacia un viento helado que me
daba por detrás, definitivamente me tomo otro ibuprofeno.
Más
tarde me di cuenta que todos teníamos los síntomas propios de la
altura, y yo en cuanto fui consciente empecé a tomar lo que recomendaba
Enrique, al primer síntoma de cualquier tipo de dolor, fiorinal
con codeína.
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En el refugio.
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NOCHE
EN REFUGIO
En
Lobuche dormimos en un refugio grande. El único sitio que quedaba
para dormir era en literas en habitaciones grandes, esta noche compartimos
todo el grupo el dormitorio y aún con más gente que no conocemos.
El espacio es todavía más reducido que en otras ocasiones, ya que
solo tenemos el trocito que te corresponde de litera y poco más.
Aquí
hay mucha gente y por la noche, en la sala común, no hay suficiente
espacio para todos alrededor de la estufa. Formamos un cuadro curioso,
todo el mundo está vestido de arriba abajo, con guantes y gorros
inclusive, y con los frontales alumbramos para leer o escribir.
Yo me tomo más de una infusión para ver si entro en calor y en cuanto
ceno me voy al saco. Mañana nos levantamos a las 3.30h para empezar
la subida.
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