Si no ves la barras de navegación puedes ir al
inicio de andarines
¿quieres participar en nuestras excursiones y actividades?
cuadernos para andarines
¿los conoces?

El Everest desde Kalapatar

Introducción

Octubre 2004

...
 
Katmandú

Cuando me quiero referir a algo grande, importante, que cuesta un gran esfuerzo, suelo decir: "como si hubiera ido al Himalaya".

Siempre ha sido para mi algo mítico, que nunca haría, ambivalente, de querer hacerlo por maravilloso, inaccesible y misterioso, y de miedo a no poder o querer hacerlo al mismo tiempo, por lejano, por dificultoso, demasiada montaña,...

Yo empecé a andar por esos campos con los 30 años ya cumplidos. Antes de esto, ni siquiera era para mi, ni mi entorno, ni mi estilo de vida en esos momentos, planteable estas cosas. Recuerdo que estuve en Austria una vez, cuando yo tenia veintitantos años, eso si en tienda de campaña por aquello de la economía, y veía a gente que llegaba en coche a los sitios como yo, solo que para mi era el final y para ellos parecía el comienzo de algo, pues se cambiaban de ropajes, se ponían cosas raras en las piernas y se iban andando. Siempre me pareció un misterio, ¿a donde irían? ¿Qué verían? ¡Que aventura inalcanzable para mí!

Con el paso del tiempo, he tenido la suerte de encontrar en mi mismo camino amigos, que me han permitido que todo esto pareciera cada vez más alcanzable y apetecible a la vez, impregnándome de su amor hacia las montañas y la naturaleza. 

Por si no fuera poco, además, este año el destino me ha permitido conocer a la persona, que me decidió a hacerlo, Alberto. Mientras nos guiaba a un grupo por el Antiatlas en Marruecos, comentó que iba a preparar este año un treking al Everest, y lo que es más, ¡que yo podría hacerlo si quería!

Se me pusieron los pelos de punta, allí me encontraba en mitad de un cañón maravilloso, durmiendo en un pueblo berebere, viendo las estrellas y resultaba ¡que también podía ir al Himalaya!    

Pues bien, dado que ya me estoy haciendo mayor, creo que es el momento de hacerlo y allá me fui. Aunque no con Alberto, ya que lo dejó para otro año, y eso si, tuvo la gentileza de ponerme en contacto con un amigo suyo, Enrique, que fue quien dirigió mis pasos hacia Katmandú.

 

Las fotografías que acompañan estas crónicas
son de la autora y de sus comapñeros Fernando, Eduardo, Raquel, Francesc, Ramón y Pilar.